El Correo

El pueblo de los 80 millones de melones

Un cargamento de melones espera a ser trasladado a una nave de distribución.
Un cargamento de melones espera a ser trasladado a una nave de distribución. / RC
  • Membrilla, en La Mancha, produce el 80% de los melones que los españoles consumimos estos meses

  • Los agricultores venden el kilo a 20 céntimos; en los supermercados cuesta entre 3 y 5 veces más

  • En la A4, que une Madrid y Andalucía, los conductores paran a comprar su melón en puestecillos abiertos las 24 horas. “Ahí hay muchos melones robados”, denuncian los productores

Por la mañana oro, por la tarde plata y por la noche mata. Es lo que se suele decir del melón. “Yo creo que es porque cuando vamos al campo por la mañana temprano a recoger el melón, está fresquito de haber pasado la noche, a una temperatura perfecta de 18 o 20 grados. Y a medida que van pasando las horas, el melón, bajo el sol de La Mancha en verano, se va reblandeciendo por dentro y al llegar la noche ya no tiene esa textura crujiente del de la mañana”. Lo explica José Vicente Albert, director de Ferimel, la única feria de este fruto que hay en España y que se celebra cada dos años en Membrilla, que, a pesar del nombre, se puede considerar la capital mundial del melón.

De este pueblo manchego de seis mil vecinos, situado entre Manzanares y Valdepeñas, salen todos los años 80 millones de piezas y prácticamente todos los melones de piel de sapo (así los llaman por el aspecto de su corteza) que se consumen en España entre finales de julio y mediados de octubre. Los membrillatos se vuelcan estos días en la campaña de recogida, que aún se prolongará mes y medio más. Hay casi 20 almacenes de distribución y todas las familias tienen a alguien metido en una faena en la que suele haber más sudor que euros contantes y sonantes.

La fama del de Villaconejos

Cuenta Albert, que los agricultores pierden dinero, que venden por debajo de lo que les cuesta producir la fruta. Ayer, sin ir más lejos, el precio en origen era de 20 céntimos el kilo, es decir un melón de tres kilos y medio, el peso habitual, salía a 70 céntimos… aunque ese mismo melón en cualquier supermercado de barrio puede costar dos euros… e incluso lo puedes encontrar a seis en alguno de esos espacios ‘gourmet’. Esas exquisiteces son los famosos melones de Villaconejos, que como apostilla Albert, “te puedo asegurar que son de Membrilla. Aquí se producen entre el 80 y el 90% de los melones de La Mancha, que representan casi la mitad de la producción nacional. Hay otras provincias como Murcia o Almería que también producen melones, pero el bueno de agosto es el de La Mancha, que es el mejor melón, porque la planta necesita un calor abrasador y que no llueva, justo lo que tenemos aquí”.

Agricultores recogen melones en un campo de Membrilla

Agricultores recogen melones en un campo de Membrilla / RC

Esa temperatura extrema permite que el melón crezca prieto, el secreto de que su sabor resulte “dulce como el caramelo” y su textura, crujiente. “Y además para cualquier dieta es fantástico”, apunta el director de Ferimel, que ahora está centrado en mandar más melones manchegos al extranjero. “Solo se exporta el 5%, muy poco. Nos falta cultura de exportar y vamos a tratar de cambiar esta tendencia. Es una pena porque vas por ahí fuera y ves que el melón que triunfa en Europa es ese pequeño y amarillo que no puede competir con el sabor del nuestro”.

La autovía del melón

Los que sí ‘compiten’ con los productores manchegos son esos otros puestecillos de melones que jalonan las gasolineras de la A4, esa ‘recta’ que conecta Madrid con Andalucía. Paramos en uno de ellos, cerca de Puerto Lápice. Allí tiene montado su tenderete Massoud, un marroquí de 53 años que echa en esa estación de servicio todas las horas del día y más durante casi tres meses.

Lo que gane es lo que llevará a su familia de Marruecos para tirar el resto del año. Vende el melón a unos dos euros la pieza, 60 céntimos el kilo.

También tiene sandías y ajos, pero los melones se apelotonan en una montaña ante la que el hombre se detiene un rato para escoger el mejor para este viajero. Antes me ofrece una cala. Está sabrosísima. Junto al puesto, una pequeña furgoneta en la que duerme de madrugada, cuando la clientela se deja caer con cuentagotas. Pero si siente las pisadas del cliente, él se levanta y abre la portezuela.

A Massoud no le pregunto por la procedencia de los melones. Mejor. El director de Ferimel sostiene que muchos de los que se venden en esas gasolineras son robados o comprados a muy bajo precio en los almacenes donde se descartan los peores. Según los agricultores, entre el 5 y el 10% de los que producen acaban siendo robados, entre 4 y 8 millones de piezas. “El de la falta de seguridad y vigilancia en el campo es un problema que nos deja muchas pérdidas”, se lamentan.