El Correo

La ruta de los ilsos

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La GoPro capta los verdes paisajes de la ruta. / Josu García

  • El impulsor de Tracks de Euskadi nos muestra los secretos de uno de los rincones mas bellos de Las Encartaciones

Los apasionados de la bicicleta de montaña acostumbramos a buscar siempre nuevos caminos y horizontes. No resulta extraño ver cómo nos adentramos por senderos que, unas veces llevan a buen puerto, y otras, a un callejón sin salida repleto de pinchos y barro. Esto último suele ser lo más habitual. Pero en este deporte hay auténticos mineros. Personas que prospeccionan cada rincón de nuestra geografía y que no desesperan hasta encontrar la veta buena. Una de ellas es Iker Lezama. Este joven vizcaíno de 34 años se ha pateado buena parte de los montes del País Vasco durante años, encontrando verdaderos filones. Ahora, ha desempolvado esos pequeños tesoros para condensarlos en Tracks de Euskadi, un innovador proyecto de BizkaiRoute Sport Services que pone a disposición de los ciclistas las mejores singladuras en BTT por nuestra tierra.

La ruta que hoy os proponemos es una de esas joyas que forman parte del selecto proyecto ideado por Iker. El joven de Zalla, afincado en Sodupe, nos guiará por el recorrido de los ilsos -piedras centenarios que dividen los términos municipales-. Serán 40 kilómetros con vistas espectaculares a Las Encartaciones y Valle de Mena, montañas con sabor cantábrico, castros milenarios y bellos senderos camuflados. Hasta bailaremos con buitres. La excursión comienza en Sodupe, donde se encuentra ubicado el punto de encuentro que Tracks de Euskadi utiliza para reunir a sus clientes y proporcionarles todo lo necesario para una buena jornada de mountain bike.

Empezamos a pedalear con calma. El día está nublado, pero la temperatura resulta muy agradable. Partimos en dirección a Zalla por una pequeña carretera sin tráfico. Nos salimos del asfalto y pronto llegamos a una especie de depósito de aguas (en el kilómetro 1,7). Por aquí pasa el canal de Ordunte. De hecho, nos encaramamos al colector para recorrerlo durante varios cientos de metros. Esta tubería lleva el agua del pantano ubicado en el norte de Burgos hasta Bilbao. Un largo y bello recorrido, a través de Las Encartaciones.

Tras dejar la infraestructura hidráulica nos adentramos en un bonito sendero que se hace duro por la cantidad de barro que acumula. Pedaleamos en dirección al barrio de Etxebarria, entre caseríos y tierras de pastoreo y huertos. Huele a campo. Ya en Etxebarria (kilómetro 4,2) tomamos la carretera hacia San Cosme. Bajamos el ritmo e Iker comienza a contarme su historia. Relata cómo empezó a trabajar en una gran empresa tras sacarse la licenciatura de Empresariales. "Estaba a gusto, pero quería hacer algo más con mi vida", recuerda. Su verdadera pasión siempre ha sido el deporte. Fue semiprofesional en baloncesto (compartió vestuario con Javi Salgado, exjugador del Bilbao Basket) y también probó con la bicicleta.

Al final, hace cosa de un año se lanzó a montar Tracks de Euskadi. Y, aunque la cosa está todavía echando a rodar, "no me puedo quejar", sostiene. Atiende a todo tipo de propuestas, ya sean de carretera o montaña con BizkaiRoute, por locas que parezcan, incluso ha tenido un adinerado cliente estadounidense que le pidió una maratoniana excursión entre Bilbao y San Sebastián. "Nos adaptamos a todo", comenta. La charla se interrumpe al llegar a la ermita de San Juan de Berbikez (4,9 km). Un lugar que es famoso por las tradicionales casas de madera que los habitantes de Gordexola preparan en verano con motivo de una celebración que tiene un gran interés turístico. En las campas aledañas, los vecinos dedican casi un mes a levantar unas efímeras txosnas que se convierten en el epicentro de la fiesta.

Poco después giramos a la izquierda para encarar la subida de los Ilsos. Ciclamos por una pista de fácil pedaleo, entre pinos y eucaliptos. Huele a una humedad matizada por el penetrante aroma de la resina. La ascensión se puede hacer con un fuerte desarrollo metido. De hecho pedaleamos a buen ritmo. En algún momento le pedimos a Iker que afloje un poco la marcha, puesto que él está mucho más entrenado que nosotros y la ruta es larga, conviene no cebarse.

La ascensión comienza a depararnos excelentes vistas de Las Encartaciones. Culminamos el puerto justo tras dejar atrás un pequeño llano que se utiliza como pista de pruebas para aviones teledirigidos. Tras casi seis kilómetros hacemos cumbre en el Ilso Eguren. Y allí están las piedras que dividen los municipios de Gordexola, Zalla y Güeñes. A nuestros pies está Sodupe, Aranguren o Zalla y frente a nosotros los Montes de Triano y el puntiagudo hombro del Eretza.

Tras un pequeño descenso llegamos al Ilso Laguna. En los alrededores hay un monumento megalítico de gran interés. Descendemos hasta un collado, al Cruce Rigadas (km 13,5) para comenzar un nuevo ascenso. No hay tregua. Pedaleamos dirección Fuentefría, a donde llegamos tras recorrer unos 3,5 kilómetros.

La piedra de Trosmosomos.

La piedra de Trosmosomos. / Josu García

Y de Fuentefría nos dirigimos hacia un punto emblemático de la ruta: la piedra de Trosmosomos. Se trata de un monolito (conocido también como roca de Espaldaseca) de unos tres metros de altura y que cuenta con un agujero en medio. Sorprendemos a tres buitres posados justo en el roquedo que apunta al precipicio. No se asustan. Pedaleamos con ánimo de intimidarles. Las carroñeras, finalmente, acaban por remontar un vuelo que, al principio, resulta torpe, pero que termina siendo esbelto y majestuoso. La insólita imagen queda registrada en nuestra pequeña cámara Go-Pro.

Para Iker es un lugar especial. "De pequeños nos escapábamos muchas veces hasta aquí arriba; ahora suelo subir en ocasiones", afirma. "Y cuando estoy estresado pego cuatro gritos para desahogarme", relata. Lo probamos. No nos da vergüenza porque no hay nadie a nuestro alrededor. Y los buitres hace rato que han desaparecido de nuestro radar. Mi voz se pierde por el valle que hay bajo nuestros pies. Funciona. Relaja.

Proseguimos la ruta por otro paraje realmente bello. Se trata de un pequeño sendero entre un tupido bosque de coníferas (diría que son cedros, pero puede que me equivoque). Apenas penetran los rayos solares. Iker le llama 'el sendero de la luz', porque, en los días de más intensidad lumínica, algunos destellos se cuelan por entre las ramas y sorprenden al ciclista. La zona es húmedo y tiene cierta caída hacia la derecha, por lo que conviene ciclar con precaución.

Estamos cerca de la sierra de Celadilla. Vamos a iniciar un rápido descenso en dirección al barrio de Zokita, donde hay una curiosa ermita en honor a San Isidro (km 23,7). Giramos a la izquierda hacia el Cerco. Y comienza una pequeña subida que nos conduce al castro de Bolunburu (km 27,3) . Se trata de una estructura descubierta hace relativamente poco por un guarda forestal. Ocupa un alto que domina unas vistas estupendas sobre la zona. Se cree que se edificó varios siglos antes de Cristo. En la actualidad, el yacimiento está siendo recuperado. Se han reconstruido algunos muros de mampostería.

Subimos con la bicicleta hasta el centro neurálgico del castro y aprovechamos para descansar un rato y reponer fuerzas. El sol comienza a calentar. Es hora de regresar a casa. Tras un suave ascenso de poco más de un kilómetro llegamos a unas tuberías que llevan el agua del pantano de Ordunte a Bilbao (km 29,2). En mitad de la espesura se abre una trialera que nos llevará directos al área recreativa de Bolunburu. Bajamos con precaución entre piedras mojadas. El agua fluye a nuestro alrededor. No se sabe muy bien si son escorrentías, un pequeño arroyo o líquido elemento que procede de alguna fuga en las conducciones. El descenso resulta divertido.

No obstante, el azar quiere complicarnos un poco el día. El cable del cambio de mi montura se engancha en una rama y acaba seccionado. Es decir, no puedo subir piñones. Por este motivo decidimos variar la forma de nuestro regreso y volveremos a Sodupe por carretera y bidegorri. Aunque no es lo mismo que ciclar por el monte, el camino es agradable y pasamos por algunos elementos de atracción turística que tiene Las Encartaciones.

Pasamos, por ejemplo, por una antigua calzada romana en el barrio de Gobeo (km 31,2), en Zalla. Y, muy cerca (km 32,2), nos encontramos con la ermita de San Pedro Zarikete, donde hay un árbol singular: un roble -retoño del venerado árbol de Gernika- que fue plantado hacia 1910. El lugar es muy querido por los vecinos de toda la comarca. Entre otros motivos, porque antaño acudían a rezar aquellas personas que pensaban que habían sido poseídas por el diablo. Cada 1 de agosto se celebra una festividad en la que se recuerda esta tradición relacionada con el exorcismo.

En el kilómetro 33 de nuestra excursión llegamos al centro de Zalla. En concreto a la Plaza de Euskadi. En nuestras rutas no solemos prestar especial atención a las zonas urbanas, pero en el corazón de la localidad encartada hay un punto de gran interés para los ciclistas de montaña. Se trata de un lavadero municipal y gratuito construido recientemente por el Ayuntamiento, gobernado por un grupo independiente.

Uno de los gallos pintados del parque Arenatzarte, en Güeñes.

Uno de los gallos pintados del parque Arenatzarte, en Güeñes. / Josu García

La infraestructura está camuflada tras unos setos y dispone de dos mangueras con la que sacurdirnos todo el barro que hemos acumulado por los ilsos. Además hay varios tablones donde se explican algunas rutas ciclistas que se pueden realizar por el entorno. Sin duda, es un servicio prácticamente único en Euskadi y muy valorado por la gente que practicamos este deporte.

Nuestra ruta termina unos pocos kilómetros más adelante, tras haber hecho un pequeño alto en la casa consistorial de Gueñes, un edificio indiano que resulta realmente llamativo. A sus pies se encuentra el parque Arenatzarte, donde se exponen varias decenas de gallos pintados con llamativos colores. La jornada la damos por concluida en el kilómetro 42, en el BikePoint de Sodupe.