Reabre el rastro ilegal de Santutxu

Arriba, una mujer visita el rastro desmantelado la semana pasada. :: E. C./
Arriba, una mujer visita el rastro desmantelado la semana pasada. :: E. C.

Con artículos de «dudoso origen», vuelve siete días después de ser desmantelado

OLATZ HERNÁNDEZ

Mantas blancas sobre las que se despliegan todo tipo de artículos, desde aparatos electrónicos hasta «sobres con lonchas de jamón». Esta es una escena habitual para los vecinos de las calles Fika e Iturribide, donde cada martes y sábado se celebra un rastro. La venta ambulante empezó en una lonja, pero se ha extendido y ocupa ya las escaleras que dan acceso a este barrio de Bilbao. «Molesta tener que ir apartando a la gente. Además te dicen que no les pises el género», se quejaba ayer un vecino.

Una semana después de que la Policía Municipal y una brigada de limpieza desmantelaran ‘in extremis’ el mercadillo ilegal a raíz de una denuncia del Partido Popular, el rastro volvió a instalarse. Los puestos funcionaron hasta que a la una de la tarde aparecieron dos agentes. «Hay que poner freno a este mercado. Genera problemas de convivencia y seguridad», advirtió el concejal del PP Óscar Fernández, presente en la visita de su partido a la zona el pasado día 10.

En los puestos se pueden adquirir desde aparatos electrónicos hasta «sobres con lonchas de jamón»

«Antes se podía entrar, pero ahora da miedo», asegura una vecina. El mercadillo se celebraba desde hace quince años «sin problemas», pero hace cinco empezó a ser un foco de tensión para vecinos y comerciantes. «Los vendedores ocupan la calle y dejan todo sucio. Por no hablar del olor de dentro».

Robos

Los tenderetes se reparten en dos zonas: una en los bajos de un edificio y otra, en plena calle. La lonja, de propiedad privada, tiene licencia para instalar un rastrillo, aunque basta con un paseo por el interior para ver las malas condiciones que reúne. Decenas de vendedores apilan sus artículos en tenderetes. Aquí se venden cadenas de música, cargadores, pilas, botes de perfume, piezas de vajilla, cámaras de fotos... Muchos de ellos de «dudosa procedencia», según los vecinos, que insisten en denunciar «robos a la carta» por encargo.

Casi tan variopinta como la oferta es la demanda. Una señora pregunta por una muñeca para su nieta mientras compara varios modelos. Un poco más allá, un hombre, que parece no dominar del todo el castellano, ofrece camisetas al grito de «¡sardinas!, ¡gambas!».

«Afecta a la limpieza y a la seguridad ciudadana. Si hace falta, nos manifestaremos» Quejas de los comerciantes

«Ni es un rastro, ni es nada», señala Cristóbal Torrado, que gestiona al lado una tienda de calzado. «Afecta a la limpieza y a la seguridad ciudadana». A él también le han robado en alguna ocasión: «Un bolso y otra vez se llevaron unos zapatos, pero los dos del mismo pie». Los comerciantes no descartan convocar una manifestación si el Ayuntamiento no atiende sus demandas.

El dueño de un bar saca el lado positivo: «Los martes y sábados vendemos cincuenta cafés más». Pero un cliente se queja de «las meadas y de toda la basura que dejan cerca del portal». Al final ambos coincidían: «El follón se veía venir. Está claro que esto se tiene que regular».

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