RADAR IMAGINARIO

Cajas vacías miden la velocidad en Alameda Rekalde

Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La concejalía de Movilidad ha conseguido implantar el prodigio en Alameda Rekalde: el radar de tráfico exento de radar. El radar irreal, quimérico, ficticio. El radar inexistente que, pese a no existir, fue puesto en marcha el pasado 1 de agosto y funciona desde entonces con un éxito notable, según el concejal del ramo, Alfonso Gil.

Supongo que el éxito del que habla el concejal debe entenderse, como el radar propiamente dicho, dentro del promisorio campo de la fantasía especulativa. Es que dentro del radar no hay radar. Quiero decir que no hay 'bicho': el aparatito capaz de detectar las velocidades excesivas y atribuirle la falta al vehículo que huye. La situación en Alameda Rekalde es ahora mismo la siguiente. Hay señalización avisando de la presencia del radar. Hay señales sobre el asfalto que indican cuál es la velocidad que no puede sobrepasar quien no quiera vérselas con el radar. Hay un montón de gente frenando por una sola razón: el radar. Y hay también unas cajas altas, imponentes, de color fosforito, con unas ventanitas amenazadoras tras las que cualquiera diría que hay un radar. Pero no. Dentro no hay nada. No hay radar. O quizá sí haya algo. Pienso en un papelito doblado muchas veces en el que alguien ha escrito con caligrafía mínima, soñadora, preciosista: «Vale por un radar».

Lo mejor de todo es que, pese a no existir, los radares de Alameda Rekalde están convenientemente inaugurados. A finales de julio Alfonso Gil los presentó 'in situ' junto a Ricardo Barkala. Fue la primera comparecencia conjunta de los partidos que forman el equipo de gobierno tras la crisis de los peajes. Qué maravilla. Ahora sabemos que en ese mismo instante inauguraban la crisis de los radares. «No hacemos esto con afán recaudatorio», explicó Gil. Y no podía decir nada más cierto: los radares imaginarios, dinero, lo que se dice dinero, no te dan; los radares imaginarios lo que te dan son satisfacciones. A menos de que alguien descubra que la caja está vacía. Entonces todo es bastante más ridículo. Por ejemplo: la concejalía de Movilidad informa de que los radares que presentaron en julio y llevan funcionando desde agosto pueden incluso llegar a ser reales el año próximo. Urge añadir una nueva máxima sapiencial en el gran libro del municipalismo vasco: no presentes la piel del radar antes de licitarlo.

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