«El problema no es la oficina, sino llegar allí cada mañana»

Alberdi, en las oficinas forales de la plaza Zabalburu. /S. G.
Alberdi, en las oficinas forales de la plaza Zabalburu. / S. G.
Miguel Alberdi I Administrativo en la Diputación

«Siempre he sabido dónde había una baldosa más alta que otra, aunque mis problemas de equilibrio se acusaron a partir de 2003. Lo notaba yo y empezaron a notarlo los demás, que me veían como la torre de Pisa». Miguel Alberdi no es amigo de paños calientes y sabe que los dos bastones han entrado en su vida para quedarse y que «el siguiente paso será, espero que tarde mucho, la silla de ruedas». Sufre paraparesia espástica familiar, una enfermedad rara de origen neurológico que guarda siniestras similitudes con el ELA o la esclerosis múltiple. «Lo mío es como el ABS del coche: la mente te detiene constantemente cuando ve que algo no va bien».

En resumen

36% de discapacidad
Paraparesia espástica familiar. También conocida como síndrome de Strümpell-Lorrain, es una enfermedad rara que afecta a 5 de cada 10.000 personas. Se caracteriza por un grupo de desórdenes de origen neurológico que causa rigidez severa y debilidad en las piernas. Se transmite de forma hereditaria.

A este vecino de Ugao-Miraballes de 51 años lo que le representa un esfuerzo no es el trabajo, «sino llegar aquí cada mañana y marcharme cuando he acabado. Me siento como si cargara una mochila de 50 kilos». Y sabe de lo que habla, porque cuando era más joven, antes de que el destino le diera alcance, hacía ejercicio y andaba en bicicleta de montaña, «aunque siempre llegaba el último». Miguel es administrativo en el Departamento de Empleo, Inclusión Social, Mujer e Igualdad de la Diputación de Bizkaia, donde se ocupa del papeleo derivado de los asistentes sociales. «Trabajo sentado, el espacio es diáfano y me apaño. Además, mi relación con los compañeros es cordial y cuando hay que levantar algún archivo no falta quien se acerca y me echa una mano».

Miguel sabe que el tiempo juega en su contra. «No nado contracorriente, pero sí voy por el carril de los lentos. Y que conste que lo digo desde mi pequeño púlpito. Igual cuando tenga que ir en silla de ruedas lo veo de otra forma».

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