El Correo

Huida hacia ninguna parte

Manifestación independentista en Catalunya.

Manifestación independentista en Catalunya. / Reuters

  • OPINIÓN

  • Las fuerzas políticas del independentismo catalán, bajo lupa

El independentismo catalán ha consumado su escalada en la provocación a la legalidad y al despropósito político con una huida hacia adelante que sus promotores saben que no les llevará a ninguna parte. Junts pel Sí y la CUP, con los restos como invitados en segunda mesa de la que fue un partido serio, Convergencia Democrática (CDC) -hoy convertido en una olla de grillos bajo las enrevesadas siglas de PDeCAT– y bajo la férula de una marioneta despeinada y desbordada por el fanatismo que funge de president de la Generalitat, Carles Puigdemont, han escenificado el gran delirio de su empeño por dividir a la sociedad catalana y, sobre todo, crear un conflicto que satisfaga su aspiración de víctimas de un autoritarismo que no existe.

Fue un espectáculo de corte tercermundista –con todos los respetos para los esfuerzos de algunas sociedades del Tercer Mundo que ejemplifican su compartimiento democrático– que pasará a la historia ya larga de las aspiraciones de algunos catalanes por enfrentar el rumbo de los tiempos y crear una República propia donde sus jefes puedan manejar a su voluntad a la Justicia e imponer un antisistema que permita someter a los descontentos al aislacionismo y a experiencias como la cubana o la venezolana; una situación que acabe con el progreso, la presencia en la UE y el estado del bienestar a cambio del gustazo de recrearse en el resentimiento contra lo que desprecian, llámese España, llámese democracia representativa, llámese europeísmo.

El proyecto de referéndum presentado extramuros del Parlament parte de cualquier género de legitimidad y de coherencia. Empieza por auto atribuirse libremente el carácter de Ley Suprema sin que para ello cuente con algo tan elemental como son el respaldo de una base jurídica sólida, el respaldo de un mínimo de representantes y de una mayoría de ciudadanos. Para la inmediata aplicación del referéndum anunciado unilateralmente para el primero de Octubre, es decir, para su validez y la proclamación de la independencia, ni siquiera se contempla una participación mayoritaria de votantes. Simplificando, bastaría que mil votasen sí frente a novecientos no con seis millones de abstenciones para darlo por bueno. No se respetan las leyes pero tampoco las formas ni siquiera la imagen.

Llegado el momento en que la tan de moda postverdad someta el espectáculo a un análisis retrospectivo serio quedará bien claro que las legítimas reivindicaciones independentistas de Cataluña han acabado convertidas en un ejercicio de filibusterismo entre cómico y deleznable. La huida a ninguna parte que acaba de escuchar el disparo de salida es simple y llanamente una provocación para forzar reacciones capaces de dar la impresión de que es cierto lo que sus promotores intentan que les sirva de argumento. Las pretensiones independentistas de algunos catalanes ya han sido reiteradamente condenadas y rechazadas por la Comunidad Internacional, pero sus líderes no se conforman con el desdén con que se les escucha fuera, pretenden que su rubor ante el fracaso les embriague.

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