Pobre Pasteur

Se retira una marca vasca de queso por un caso de meningitis

Pobre Pasteur
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Hace no tanto no era tan extraño que una comida familiar, una merienda escolar o un picnic entre amigos terminase con todo el mundo en el hospital y fatalísimo, maldiciendo una tortilla en concreto, recordando la mirada siniestra de unos langostinos o elevando la ensaladilla de la tía Manoli a la categoría de arma de destrucción masiva estomacal. Quién no ha conocido casos semejantes. O quién no los protagonizó y siente todavía hoy una mezcla de terror, odio y prevención cuando en un menú detecta un alimento en particular, el mismo que aquella vez le puso a morir. Los filósofos morales no se han ocupado del asunto, pero no deja de ser gracioso: el ser humano olvida antes una traición que una intoxicación.

Ayer supimos que la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición retiró todos los lotes de un tipo de queso de leche cruda de oveja comercializado por una empresa vasca. Sucedió tras detectarse en Madrid un caso de meningitis que podría estar relacionado con la ingesta de este queso en concreto. Parece que el afectado por la intoxicación se recupera bien y las autoridades intentan que quien haya adquirido el producto no lo consuma. Al mismo tiempo, recomiendan a quien haya podido merendárselo que acuda a un centro de salud si nota algo extraño. No parece poca cosa que uno pueda pasar así del postre a la meningitis; pero del mismo modo deberíamos valorar cómo funcionan las alertas sanitarias y la trazabilidad de los productos, facilitando la identificación de un alimento problemático y el consiguiente aviso a los consumidores.

Hay estadísticas que indican que entre 2005 y 2015 las intoxicaciones alimentarias descendieron un 60%. Es un dato asombroso. Lo que parece claro es que lo que un día fue algo habitual se ha convertido en algo infrecuente. No dejamos de comer, a veces las cosas más extrañas en los lugares más insospechados, y no nos intoxicamos. Salta a los ojos que el sistema funciona. Por eso sorprende que le gente vea ‘Salvados’ y se trague que los animales enfermos que están en el lazareto de una granja cárnica, para ser en su mayoría sacrificados, llegan a nuestras mesas. Será por eso por lo que el botulismo nos hace pensar en novelas de piratas. Aunque luego, pese a tantas evidencias, nos suene mejor «crudo» que «pasteurizado».

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