Raquel lleva la lucha por su hija al Parlamento vasco

Raquel, con Irati, ya ha recogido más de 11.700 firmas de apoyo por Internet. /FERNANDO GÓMEZ
Raquel, con Irati, ya ha recogido más de 11.700 firmas de apoyo por Internet. / FERNANDO GÓMEZ

Esta balmasedana, que reclama un aula especial para escolares como Irati, con autismo severo, crea una asociación y logra que la Cámara de Vitoria escuche su voz

SERGIO LLAMAS

Matricular a los hijos en un colegio es mucho más que rellenar una casilla en un formulario, pero paraRaquel García conseguir el centro más adecuado para su hija Irati, de 5 años y con autismo severo, se ha convertido en «una pelea contra el sistema» en la que ya lleva enfrascada cerca de un año. «A nivel personal es algo que te desgasta, te mina viva. Es como si me hubieran echado diez años más encima», afirma esta vecina de Balmaseda, que recuerda que hay otras familias en la misma situación.

Su objetivo inicial es lograr que abran un ‘aula estable’ de Primaria en Las Encartaciones, una clase especial para alumnos con estos problemas dentro de un colegio público y reforzada con un profesor terapéutico y un auxiliar. La medida supone un paso intermedio entre un centro de educación especial y las clases ordinarias, en las que en ocasiones se integra a estos escolares. Su lucha ha impulsado iniciativas como una marcha motera en Balmaseda y ha dado pie a una asociación de apoyo a padres con hijos con necesidades educativas especiales, ‘Lagundu NEE Enkarterri’, donde asesora a otras familias. El 12 de febrero, además, irá al Parlamento vasco para contar su experiencia y arrojar luz sobre un recurso educativo desconocido para muchos padres.

«Hace poco me vino una madre con un hijo de nueve años que no sabe leer, y decía que en el centro no le habían dicho nada. Nunca le propusieron un ‘aula estable’ y no es algo esporádico, es una generalidad», asegura Raquel, quien apunta también que algunos padres no quieren el modelo y lo han rechazado. En el caso de Irati, el informe de propuesta de escolarización de la asesora del Berritzegune -centro de apoyo a la enseñanza- aconseja esta opción como la «más adecuada».

En manos de abogados

Incluso más allá de las recomendaciones profesionales y las preferencias personales, está la propia Ley de Educación de 1998, que recoge las ‘aulas estables’ para los centros con financiación pública. En ella se fija un máximo de cinco alumnos por clase, si bien, advierte la madre, «no se habla de un mínimo». «Llevo meses leyendo boletines oficiales constantemente. Sé que me van a tener que poner el aula, pero no es justo por lo que me están haciendo pasar», reivindica. Ha contactado con un bufete de abogados por si la pelea salta a los tribunales.

Toda esta situación la mantiene de baja laboral. A cambio, ha vuelto a Raquel en una experta en los derechos que asisten a los menores con necesidades educativas especiales. «No es por gusto. Es que a raíz de esto no tengo vida», se duele la mujer, que a través de la asociación ‘Lagundu NEE Enkarterri’ quiere aprovechar lo aprendido para asesorar a otras familias en situaciones similares.

Este colectivo incluye desde menores con altas capacidades a otros que tienen dificultades de inserción. En el caso de los pequeños con dependencia, la cifra no es menor. Unas preguntas realizadas en el Parlamento vasco por Elkarrekin Podemos revelaron que en Las Encartaciones hay 73 menores de hasta 14 años que han solicitado el grado de dependencia, y 44 lo tienen reconocido (hay otros seis en trámites). Sólo en Balmaseda, donde vive Irati, ya hay ocho con el máximo grado de dependencia.

Raquel ha matriculado a su hija en tres centros de la comarca a la espera de que en alguno creen el ‘aula estable’. En Bizkaia hay un total de 18 clases de este tipo en Primaria en colegios ordinarios. «Si a mediados de marzo no me han asegurado el ‘aula estable’ me planto delante del Gobierno vasco en una huelga de hambre», anuncia.

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