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Canal de Utrecht con bicicletas aparcadas a los lados.

Los ciclistas, dioses intocables en Utrecht

  • Un paseo en bicicleta por la ciudad holandesa, punto de salida del Tour de Francia este año, con paradas en sus principales reclamos turísticos

4 de julio. Cita ineludible para los amantes del ciclismo y todo aquel que haya soñado alguna vez con pedalear por los Países Bajos. El Tour de Francia saldrá ese día desde la bella ciudad holandesa de Utrecht. Sus históricas y empedradas calles darán cobijo al pelotón y a miles de aficionados. La ronda gala arrancará con una contrarreloj individual de 14 kilómetros, con una parte técnica entre callejuelas históricas y otra de potencia total por las avenidas del campus universitario. Pese a no tener montañas alrededor, ni siquiera una sola colina con esforzadas pendientes, los habitantes de la localidad adoran este deporte. La bicicleta se hace omnipresente en cualquiera de sus rincones. Os proponemos un sencillo paseo a pedales para conocer los puntos más llamativos de la etapa inicial de la 'Grande Boucle' y también todo aquello que no te puedes perder si vas a acudir a la deportiva efeméride.

Utrecht se ubica a sólo 40 kilómetros al sureste de Amsterdam. A la capital holandesa se puede llegar fácilmente desde Loiu. La compañía KLM cuenta con dos vuelos diarios en verano entre el aeropuerto de Schipol y 'La Paloma'. Lo primero que sorprende de la ciudad que acogerá la salida de la ronda gala es la tranquilidad que respira su parte histórica. Surcada por dos canales principales, sus calles y negocios se asoman a los cursos de agua buscando guarecerse del bullicio exterior. Hay multitud de tiendas y también un buen número de bares y restaurantes.

Por la noche, estos locales son el punto de reunión de las gentes de la ciudad y el lugar ideal para tomarse una cerveza. Pero, como siempre, se hace necesario pedalear un poco antes de ganarnos el derecho a refrescarnos la garganta. Hay varios negocios en el centro para alquilar bicicletas. Cualquiera es bueno. El precio es realmente económico. Por cerca de 10 euros puedes hacerte con una montura del tipo holandés: totalmente de paseo, con ruedas estrechas y grandes y un manillar muy cómodo. No esperes que te dejen un casco. Aquí nadie lo lleva. Algo increíble pero a lo que hay que acostumbrarse.

Circular por sus calles es sumergirte en un disparatado pero divertido caos: la gente pedalea a toda velocidad, y lo hace por cualquier esquina sin ningún sentido del peligro ni de la prioridad. Eso sí, con los pocos coches con los que nos cruzamos, nos percatamos de que su actitud es de total sumisión al ciclista. El respeto es absoluto. La gente que se desplaza sobre dos ruedas son dioses intocables en Utrecht.

La casa del Papa Adrián Florensz

Un buen comienzo es arrancar la visita en la Catedral. Cuenta con la torre más alta de Holanda, de 120 metros de altura. Se pueden subir sus 465 escalones para alcanzar su cúspide y contemplar unas extraordinarias vistas. El campanario se encuentra exento desde que un potente viento huracanado destrozara parte del templo hace cinco siglos.

Con todo, nosotros elegimos otro punto de partida, una lugar también muy característico: la casa del Papa Adrián Florensz, también conocido como Adriano de Utrecht. Levantada hacia 1520, la vivienda, un imponente palacio de ladrillo rojo, con un puente que conduce a su entrada y salva el canal, tiene un embrujo especial y esconde entre sus muros historias que siempre asombran a sus visitantes. Fue construida por orden del único pontífice católico que ha tenido Holanda (las ideas protestantes prendieron pronto en los Países Bajos). Sin embargo, el pobre Adrián, que fue preceptor del emperador Carlos V, nunca llegó a vivir en ella. Se cree que murió envenenado por intrigas palaciegas, tras pasar menos de un año al frente de la Iglesia de Roma.

Comenzamos a pedalear siguiendo el canal de Nieuwegracht, punto que tocará el prólogo del Tour. Paseamos junto a casas medievales muy bajas, de sólo una o dos alturas. Circulamos por una calle empedrada. Bajo nuestras ruedas se encuentran las famosas lonjas o estructuras que los habitantes de Utretch fueron construyendo a lo largo de los siglos para almacenar y recepcionar la carga que bajaba por los canales. Hoy en día, muchos de estos habitáculos han sido reformados como pequeños txokos o bares.

La casa Rietveld-Schröder

No tardamos mucho en dejar atrás el casco histórico. Tras cruzar un puente y la vía férrea, nos sumergimos ahora en un barrio de inmuebles igualmente bajos, aunque con un aspecto más moderno. Es una zona claramente residencial. Nos dirigimos hacia un lugar sorprendente: la casa Rietveld-Schröder. Se trata de una vivienda que el artista holandés Gerrit Rietveld construyó para Truus Schröder, una joven viuda con tres hijos pequeños. El inmueble resulta sorprendente por su aspecto modernista y, por qué no, también futurista, con colores vivos y una fachada dominada por líneas rectas que nunca confluyen. Un lugar increíble de por sí, pero que resulta fascinante si se tiene en cuenta que fue construida ¡en 1924!

Gerrit Rietveld fue un visionario. Suplió la falta de tecnología de la época con un alarde de ingenio descomunal. La vivienda tiene detalles que dejan al visitante con la boca abierta: un buzón de cristal para saber si el cartero ha dejado alguna carta, un montacargas para bajar la comida al comedor situado en la planta baja o un sofisticado sistema para subir al tejado o desplegar las ventanas. También llama la atención el entramado de paneles modulares que permiten reacondicionar los espacios en pocos segundos. Sin duda, la vivienda no deja indiferentes a sus visitantes.

Universidad de Utrecht

Tras esta interesante parada, retomamos nuestras bicis en dirección a la Universidad de Utrecht, uno de los centros culturales más importantes de los Países Bajos y cuyo núcleo científico está embarcado en un importante proyecto europeo de innovación, investigación y desarrollo. Ciclamos por una pequeña pista asfaltada. Nos alejamos ya del casco urbano y podemos respirar el aire de la campiña holandesa. El paseo nos obsequia la vista con el verdor rebosante de sus cultivos. A lo lejos parece vislumbrarse un viejo molino.

Pronto, penetramos en el recinto universitario. El campus y su Science Park cuentan con una extensión enorme y será un escenario ideal para que los ciclistas del Tour demuestren su potencia en ese prólogo del 4 de julio: anchas avenidas y rectas eternas. Territorio Cancellara: ideal para meter el plato grande y bajar piñones hasta el infinito. Los edificios docentes son sorprendentemente modernos y aportan un animado tono de color a nuestra ruta, en contraste con el gris de la piedra y el rojo apagado del ladrillo de las construcciones del casco histórico.

En la universidad visitamos su jardín botánico, uno de los mejores de Europa. Y ponemos fin a nuestra ruta tomando un refrigerio ecológico en Daktuin, una singular terraza puesta en marcha por estudiantes en la azotea de un aparcamiento.