Un siglo de Rolls-Royce en el Euskalduna

Patricio Kareaga saca brillo a uno de los coches. / IGNACIO PÉREZ

La muestra, que incluye un modelo de la Reina de Inglaterra y otro que dio la vuelta al mundo, estará abierta del 15 de diciembre al 7 de enero

OLATZ HERNÁNDEZ

Quizás fue su historia o lo bien hechos que estaban. Patricio Kareaga no sabe explicar qué llevó a su tío abuelo, Miguel de la Vía, a coleccionar Rolls-Royce durante treinta años. «Sé que empezó a partir del tercero», asegura, y llegó hasta 75 modelos diferentes. «Hay uno que perteneció a la Reina de Inglaterra, con un foco delantero azul que solo se encendía cuando ella iba en el coche», relata. Veinte de estos vehículos abandonarán su sede de la Torre Loizaga, en Galdames, para aparcar en el Euskalduna en una exposición, ‘Rolls-Royce: Un siglo de Estilo’, abierta del 15 de diciembre al 7 de enero.

«Hemos elegido los coches para que haya modelos de todas las épocas», indica Kareaga. Uno de los más modernos es un ‘Camargue’ de 1975, que llegó a ser el coche más caro del mundo. «Es el único Rolls-Royce diseñado por Pininfarina, que ha trabajado también con Ferrari», destaca. Entre las joyas de la exposición figura un coche que perteneció a Don Siegel, director de la película ‘Harry el Sucio,’ y un ‘Silver Ghost’ de 1913 con el que su anterior propietario dio la vuelta al mundo en 80 días. «Mi favorito es el ‘Alpine Eagle’ de 1913. Fue diseñado para una prueba de resistencia en los Alpes. Tiene más de 100 años y puede ir a 180 kilómetros por hora», admite.

Patricio Kareaga dio su primera vuelta en uno de ellos con siete años. «Era la boda de mi tía y mi tío abuelo prestó sus dos únicos Rolls Royce al novio y a la novia. La colección llegó después». La mayoría de los modelos tienen el volante a la derecha, ya que «vienen de Inglaterra o de alguna colonia británica».

Conseguir recambios para estas joyas del automovilismo no es tarea fácil: «Tenemos un contacto inglés, porque allí hay más coleccionistas. Y a veces que hay que hacer las piezas a medida», reconoce. La de Galdames es una de las colecciones más importantes del mundo y mantenerla supone un gran esfuerzo económico. «Mi tío abuelo era el gran apasionado. Nosotros lo mantenemos por un tema de orgullo familiar y respeto».

Todos funcionan

Los coches empezaron a llegar ayer a la sala de exhibición en grúa, de dos en dos. «Son vehículos muy delicados y hay que tener mucho cuidado, especialmente con la pintura. En caso de golpes, rayones... ya no sería original», explica David Durán, mecánico de la exposición.

Todos funcionan, lo que les da aún más valor. Para tener los modelos a punto, el mantenimiento es constante. «Cada semana se les mueven las ruedas para que no se deterioren. Los lunes y viernes limpiamos el polvo y pulimos la pintura. En cuanto al motor, cada vez que cogemos un coche cambiamos la gasolina y el aceite».

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