«Los polizones me han entrado cuatro veces en casa»

Un campamento de los inmigrantes./Sergio Marcos
Un campamento de los inmigrantes. / Sergio Marcos

Vecinos de Zierbena atribuyen a los inmigrantes que esperan para colarse en el ferry la oleada de robos y allanamientos. «Nos sentimos desprotegidos»

SOLANGE VÁZQUEZ

Yolanda Piñeiro vive habitualmente en Cruces, pero hace años adquirió una segunda vivienda en Zierbena, un buen lugar para dejar que la brisa del mar barra el estrés del día a día. Pero, en los últimos meses, su retiro ya no tiene nada de plácido. Desde el pasado junio, han allanado su vivienda cuatro veces, aprovechando los días que estaba vacía. En todas estas ocasiones, la reconfortante rutina de llegar al hogar se ha convertido en una pesadilla. «Al entrar ves que los muebles están cambiados de sitio, que los han movido a su gusto. Las ventanas, rotas. Hay botellas en el suelo, vasos por todos lados, platos sucios... Ya son cuatro veces, ¡ y hasta se han cortado el pelo aquí!». ¿Quiénes son los intrusos? Yolanda, vecinos del pueblo y agentes de policía que hablan de forma extraoficial coinciden en apuntar hacia la misma dirección: «Son grupos de albaneses, de los que hay por la zona, que esperan para colarse de polizones en el ferry que sale del Puerto hacia Reino Unido... Mientras llega el momento, se meten en casas con toda la cara, como si fuesen hoteles. Que nadie se engañe: ni son refugiados, ni familias con niños».

Yolanda cree que los ‘okupas’ no son siempre los mismos. Lo que ocurre es que, entre ellos, funciona el boca a boca y ya han ‘marcado’ su casa -situada en el barrio de Paderojos, a la entrada de Zierbena- como un buen alojamiento: «Se comen lo que encuentran en la nevera, se beben todo lo del mueble bar y, al irse, se llevan mantas, edredones nórdicos y prendas de ropa. Hasta calzoncillos de mi hijo han cogido». La primera vez fue en junio -en aquella ocasión se llevaron «cosas de camping y una bici»-, luego realizaron otra incursión en diciembre y el mes pasado, en enero, entraron en dos ocasiones. «Estoy harta», resume.

La familia que ha sufrido cuatro allanamientos mira al Superpuerto desde su casa.
La familia que ha sufrido cuatro allanamientos mira al Superpuerto desde su casa. / Sergio Marcos

Yolanda ha llamado a la Ertzaintza en las cuatro ocasiones y ha presentado las correspondientes denuncias, aunque sabe que, a no ser que pillen a los intrusos ‘in fraganti’, poco se puede hacer. «Nos sentimos desprotegidos», subraya. También ha puesto el problema en conocimiento del Ayuntamiento marinero: «Me dicen que lo sienten mucho, pero nada más». Y la situación sigue igual. «Un vecino que tiene una casa en construcción ha tenido que tapiar las ventanas para evitar que entren, a otro le han roto un canalón porque trepaban por él para entrar...», relata esta mujer en un suma y sigue que en Zierbena ya se ha convertido en una cantinela habitual.

El dato

3.800
inmigrantes fueron pillados en 2017 tratando de colarse al ferry.

La creciente presencia de inmigrantes no ha pasado desapercibida para nadie en el pueblo, ni tampoco para la Guardia Civil. Según datos del instituto armado, el año pasado se interceptaron en el Puerto a más de 3.800 personas procedentes de otros países, sobre todo de Albania, que intentaban colarse en el ferry. Estas cifras multiplican por diez las del año anterior. Así, no es raro verles acampados en las inmediaciones de la zona franca y paseando por Zierbena. O en el barrio de Yolanda, por donde van «en cuadrillas de cuatro o cinco y al acecho, vigilando para saber qué casas se quedan vacías y los horarios de los dueños», insiste Yolanda, quien asegura que en el pueblo hay malestar y miedo. «Tengo vecinos que trabajan hasta tarde y llegan a casa de madrugada. Me dicen que están asustados de lo que se puedan encontrar al abrir la puerta», lamenta. Por eso, aunque era reticente a ello, ha colocado barrotes en las ventanas y ha instalado una alarma, para ver si así puede volver a sentirse segura en su propia casa.

Parrillada nocturna

Las casas vacías no han sido los únicos lugares visitados por los polizones. Un conocido restaurante del pueblo también fue escenario de una situación peculiar. El mes pasado, un grupo de personas entró en el recinto por la noche, cogió carbón, encendió las parrillas y se preparó un banquete. Además, según fuentes cercanas al caso, «se llevaron la carne de las cámaras frigoríficas».

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