El reparto

El Ararteko informa sobre el centro de Amorebieta

Imagen del incendio provocado que el pasado 12 de diciembre destrozó el centro de Amorebieta./E. C.
Imagen del incendio provocado que el pasado 12 de diciembre destrozó el centro de Amorebieta. / E. C.
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Hay que reconocer que los informes del Ararteko no suelen destacar por su interés narrativo. Eso puede parecer malo, pero no lo es. Leyendo el informe del defensor del pueblo sobre la situación de los menores en el centro de Amorebieta, aprendes que lo realmente malo es que el relato adquiera tensión. Entonces los problemas son serios. Y en el informe que nos ocupa hay una visita en noviembre de 2017 al centro de Amorebieta en la que, además de instalaciones deterioradas y trabajadores sobrepasados, se detecta un número de menores que supera enormemente su capacidad. Hay más de cien chavales donde debería haber cuarenta.

Entre esos menores, un grupo «numeroso y poderoso» que desafía a los educadores y amenaza a los compañeros. Tras la visita, la preocupación del Ararteko es «máxima». Porque así no puede atenderse a los menores y por «los riesgos existentes para la integridad de las personas del centro». El Ararteko concierta una cita con la diputada de Acción Social. La tarde anterior al encuentro, el centro de Amorebieta arde y todos sus ocupantes tienen que ser realojados.

Es como una película violenta, pero el Ararteko mantiene la calma. Sus recomendaciones tienen que ver con aumentar el número de plazas «en cantidad suficiente al número de menores», de modo que en Amorebieta pueda volver atenderse solo a cuarenta chicos. La labor de un 'ombudsman' se limita a defender los derechos de las personas frente a la Administración, pero el Ararteko incluye en su informe el diagnóstico de la Diputación. Es significativo. Porque respalda la idea de que la acogida de menores requiere de una actuación «supraterritorial» cuando bordea la avalancha. Y porque anota que la Diputación, tras informar de la situación a instancias superiores, no recibió «muestra alguna de solidaridad por parte del resto de comunidades autónomas».

Sorprende que algo así pueda seguir pasando. Que se permita. El mismo principio de justicia y apoyo mutuo que nos interpela para que Europa no consienta que unos refugiados se pudran en un barco como una carga indeseable debería aplicarse en casa, de puertas para adentro. Impidiendo que una provincia tenga problemas con la acogida de menores mientras las provincias de alrededor miran hacia otro lado y organizan, eso sí, preciosos festivales solidarios.

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