«No se puede dormir en la calle con tanto frío»

Las personas que duermen desde hace meses en Rekalde preferían no acudir al albergue, /Ignacio Pérez
Las personas que duermen desde hace meses en Rekalde preferían no acudir al albergue, / Ignacio Pérez

Multitud de 'sin techo' deciden refugiarse durante el temporal en los albergues municipales de Bilbao, cuyo servicio se ha reforzado

Julio Arrieta
JULIO ARRIETA

«Ya cuando llegué a Bilbao hacía mucho frío, tanto que no podía dormir en la calle. Lo hacía aquí y allá, abrigándome como podía». Mohamed, un joven marroquí de 18 años, lleva un mes en la villa. Llegó en invierno, por lo que el actual desplome del termómetro -que ha llevado al Ayuntamiento a reforzar el dispositivo invernal de alojamiento de personas sin hogar hasta ofrecer un total de 386 plazas- es para él algo así como 'más de lo mismo'. Estos días, gracias a los servicios sociales del Consistorio, pernocta «en el albergue». Lo cuenta a las puertas del Servicio Municipal de Acogida Nocturna (SMAN) de Uribitarte, donde coincide con otros usuarios, tanto locales como foráneos, de este centro de acogida con capacidad para 83 personas.

Además de proporcionar un lugar donde pasar la noche, el SMAN ofrece a los usuarios orientación e información, por lo que no todas las personas que aguardaban en su entrada venían a dormir en la noche del pasado viernes, cuando el Consistorio desplegó el operativo especial para combatir las bajas temperaturas -la dura almohada de hielo de la calle- con un número mayor de plazas y medidas de entrada más flexibles. En todo caso, el grupo ofrece un corte perfecto del 'sinhogarismo' en Bilbao: las personas sin techo en la capital vizcaína son de todas las edades; y las hay extranjeras y locales. Su denominador común es la adversidad.

«El frío no es lo peor, sino lo vulnerable que eres durmiendo en un cajero o en la puerta de un garaje»

En general, los foráneos no tienen inconveniente en ser citados por su nombre y los locales prefieren el anonimato. «Soy de Bilbao, pero por favor, no pongas mi nombre. Tengo familia que no sabe que estoy en la calle», dice un hombre de mediana edad. Mounir, natural de Tetuán, no tiene incoveniente en detallar su situación. Explica en un castellano muy básico que tiene 26 años y atravesó la península hace «cuatro semanas» hasta llegar a Bilbao «en coche». Haciendo auto stop, aclara.

Se las apañaba para dormir «en la calle», cubriéndose «con cartones», un abrigo menos que insuficiente estos días. «Unos amigos» le explicaron que los servicios sociales le facilitarían alojamiento. Mientras cuenta su historia, aguarda a que den las nueve: «Tengo que entrar a esta hora», explica mostrando su reserva de alojamiento. «Puedo quedarme varios días y sé que no voy a pasar frío».

«¿Frío? Pues el frío no es lo peor» tercia otro usuario, de Bilbao. «Lo peor es lo vulnerable que eres cuando estás en la puta calle, duermes en un cajero o en la entrada de un garaje. El frío lo solucionas con mantas o un buen saco. Estar solo y jodido no, eso es igual todo el año», sentencia. «Ponlo como te lo he dicho, ¿eh?», apuntala.

P. Urresti

Pedro Mari, «nacido en el Gorbea y de Amorebieta, aunque desde el 12 de diciembre vivo en el albergue de Uribitarte», detalla que tuvo que dormir «cien días en la calle. Llevo un saco térmico. Teniendo esto (lo señala, colgado a su espalda) te puedes meter debajo del puente del Ayuntamiento y no pasas frío». Podría quedarse en el albergue «indefinidamente, pero tengo intención de marcharme en marzo, entonces podré coger una habitación».

Hans sí pasa frío y afirma que lo va a seguir pasando: no quiere dormir en un albergue. Ha acudido a Uribitarte para gestionar su acceso al comedor social. «El albergue de Mazarredo era mejor que este. Allí había una sala de espera. Aquí estamos bajo la lluvia», critica este camerunés que lleva siete años en Bilbao mientras aguarda a ser atendido. ¿Dónde pasa la noche? «Llevo prácticamente desde agosto durmiendo en la calle. Ahora, en invierno, es más duro. Duermo bajo un puente nuevo», en Basurto. «Al principio estaba solo, pero ya ha ido viniendo más gente», cuenta.

Rafael González, voluntario de Cruz Roja desde 1999, explica que esta situación se da con cierta frecuencia. «Nos encontramos a veces con personas que prefieren quedarse donde están, porque a lo mejor se sienten protegidas por un grupo formado por gente de su mismo país o etnia». González ha realizado durante muchos años la labor de recorrer la calle en invierno para informar a los 'sin hogar' sobre la posibilidad que tienen de alojarse a través de los servicios municipales.

Informar y convencer

«Es una actividad que realizamos desde Cruz Roja cuando el Ayuntamiento activa el dispositivo especial por el frío», aclara González. El procedimiento es sencillo: «Primero nos presentamos a la persona que está en la calle. En cierto modo, es una forma de pedirle una autorización de acercamiento, para no invadir su intimidad», detalla el voluntario.

«Si nos acepta, hablamos con él, le ofrecemos un caldo o un poco de leche, algo para que entre en calor y que nos dé pie a la conversación». El objetivo es «proporcionarle información y redirigirla a los servicios municipales de emergencia, en Uribitarte. Si no quiere ir y prefiere quedarse donde está», se respeta su decisión.

«Si la persona no quiere ir al albergue y prefiere quedarse donde está» se respeta su decisión

En todo caso, los voluntarios comunican «la situación a los técnicos del Ayuntamiento», que prestarán ayuda a esta persona. «Nosotros tratamos de convencer, pero no obligamos», subraya González. «Siempre procuramos que los servicios sociales estén al corriente de lo que está pasando». González colabora estos días en el centro con unas 40 camas que ha abierto Cruz Roja en unas instalaciones en General Concha y que forma parte del refuerzo del dispositivo invernal. Allí «los voluntarios apoyamos a los educadores de calle que reciben a las personas sin hogar que nos envía el Ayuntamiento». Les hacen compañía, «charlamos con ellos... se trata de que no lleguen y se metan directamente en la cama. Abrimos hace un mes y está siempre lleno».

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