Un pueblo navegable

El temporal castiga la zona de Gernika

Un pueblo navegable
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Contaba Camba que en Nueva York bastaba con que nevase un poco para que el Ayuntamiento interrumpiese el tráfico, ocasionando así grandes atascos, asombrosos accidentes y abundantes pérdidas económicas. A partir de entonces, la municipalidad concentraba todos sus esfuerzos en no retirar la nieve de las calles, lo que provocaba que la gente no dejase de resbalar y partirse la crisma. El resultado era que, a las pocas horas, la nevada se había transformado en un acontecimiento y en todo el planeta se comentaban las noticias de «la gran nevada de Nueva York», extendiéndose la certeza de que aquella ciudad resultaba grandiosa también en sus catástrofes. Estando en Nueva York y comprobando que nevaba, pero tampoco era para tanto, Camba se asombraba del «partido enorme» que aquella gente le sacaba al temporal.

Reconozcámoslo: nosotros no dominamos tan bien el arte de que te pase por encima la meteorología. A veces se nos ve desacompasados. Como cuando lanzamos esas alertas tremebundas, aterradoras, y luego resulta que solo hace un poco de mal tiempo, que hay que abrigarse, que siendo enero agarra y nieva en Soria. Otras veces lo que pasa es lo contrario: el mal tiempo sobrepasa las previsiones y nos pilla de improviso, causando serios problemas. Sucedió el jueves en la zona de Gernika y las imágenes fueron de verdad impactantes. Muxika no solo se volvió de pronto un pueblo costero. Se volvió uno navegable.

El alcalde de Muxika ha explicado que no recibieron ninguna clase de aviso. Los meteorólogos aseguran que lo que ocurrió era imprevisible. También que semejante montón de agua cayendo en un espacio tan corto de tiempo desborda cauces como el del río Oka de un modo indefectible. Ibone Bengoetxea visitó ayer el pueblo y felicitó a los servicios de emergencia por el trabajo realizado. Si hay que elegir entre las alertas y los bomberos, es mejor que no anden finas las alertas. Lo bueno es que el diluvio del jueves solo causó daños materiales y eso es algo que puede resolverse con papeleos, peritajes y compensaciones. Pero ahí también importa la eficacia. Mientras achican el agua, en Muxika estarán pensando que no vendría mal que los señores de los seguros llegasen también con las sirenas puestas, saltándose los semáforos, gritando que no hay un segundo que perder.

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