Roca rey ratifica su gran momento en Vista Alegre

El peruano Roca Rey se convirtió en el triunfador de la tarde y recibió dos orejas. /Jordi Alemany
El peruano Roca Rey se convirtió en el triunfador de la tarde y recibió dos orejas. / Jordi Alemany

La plaza de toros registra una entrada no vista en Bilbao desde hace un puñado de temporadas con el 65 Festival Taurino

ALFREDO CASAS

Pese a las nada halagüeñas previsiones meteorológicas, los tendidos de Vista Alegre registraron una magnífica entrada del sábado. De las que no se veían por estos lares desde hace un puñado de temporadas. Seguro que lo rematado del cartel ayudó. También la rebaja en los precios de las entradas y el intenso trabajo de la junta directiva del Excelentísimo Club Taurino de Bilbao. Recompensado tanto esfuerzo, se inició el festival con más solera del planeta del toro.

Rompió plaza un utrero de Sánchez Sánchez, brocho, largo de manos y recogido, al que Hermoso de Mendoza fijó y enceló de salida a lomos de 'Alquimista'. Distraído y falto de ritmo, el rejoneador navarro hubo de ofrecer a su oponente los terrenos de toriles. Dos banderillas de exposición, dejando llegar al morlaco, precedieron templadas cabalgadas de costado y al hilo de las tablas del infalible 'Disparate'. Después, el novillo entregó la cuchara. Labor de más a menos, condicionada por el escaso motor y fondo de un novillo que terminó agarrado a la arena.

Aleonado, hondo, largo de cuello y viga, el segundo en el orden de lidia descolgó sus iniciales y renuentes arrancadas por ambos pitones. Manso en varas, el de El Parralejo no galopó en el transcurso del tercio de banderillas y, tras un obligado inicio de faena, huyó de la suerte, poniendo en evidencia su rajada condición. Cambiados los terrenos, cercano a la puerta de los sustos, el maestro Ponce tiró de recursos para, tapada la salida, rehilar dos series que en realidad fueron un interminable derechazo. Afligido por el pitón izquierdo, soltó la cara antes de desentenderse. El noble 'Haragán' aguantó como hipnotizado un par tandas en redondo. Desmayada una, flexionada la otra. Media estocada pelín trasera, demoró la caída del astado y enfrió los ánimos del respetable. Debió Ponce de conformarse con saludar una fuerte ovación.

El novillo que hizo tercero, alto de cruz, ligeramente hecho cuesta arriba y suelto de carnes, echó las manos por delante en el saludo capotero. Apenas castigado en el peto del caballo -se limitó el varilarguero a señalar dos picotazos-, 'Ocioso' fue un utrero blando, desrazado y sin chispa, que no permitió la más mínima exigencia. A poco que le apretó El Juli, el astado perdió las manos imposibilitando la fluidez del trasteo. No cesó en su voluntad el diestro madrileño que reguló las alturas de la franela en la corta distancia aprovechando las últimas inercias. Por atinar con la tizona -el acero cayó trasero-, paseó una oreja demandada por el público.

Devuelto a los corrales por inválido el cuarto, se corrió un alto, voluminoso y fuerte sobrero, algo silleto, del mismo hierro. Escupido del peto como alma que lleva el diablo al primer encuentro, 'Manijero' consintió un segundo puyazo en el que se empleó con poder y la cara a su altura. Conducido a los medios, Manzanares se dilató en sobar a su exigente ejemplar, que no siempre se soltó de las telas. Demandó el torete mano baja y gobierno por ambos pitones; algo que el diestro alicantino aplicó de forma intermitente. Excesivamente conservador, se limitó a acompañar y componer. Algo que no importó al público ni al presidente. Oreja al esportón tras pinchazo y estocada desprendida. ¡Viva la Pepa!

Dos largas cambiadas

El quinto exhibió las más armoniosas hechuras del desigual encierro propiedad de José Moya. A pesar de su buena condición, 'Marteguilla' apenas se mantuvo en pie. Aunque cogido con alfileres, fue mantenido en el ruedo por la presidencia y asentado por la proverbial brega de Iván García. A pesar de ello, al novillo le faltaron finales, apenas remató una docena de enclasadas embestidas carentes de sal y pimienta. Cayetano no pudo más que limitarse a conservar su escaso motor y recetar, tras un pinchazo, una entregada estocada.

Dos largas cambiadas de rodillas sirvieron a Roca Rey para avivar al desconectado público. Y un interrumpido galleo por chicuelinas y un vibrante quite por altaneras. Brindada al público su faena, el diestro peruano inició su faena por ajustados pases cambiados. Pese a las rebrincadas y renuentes acometidas del bajo y hondo ejemplar de El Parralejo, Andrés logró estructurar una sólida labor y encontrar el notable fondo de un novillo, 'Esterón', al que toreó con profundidad por naturales y le armó un auténtico lío en la corta distancia con la mano derecha. Imposible pasárselo más cerca. Refrendada su inestimable actuación con un espadazo hasta los gavilanes, Roca Rey obtuvo un preciado botín de las dos orejas. Que abandonara el ruedo a pie junto a sus compañeros fue un gesto de máxima categoría. La que ostenta actualmente en el toreo.

Caprichos del destino, el novillo de más peso del encierro fue a parar a manos del novillero Toñete. Largo de manos y montado, suelto y atrancado de los cuartos traseros desde su salida a la arena, 'Pelirrojo' se defendió con un molesto calamocheo durante los dos primeros tercios. A nadie extrañó que apretara y echara la cara arriba en los embroques a los banderilleros. Y que no permitiera el lucimiento de Toñete. Por arriba protestó con aspereza y por abajo dobló las manos. Por el derecho soltó la cara y por el izquierdo salió de los muletazos desentendido. Imposible.

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