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La FP se consolida como una opción llena de salidas laborales

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Avelino Gómez
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Existen vocaciones muy sólidas y tempranas, pero es raro que alguien esté seguro a los cinco años de que su única opción vital pasa por ser técnico superior en desarrollo de proyectos de instalaciones térmicas y de fluidos. Imaginen a ese niño diciéndoles a sus padres antes de dormir que el de Pulgarcito no, que le lean mejor un cuento sobre instalaciones frigoríficas. La misteriosa infinitud del mundo laboral es uno de los factores que pueden transformar el momento de escoger estudios superiores en una lotería biográfica.

La biografía en sí misma es otro de ellos. Si lo piensan, uno debería decidir qué estudiar a los sesenta y cinco años. Por razones obvias, no puede hacerse así. La decisión clave hay que tomarla con dieciocho. Si buscan sus fotos de la época, comprobarán los riesgos que eso implica: ¿Cómo va a escoger un futuro profesional alguien que solo escogiendo la ropa del armario ya es capaz de hacerse tantísimo daño? «No se me ocurrió otra cosa», «el campus me pillaba a mano» o «se matricularon también mis colegas Chasis y Pitoniso» serían algunas de las respuestas que deberían aparecer en cualquier estudio sincero sobre juventud y estudios superiores. Lo que no quiere decir -la naturaleza humana es un desbarajuste- que quien se matriculó en Derecho por las fiestas que se organizaban en la facultad no sea hoy magistrado del Supremo.

Una manera de evitar los errores consiste en conocer mejor las opciones. A ese respecto, mejorar el prestigio de la Formación Profesional era algo necesario en un país que en las últimas décadas, más que dirigir a los jóvenes a la universidad, ha parecido volcarlos en ella. La FP cargaba mientras tanto con la fama de ser una especie de segunda división académica y de estar destinada a quienes no eran buenos estudiantes. A cambio, el prejuicio popular reconocía que en la FP sí te enseñaban a hacer cosas, lo que facilitaba enormemente que después te incorporases al mundo laboral.

Los datos siguen atestiguando esta idea general, lo que es bueno en sí mismo, pero quizá sea aún mejor que el cliché va decayendo. Y que, a la hora de elegir, surja la FP como una opción más. Una moderna, variada e interesante, con ciclos formativos a los que uno hasta se apuntaría con sesenta y cinco años, cuando ya tuviese cierta idea de qué hacer con su vida.

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