«Es el segundo coche que casi me cae encima en el mismo sitio»

Alonso observa el parachoques y los tramos de barandilla.
Alonso observa el parachoques y los tramos de barandilla. / J. DOMÍNGUEZ

El parachoques del vehículo y las barandillas de hormigón de la carretera cayeron sobre la huerta de este vecino del barrio de Bolueta

JOSÉ DOMÍNGUEZ

«Yo creo que la de la guadaña está detrás mío pero siempre la esquivo». Manuel Alonso prefiere tomarse a broma el accidente que presenció ayer en primerísimo plano en la N-634 a la altura del numero 47 de la Avenida de Miraflores, a la salida del barrio bilbaíno de Bolueta. Sobre las diez y cuarto de la mañana un hombre de 37 años perdió el control de su BMW cuando subía y se estrelló contra la barandilla del talud que acaba en las vías del tren de Bilbao a Donosti. El vehículo se quedó sobre la acera «por los pelos», pero su parachoques y varios bloques de hormigón de la antigua protección sí cayeron abajo, destrozando parte de una chabola y algunas plantas de la huerta de este vecino justo cuando él se disponía a entrar. Y no es la primera vez que le pasa algo parecido.

«Estaba con mi perro cuando veo un coche rojo circulando por el carril contrario que se me va a echar encima», explicó. El BMW venía «derrapando» y se «empotró» contra el lateral a apenas unos metros de distancia. Dentro había una pareja «pero no parecían tener nada, la mujer -de 32 años- estaba muy nerviosa y la tuvieron que trasladar al hospital de Basurto». Luego entró en su parcela y fue cuando empezó a valorar lo que le podía haber pasado a él: «¿Y si llego a estar aquí haciendo algo donde los tomates?, mejor no pensar».

Es lo que mismo hizo hace dos años para sobrellevar otro accidente similar en la vía. «Porque es la segunda vez que casi me cae un coche encima tras chocarse en el mismo sitio», insistió. En aquella ocasión también restó importancia a lo ocurrido, y eso que entonces el vehículo le pasó literalmente volando sobre su cabeza y cayó unos metros adelante. También fue por la mañana y él estaba en una de las plantaciones, oyó un ruido y al mirar hacia arriba vio los bajos de un vehículo volar por el aire justo encima suyo. «Era un KIA y quedó volcado abajo, casi junto a los raíles», recordó.

En lugar de quedarse paralizado por la impresión, se lanzó a ayudar al herido. «Se salvó gracias al cinturón de seguridad pero le veía muy mal, con un palo clavado en un costado». Instintivamente desenchufó la batería «para que el depósito de gasolina no explotase, «y le ayudé con unos primeros auxilios hasta que llegó la ambulancia».

«¡Vaya compañerismo!»

Entonces los desperfectos fueron más numerosos. Además de parte del tejado de la misma chabola dañada ayer y de árboles y plantas diversas, «me explotó un aljibe de plástico de 1.000 litros que tenía para regar». Ya no reclamó nada entonces ni lo hizo ayer a pesar de las recomendaciones de la Policía Municipal. «Son unas tablas y unos tomates nada más, lo importante es que los chavales están bien porque el susto ha sido de la pera: estuvieron a un tris de caer por el terraplén y entonces vete tú a saber», subrayó. Si bien aprovechó para lanzar una buena reprimenda a los otros conductores que presenciaron el siniestro: «Vaya compañerismo, ni uno sólo se paró a ayudar, todos esquivar y seguir».

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