El Correo

Los amores perros

Cincuenta personas se manifestaron para que no sacrificaran a Excálibur.
Cincuenta personas se manifestaron para que no sacrificaran a Excálibur. / REUTERS
  • ¿Es normal sentir más cariño por un animal que por un ser humano? La masiva respuesta popular para intentar salvar la vida de 'Excalibur', la mascota de la sanitaria Teresa Romero, infectada por el ébola, abre algunos interrogantes

"Un perro en Madrid ha generado más movilización que miles de muertos por ébola en África", sentenciaba esta semana en Twitter el diputado del PSOE Eduardo Madina. El derrotado candidato a la secretaría general de los socialistas se refería a las masivas muestras de apoyo popular para intentar salvar la vida a 'Excalibur', el perro de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, que fue sacrificado para evitar que pudiera contagiar el ébola que padece su dueña. El marido de la sanitaria, Javier Limón, llegó a lanzar un desesperado llamamiento en las redes sociales para proteger a su mascota y recogió 300.000 firmas en internet en contra de que se le aplicara la eutanasia. Sin éxito. El ruidoso respaldo a 'Excalibur', alentado por los medios de comunicación, contrasta con las escasos y minoritarios actos públicos en favor de Teresa.

¿Se trata de un comportamiento normal o propio de una sociedad enferma? ¿Se puede sentir más cariño por un animal que por un ser humano? ¿Es lógica una entrega tal por una mascota? El psicólogo Miguel Ángel Ruiz González así lo cree. "En las relaciones humanas, las parejas que más se aman son las que establecen una serie de conductas juntos: hacen planes, se dan cariño, tienen un proyecto común… Es lo mismo en este caso. Cuando cuidamos a un animal, lo queremos, lo atendemos y él nos devuelve su cariño", explica. "Así se crea un lazo que se va fortaleciendo con el tiempo". Más aún -añade- cuando se trata de un perro, el 'mejor amigo del hombre': "Reconocen nuestros estados de ánimo y nos corresponden. Es la mascota por excelencia", apunta este profesional con consulta en Bilbao.

En el caso de los matrimonios sin hijos, como es el de Romero y Limón, las mascotas juegan un papel aún más importante. "El animal se convierte en el foco donde poder proyectar sus mimos. En esa 'soledad' reciben amor de vuelta", añade.

"Es como uno más de la familia", tercia Kepa Lozano, delegado del Partido Animalista (PACMA) en el País Vasco. Habla desde el conocimiento porque en casa tiene una perra y tres gatos. Cuando se le pregunta por el caso de Iván, el joven baracaldés que murió esta semana al lanzarse al agua por su perra en el Puerto Viejo de Algorta, lo tiene muy claro: "Yo hubiera hecho lo mismo. No podría ver cómo se ahoga mi perra. Ni me lo habría pensado". Si se le menciona a 'Excálibur', reconoce que la empatía ha sido mayor debido a su especie: "Los perros son los que más se han acercado a nosotros, simpatizamos más con ellos. Hemos creado un vínculo".

¿Amor patológico?

Un nexo sentimental humano-canino que, según los expertos, no trae más que beneficios. "Cuando amamos, sacamos lo mejor de nosotros y nos ayuda a crecer como seres humano", explica Ruiz González. "El primer beneficiado, de hecho, es el que da cariño". Un cariño que tiene recompensa: "Siempre está ahí, no te sientes solo, te obliga a salir…", enumera Lozano.

Las ventajas se multiplican con los niños. "El hecho de asumir todas las responsabilidades que supone la atención de un animal les hace madurar", indica el psicólogo. Algo muy sencillo para ellos, porque por su inocencia tienen un "instinto natural" para ilusionarse con cualquier ser vivo.

Pero el amor, además de perro, también puede ser tóxico. ¿Es patológico el amor profundo a una mascota? "No", contesta Ruiz González. Pero avisa: "Sí lo es cuando se trata de ocultar otros problemas, cuando la felicidad depende por completo del animal. Puede ser el caso de alguien que tiene problemas para relacionarse con los demás y se vuelca en su perro". ¿Y cuando este se convierte en su primera prioridad? "Para ciertas personas con carencias emocionales la compañía de su mascota se vuelve determinante. Es lo esencial de sus vidas".

Kepa Lozano recuerda que un perro no es un simple juguete, y que antes de adoptar uno hay que tener en cuenta que habrá que cuidarlo "durante 14 o 15 años". Aunque afirma que la sociedad está cada vez más sensibilizada, cree que la transacción de estos animales debería estar más regularizada. "La gente los cría sin control, los regala, no los esteriliza… Deberían ser las protectoras las que se encarguen de ello. Si no, las perreras seguirán llenas". Incluso, va más allá: "Yo voto por que se hagan cursillos antes de tener un animal, para concienciar de lo que supone".

Tanto conlleva, que ni siquiera está de acuerdo con el término 'mascota'. "Parece que le estás relegando -opina Lozano-. Es un compañero, no 'mi' mascota, como mi coche o mi sofá. Yo le cuido, y él me corresponde a su manera".