El Correo

"Detectar el engaño no es fácil, pero es posible"

Juan Ángel Anta muestra en un ordenador una imagen de Obama tras ganar las primeras elecciones. El presidente de EEUU cometió un «desliz corporal» cuando hizo una involuntaria ‘peineta’ al felicitar a su directo rival, John McCain.
Juan Ángel Anta muestra en un ordenador una imagen de Obama tras ganar las primeras elecciones. El presidente de EEUU cometió un «desliz corporal» cuando hizo una involuntaria ‘peineta’ al felicitar a su directo rival, John McCain. / Luis Ángel Gómez
  • El criminólogo vasco Juan Ángel Anta imparte su método a cuerpos policiales, abogados o mediadores

Si el engaño es un arte, la capacidad de descubrir al mentiroso debería ser considerada cuando menos una disciplina olímpica solo reservada a un puñado de elegidos. Y más aún en estos tiempos tragicómicos, oscuros y revueltos, en los que campan a sus anchas pícaros y mangantes de todo pelaje y condición. Juan Ángel Anta es uno de esos pocos especialistas adiestrados en dar caza al que miente. Experto en detección del engaño, este criminólogo vizcaíno ha desarrollado un método de análisis capaz de determinar el grado de credibilidad de un discurso: no solo por lo que dice el sujeto, sino por las emociones que su cuerpo se empeña en revelar en contra de su propia voluntad.

En los últimos años, los métodos de detección del engaño han cobrado en la vida real un protagonismo hasta ahora solo reservado al cine y la literatura, donde aparecían máquinas futuristas programadas para leer los recovecos del cerebro o sofisticadas drogas capaces de hacer 'cantar' al más pintado. Pero las cosas han cambiado. Solo a lo largo de este año, la Justicia ha autorizado someter al 'test de la verdad' a tres inculpados por sendos casos de asesinato con el fin de localizar el lugar donde enterraron a sus víctimas: el primero fue Antonio Losilla, acusado de matar a su mujer, el segundo Miguel Carcaño, asesino confeso de Marta del Castillo y el tercero fue el exintegrante del GRAPO Fernando Silva Sande, responsable de la desaparición de Publio Cordón.

Anta reconoce que en el ámbito tanto policial como judicial hay 'un interés creciente' en incorporar estos métodos de detección del engaño a las investigaciones criminales. Cada vez en mayor medida, el criminólogo vizcaíno -que regenta el Grupo Detecta en la localidad vizcaína de Markina- es reclamado para impartir cursos y seminarios a cuerpos policiales, tanto en Euskadi como en otras comunidades autónomas, mediadores judiciales, abogados, psicólogos, antropólogos... a los que instruye en la técnica que ha desarrollado. En el ámbito de la Justicia ya se están dando algunos pasos, tímidos pero significativos: en los últimos años, tres sentencias, una del Tribunal Constitucional y dos del Supremo, han tenido en cuenta las desincronías entre el testimonio del inculpado y su lenguaje no verbal, corporal y gestual para apuntalar el fallo.

"Nos gustaría contar también con jueces y fiscales, que muchas veces tienen que basar su criterio en la palabra de una persona contra otra. También es una técnica muy apropiada para elaborar peritajes de credibilidad, más completos que los que se hacen ahora, que sólo tienen en cuenta la parte verbal. O para identificar emociones en menores conflictivos o en casos de violaciones".

El método que emplea el criminólogo vizcaíno difiere sustancialmente de los utilizados en esos tres mediáticos casos de asesinato -que, por otro lado, no consiguieron los objetivos propuestos-, y que se basan en las reacciones del cuerpo ante determinadas evocaciones o recuerdos. A su juicio, tanto el polígrafo como el P300 (potencial cognitivo evocador, empleado con Carcaño) "no son fiables" puesto que "miden alteraciones fisiológicas pero no mentiras o verdades. Los resultados pueden ser manipulados con el simple truco de morderse la lengua o utilizar tranquilizantes". Anta, en cambio, tiene en cuenta todos los ámbitos de la comunicación humana. "El 55% de lo que comunicamos es lenguaje no verbal. ¿Por qué entonces nos seguimos rigiendo por la comunicación verbal, dejando en segundo plano la corporal?", se pregunta.

Su técnica, denominada Análisis Verbo-Corporal (AVC), parte de la constatación de que existen once emociones universales (alegría, arrogancia, asco, desprecio, dolor, indiferencia, ira, resignación, sorpresa, temor y tristeza) que todos los seres humanos muestran, de modo idéntico independientemente de su raza o cultura. A partir de ahí, se diseccionan concienzudamente las tres partes del discurso del sujeto: tanto qué se dice (duración del relato, coherencia, interacciones, correcciones espontáneas, fluidez...) como la forma de decirlo (deslices, si emplea circunloquios o lanza peroratas, pausas, velocidad...), y la reacción involuntaria del cuerpo y la cara (determinados rictus, tocarse la nuca, cruzar las manos...). "Se trata de ver si estas emociones con congruentes con el discurso verbal. Si entran en contradicción, tenemos más en cuenta la comunicación corporal, porque es más básica, más primitiva", señala el experto.

¿Cuándo tratamos de engañar? Por ejemplo, cuando decimos que algo nos parece agradable pero nuestra cara no lo refleja. No siempre es evidente. La mayoría de las veces la verdad se abre paso con leves signos, un imperceptible rictus, un movimiento de cabeza... "Hay que saber interpretar esos gestos. Identificar el engaño nunca es fácil, aunque es posible".

Caso Marta del Castillo

El asesinato de Marta del Castillo, cuyo cuerpo sigue sin hallarse, es uno de los casos más significativos de cómo utilizar la mentira como coartada. Anta ha analizado como material de estudio unas declaraciones a los medios de comunicación de Samuel -el amigo de Miguel Carcaño que quedó absuelto del delito de encubrimiento- al poco de desaparecer la chica, para concluir que mentía. "Una de las claves es que se le escapa una pequeña sonrisa que llamamos de delación; aparece involuntariamente cuando alguien esta contando algo y piensa que está engañando a su interlocutor. Sólo es un indicio, pero sirve para tirar del hilo en la investigación".

Caso Bretón

Las imágenes de José Bretón captadas por las cámaras de videovigilancia minutos después de 'perder' a sus dos hijos fueron analizadas hasta la saciedad en los programas de televisión. Pero ¿acertadamente? "Decían que tenía cara de psicópata cuando en realidad era de temor. Sin embargo, no muestra enfado con la Policía porque no encuentra a los niños, ni tristeza, que sería la otra emoción que debería exteriorizar, o histeria, nerviosismo". Luego, en el juicio, mostró otras dos emociones muy contrapuestas. "Cuando declaran los testigos muestra una mirada dura para tratar de intimidarlos. Sin embargo, no hace lo mismo cuando está declarando el policía o el forense Etxeberria, al que ni siquiera le mira, porque tiene miedo ante la autoridad". Anta también aprecia "muchas incongruencias en el alegato final, cuando dice que no les ha matado y mueve la cabeza afirmativamente. Y cuando la fiscal le pregunta: ¿usted ha matado a sus hijos? Da un rodeo, la fiscal tiene que insistir para arrancarle un 'no' poco convincente en el tono y el gesto".

Caso Asunta

El criminólogo cree que el asesinato de la niña Asunta en Santiago es "un caso bonito, entre comillas" desde el punto de vista profesional. "Cuentas con las dos personas implicadas desde el principio -los padres-, puedes interrogarlas de forma separada y ver cómo funciona su comunicación verbal y no verbal, si coincide, si hay distorsiones entre una y otra...". Las carcajadas de Rosario Porto mientras la Policía registra la casa en la que supuestamente acabó con la vida de Asunta es un buen ejemplo de lo que los expertos en detección de engaño definen como "una desincronización, una incongruencia entre lo que haces y lo que dices". "No te puedes estar riendo al de poco de morir tu hija, a no ser que tengas un problema psiquiátrico, y en ese caso sería una reacción más exagerada".

Caso Madeleine McCann

Anta tiene claro que los padres de Madeleine McCann, la niña que desapareció en 2007 de un complejo turístico de Portugal, ocultan algo. "Su discurso en las entrevistas es muy incongruente, está preparado, montado con antelación. ¡Es que ni se interrumpen! Las reacciones de ambos son contrapuestas". Pero sobre todo, en sus análisis 'frame' a 'frame', el experto ha detectado gestos del padre que mostraban "desprecio e incluso asco" al referirse a su hija.

ALGUNAS EMOCIONES UNIVERSALES