SALIR CON MIEDO POR BILBAO

Se suceden los episodios violentos en la ciudad

Los sanitarios, la Policía Municipal y la Ertzaintza acudieron al lugar donde fue atacado Ibon Urrengoetxea. /Luis Calabor
Los sanitarios, la Policía Municipal y la Ertzaintza acudieron al lugar donde fue atacado Ibon Urrengoetxea. / Luis Calabor
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Bilbao es una ciudad segura, pero el domingo habrá que ver esas mesas de Nochevieja cuando llegue la hora de que los más jóvenes se levanten para irse con los amigos a los bares, los cotillones, las discotecas. Algunas despedidas van a ser como si los chavales marchasen a Verdún. Esa preocupación podrá ser infundada, pero seguirá siendo real. Y el Ayuntamiento debería intentar transmitir calma y generar confianza, algo que parece más fácil de conseguir apostando por la comunicación (natural, prudente, respetuosa) y no por esa clase de mutismo defensivo que parece confundir cualquier mención con una ofensa.

Bilbao también es una buena ciudad donde vivir porque andar de madrugada por sus calles nunca ha sido especialmente peligroso, porque su ambiente nocturno siempre ha sido menos agresivo que el de tantos otros lugares en los que hemos estado. Son virtudes urbanas que deben defenderse, como la limpieza del aire o el buen aspecto de los jardines públicos. También son la clase de batallas que no le competen exclusivamente a las instituciones. Ahora sabemos que el coche que la madrugada del lunes atropelló a un joven en Boluetaestaba participando en una carrera con otro vehículo. La Policía Municipal ha solicitado la colaboración ciudadana. Es una petición que debería fructificar. Sería raro que alguien que se dedica a las carreras extramuros de las discotecas sea alguien proclive a pasar desapercibido. El chico atropellado tiene 33 años, es de origen colombiano y había venido desde Londres a pasar las fiestas con su familia. La buena noticia es que va mejorando.

La Policía también ha pedido colaboración para dar con los dos individuos que la madrugada del día 23 asaltaron a Ibon Urrengoetxea en el puente del Arenal causándole la muerte. Ahora sabemos que probablemente Urrengoetxea les hizo frente -algo que puede ser un error, pero también un reflejo, y hasta un derecho- y tras recibir un golpe sufrió una caída que resultó mortal. Que los asaltantes siguiesen pateándole en el suelo confirma su catadura. Ahora urge atraparlos. Como a los indeseables de la estación de Abando, que le rajaron la cara a un joven en Santo Tomás para robarle el móvil. La otra buena noticia dentro de esta avalancha de malas noticias es que puede que este muchacho no pierda finalmente la visión del ojo.

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