El Correo
Participantes en una edición anterior de la Marcha Alpina a su paso por Puentedey.
Participantes en una edición anterior de la Marcha Alpina a su paso por Puentedey.

Marcha alpina de Puentedey, en bici o a pie

  • Mostramos los secretos de este clásico recorrido por las Merindades para los amantes de la bicicleta que se celebrará el próximo 3 de agosto. Aquellos que prefieran pueden hacerlo andando

Son sólo 35 kilómetros, pero vaya 35 kilómetros... La excursión que hoy os proponemos saca a la luz una belleza única y espectacular. Exige, eso sí, un esfuerzo generoso sobre la bicicleta, ya que entraña una dureza considerable. Atravesaremos presas, un castro celta, cascadas de ensueño, frondosos hayedos y conocidos monumentos naturales. Todo ello condensado en un pequeño frasco de perfume de 35.000 metros de medida. La esencia de la BTT se disfruta este verano en la localidad burgalesa de Puentedey, donde un grupo de jóvenes entusiastas idearon hace ya doce años una marcha alpina que, hoy en día, se ha convertido en una referencia en el norte peninsular. La excursión que haremos sigue al pie de la letra el recorrido pergeñado por estos atletas hace más de una década.

Se puede afrontar el reto en solitario o en grupo, si el lector se anima y se apunta al desafío, que, como cada año, tendrá lugar el primer domingo de agosto (el día 3, esta vez). La jornada parte del mismo corazón de Puentedey, municipio ubicado a escasos 10 kilómetros de Villarcayo. Atravesamos el puente por la carretera y observamos el maravilloso monumento natural que da nombre al pueblo: la pasarela de piedra natural que salva el río Nela y sobre la que asientan sus cimientos muchas de las casas de la localidad.

Tras una breve parada reemprendemos la marcha. Salimos a la carretera para subir una cuesta de apenas 100 metros y desviarnos a la izquierda. Increíblemente pasamos por encima de las vías del abandonado ferrocarril Santander-Mediterráneo, una excelente obra de ingeniería que dejó una importante huella en el entorno. Ciclamos ahora junto al río Nela, en dirección a Brizuela, a la sombra del bosque de ribera. Este pequeño pueblo cuenta con una coqueta estación de la antigua línea férrea. Hoy ha sido reconvertida en albergue y cafetería. Merece la pena pararse a tomar algo y contemplar en su interior los objetos y fotografías históricas que allí se conservan.

Salimos de la pedanía y afrontamos la primera subida seria del día. Es un pequeño repecho de apenas 700 metros. Resulta duro y algo técnico porque pedaleamos por un angosto sendero que cuenta con un par de curvas cerradas. Al llegar al alto veremos una pequeña llanura. Una meseta que antaño albergó un castro celta. Las vistas son inmejorables. No cuesta nada imaginarse a nuestros antepasados allí acantonados y protegidos de cualquier incursión guerrera. Aún se conserva algún resto de muralla. La bajada es rápida y conduce, de nuevo al río Nela y al pueblo del mismo nombre.

Aquí atravesaremos una pequeña presa. Con un poco de suerte, no nos mojaremos. Si baja mucha agua habrá que dar un pequeño rodeo por un roquedo al que se sube desde el otro lado del puente. A continuación llegaremos a Quintanilla de Valdebodres, pero un poco antes se puede ver la Cascada de la Mea. No nos detendremos mucho, ya que afrontaremos la mayor subida del día. Remontamos una camino de piedra bastante empinado y que se va adentrando en la montaña a través de un bosque de encinas. Es el ascenso a los canales de Dulla.

El puerto termina en las conocidas muelas, desde donde hay unas vistas espectaculares. Zona silenciosa y desierta. No hay ninguna construcción durante los cuatro kilómetros de ascensión. La bajada por el paso que se conoce como ‘La Puerta’ no es nada agradable. Probablemente sea lo peor del día. El camino es pestoso y zigzaguea por toda la ladera. Hay que andarse con ojo. Una vez abajo, cogeremos una rapidísima pista en dirección a Quintanabaldo, a donde llegaremos tras juguetear con los bellos senderos de otro bosque de ribera.

En esta localidad podremos avituallarnos y coger agua fresca para afrontar otra larga subida hacia Las Pisas, un hayedo fenomenal situado no muy lejos de Soncillo. La subida es bonita y resulta fresca por la sombra y el agua, que está siempre omnipresente. La gama de verdes que se puede ver en el hayedo impresiona. Y, en invierno, la zona cuenta con varias cascadas antológicas. El otoño también es una buena época para visitar este enclave, cuando la hojarasca alfombra el suelo.

La dura ascensión termina y ahora afrontamos un terreno más favorable en dirección a la meseta de Rojo. Allí podremos ver algún vestigio de una vieja explotación petrolífera. Se adivina la torreta. Una rápida bajada nos conducirá a Villavés, un atractivo pueblo del que parte la famosa senda Valcaba, un estrecho sendero que sólo se puede recorrer a pie, caballo o en bicicleta. Atravesamos una zona boscosa. El terreno no llega a ser en dura subida, pero tampoco resulta fácil mover los pedales. Moverse en esta zona del norte de Burgos siempre requiere un notable esfuerzo. Y es que llevamos ya una buena paliza en las piernas.

Se hace larga la ruta para la gente que no está muy acostumbrada a la bicicleta. Y eso que son sólo 35 kilómetros. Pronto llegamos a Leva y aquí la marcha alpina de Puentedey ofrece una de sus caras más bellas. El hayedo que nace en este perdido rincón despliega un encanto especial. Remontaremos brevemente un par de repechos duros y nos lanzaremos por una empinadísima bajada que nos conducirá finalmente a Puentedey. Ya en nuestro destino tendremos la sensación de haber ciclado y de haber disfrutado de mucho más de 35 kilómetros.