El Correo

¿Por qué las feministas queman sujetadores?

'Una mujer exhibe un sostén frente a una multitud.
'Una mujer exhibe un sostén frente a una multitud.
  • Sucedió, o mejor dicho, no sucedió, en una protesta de mujeres en 1968 contra la elección de Miss América

El 7 de septiembre de 1968, un grupo formado por medio millar de mujeres decidió protestar y manifestarse a favor de la liberación femenina en el marco de la elección de Miss América en New Jersey, Estados Unidos. Lideradas por el colectivo Mujeres radicales de Nueva York, se instalaron en el malecón de Atlantic City. En su mayoría eran féminas de mediana edad y amas de casa. Montaron un piquete en las afueras del centro de convenciones, donde se celebraba el certamen, porque consideraban sexistas todos los concursos de belleza como éste y los comparaban con una exposición de ganado vacuno donde se calificaba y puntuaba a las mujeres como si fueran reses.

Además de exhibir carteles reivindicativos, colocaron en mitad del grupo un gran cubo de basura en el que las manifestantes, en un momento dado, empezaron a depositar lo que denominaban “instrumentos de tortura”, como sujetadores, fajas, rulos, zapatos de tacón alto, pestañas postizas y algunas revistas, entre ellas las cabeceras ‘Playboy’ y ‘Cosmopolitan’. Lo cierto es que pidieron permiso a la Policía para quemar simbólicamente el contenido de aquel recipiente, pero les fue denegado por considerar que estaban manifestándose en un área muy concurrida y podía existir peligro para los viandantes. Respetaron la norma y ahí quedó la cosa. Pero, al día siguiente, el diario ‘The Washington Post’ pulicó un artículo que decía “La parte final y más trágica de la protesta tuvo lugar cuando varias mujeres quemaron públicamente sus sostenes”. Y se armó el follón.

Aunque falsa, la no-noticia se propagó rápidamente. Se introdujo en la audiencia norteamericana primero y mundial después de la extravagante visión de un sostén ardiendo como forma de protesta. Imaginemos esa poderosa secuencia: una mujer enfadada, desafiante y dispuesta a romper sus ataduras, mejor dicho, a quemarlas. Desde entonces, la quema de sujetadores (lo que suele llamarse ‘bra-burning’, y a sus protagonistas, ‘bra-burners’) se convirtió en una especie de símbolo universal de la liberación femenina, un mito mediático que se ha mantenido vigente más de cuarenta años.

De hecho, durante los años posteriores a 1968 esta especie de contraseña para la liberación de la mujer fue la ‘foto’ más habitual asociada con el feminismo hasta extremos ridículos, porque la verdad es que nadie se planteó seriamente por qué las mujeres usaban sujetador y por qué algunas habían decidido no llevarlo. “El uso de esta imagen quería poner de manifiesto la idea de que el feminismo no sólo rechazaba ser objeto del deseo, sino que también trataba de destruir la imagen femenina, privando así a los hombres del placer de contemplarla y mostrando una envidia poco fraterna hacia otras mujeres más atractivas. Pero la conexión inicial con la protesta por la elección de Miss América se olvidó”, reflexiona la autora inglesa Paula Nicolson en ‘Poder, género y organizaciones’.

El conocimiento de las ideas feministas en mucha gente se deriva de idearios de este tipo. El poder de esta imagen popular de las feministas como irracionales y extremistas ha provocado que, aunque simpaticen con él, numerosas mujeres rechacen el concepto de feminismo y la identidad de sus adeptas. Les lleva a la conclusión de que sus sentimientos y experiencias no coinciden con la imagen de ‘la feminista’ y, por tanto, se distancian de ella aunque muchas de sus opiniones puedan vincularse con los argumentos de este movimiento en favor de la igualdad. Y pasan por alto lo esencial: que el feminismo, al menos, “trata de contextualizar la vida de la mujer y explicar sus limitaciones, atribuidas por algunos a la biología, dentro de un contexto social”.