El Correo

El Camino de Santiago olvidado. Por las Merindades

El Camino de Santiago olvidado. Por las Merindades
/ FOTOS: JAVIER MUÑOZ
  • Entre los siglos IX y XII fue el más importante de los que llevaban a Compostela

  • Recorremos la cuarta etapa, entre Espinosa de los Monteros y Pedrosa de Valdeporres, en la Merindades

El Camino Olvidado de Santiago, también Camino Viejo o Camino de Montaña fue el itinerario jacobeo más antiguo (el primitivo de Oviedo a Compostela es anterior) de cuantos llevan a la tumba del Santo en Compostela. Entre los siglos IX y XII fue el más importante, antes de que el Códice Calixtino impulsara el Camino francés o de Roncesvalles.

Es una bella marcha de 18 etapas entre Bilbao y Villafranca del Bierzo, de las que dos cruzan Bizkaia y cinco Burgos por Las Merindades.

Recorren un trazado histórico que cayó en desuso y ahora ha sido recuperado. Con la señalización renovada se puede afirmar que el Camino Olvidado ha resurgido en Burgos. Quiere ser una alternativa al Francés y al del Norte. El problema son los peregrinos que llegan con cuentagostas.

En esta ocasión recorremos la cuarta etapa entre Espinosa de los Monteros y Pedrosa de Valdeporres. 27 km duros por un paisaje espectacular, donde cada pueblo recuerda su pasado medieval.

Además el tren de La Robla permite retornar al punto de partida una vez concluida la etapa.

Santa Cecilia y la Torre en Espinosa

Salida de Espinosa de los Monteros. La plaza de Sancho García, amplia y rodeada de soportales, reúne en su amplio albero el magnífico palacio de Chiloeches, edificado en el año 1600 y la iglesia de Santa Cecilia. De estilo gótico renacentista del siglo XVI con una bóveda en forma de vieira. Y el ayuntamiento, también porticado, donde está la Oficina de Turismo. Además hay bares, restaurantes, carnicerías, panaderías y la librería.

Caminamos hasta el río Trueba. Al otro lado, sobre un promontorio entre árboles se eleva el castillo de los Velasco. Medieval, del siglo XIV, destaca por sus dimensiones. Está coronado de almenas y muestra en sus muros los escudos de los Velasco. Por dentro está arruinado.

Cruzamos la pasarela y encontramos la señalización del camino. También hay otras senderistas (PR y SL). La pista de cemento sube hasta Santa Olallaa, una pedanía donde encontramos una de las joyas de las Merindades. Es la iglesia de Santa Eulalia, de estilo ramirense asturiano. Existía ya en el año 1021.

Cruzamos Santa Olalla entre ladridos de perros, boñigas, vacas y balidos de oveja, advertencia de que entramos en el mundo rural. También vemos un palacio restaurado que luce dos escudos en la fachada.

El camino (flechas amarillas y señales PR/GR) baja hacia la vía del tren y remonta de nuevo por una calzada desbrozada que lleva a Para. Pueblo escalonado con buenas casas y una pequeña iglesia consagrada a San Marcial. Tras un trecho por un precioso rebollar la ruta entra en Redondo (apeadero de la Robla). La iglesia de San Cristóbal ocupa un altillo con vistas. Custodia una la talla policromada de Santiago Apóstol.

La pista pasa sobre la vía del tren y tras una curva cerrada pasa por Herrera y Rebollar (optativo) antes de entrar en Quintanilla del Rebollar. Una población con mucha historia y mejores palacios. El primero en el Palacio Prado Mayor. Edificio del siglo XVII blasonado rodeado de un jardín. Ahora posada de postín. La fuente-lavadero de doble caño es un capricho (siglo XIX). Entre palacios y casonas subimos hasta la iglesia de San Clemente papa y mártir. Recio edificio con dos portadas, una románica y la otra gótica que guarda una imagen de Santiago Apóstol. Perteneció a la Orden Hospitalaria de los Caballeros de Jerusalén. Desde el tejo (árbol sagrado de los celtas) que se alza sobre la escalinata hay una buena vista de la población.

Las flechas conducen a la carretera y a las antiguas escuelas. Un edificio que sorprende por la originalidad de diseño. Se construyó por deseo del indiano natural del pueblo Domingo Fernández Peña que hizo fortuna en Cuba. En su testamento (1919) legó 400.000 pesetas para su edificación y mantenimiento. Fueron construidas en 1934, como rezaba una placa sobre el frontis ya desaparecida.

Ahora acoge el Centro de Interpretación del Espacio Natural de Ojo Güareña. El Camino pasa junto a ellas, cruza el aparcamiento donde se conserva el tronco seco de un descomunal quejigo y se introduce en el robledal. Seguimos la denominada 'Senda del Valle' que llega a una pasarela de madera (no cruzar). El bosque es de repoblación. Con castaños, robles autóctonos y americanos, pinos y cipreses.

Siguen un tramo donde unas labores de tala y desbroce hacen que las flechas amarillas se pierdan y un largo y entretenido sube y baja por vaguadas con sus arroyos (pueden estar recrecidos) termina en la carretera, en la entrada de Quisicedo.

Al otro lado hay una fuente. El pueblo destaca en lo alto. Subimos por una calzada (aseguran que romana) que termina en la plaza. A la derecha vemos la bolera (bolo castellano) y la iglesia de Santiago Apóstol. Románica (siglo XII) reformada en varias ocasiones.

En frente se eleva una torre medieval maciza. El panel informativo dice: ‘Esta austera y sobria torre, también conocida como torre de Pin, fue construida en el siglo XIV y formó parte del mayorazgo que fundó Pedro Fernández de Velasco en 1380, aunque desde XVII pasó a formar parte del patrimonio de la familia Gómez-Aragón’.

También vemos casas blasonadas; dos residencias de estilo indiano; una fuente del siglo XX y el bar Goiko, que acoge a los escasos peregrinos con el cariño que se merecen. Tiene Casa Rural.

Las flechas nos sacan del pueblo (fuente en la salida) por un puente sobre la vía del tren. Al otro lado hay un castaño centenario (señales). Allí comienza una ancha pista que cruza un frondoso robledal y baja a Villabáscones, por haber sido repoblado por vascones en tiempos de Alfonso I de Asturias (siglo VIII).

Caserío disperso donde se eleva la iglesia de San Esteban mártir. También hay una buena fuente (año 1908) con abrevadero.

En la salida del pueblo vemos otra barrera. Allí comienza una pista señalizada que cruza una dehesa de roble autóctono. En un alto un letrero (izd) informa de la necrópolis de San Félix. Son tumbas antropomorfas de vascones y cántabros del siglo VIII. No bajamos. Continuamos hasta la pasarela sobre las vías y la carretera. Por la acera llegamos a Quintanilla de Sotoscueva donde hay un bar-restaurante (Maygo). Más allá está Vallejo de Sotoscueva con otro restaurante (Ojo Guareña), una gasolinera y una carnicería. También la estación de La Robla (Sotoscueva).

La iglesia está dedicada a San Caprasio. De estilo cisterciense (siglo XIV) con un ábside con las marcas de los canteros medievales.

Por asfalto entramos en Entrambosríos. La iglesia de San Bartolomé queda a la izquierda. Más allá hay una fuente y al otro lado del arroyo, entre buenas casas de estilo cántabro vemos una magnífica bolera cubierta.

La ruta sube a La Parte, último pueblo de la Merindad. La iglesia de San Martín es un pequeño templo sobre una curva de la carretera, que seguimos (nos olvidamos de rodeos) hasta el alto de la Varga. A la derecha hay una torre de vigilancia de incendios y a la izquierda una cruz.

Por la derecha el Camino sigue la pista que lleva hasta el túnel de La Engaña. Quizá fue una calzada romana por la anchura y el tamaño de las losas. Es una ruta excesivamente larga.

Mejor bajar por la pista de la izquierda. Despejada al principio, pronto se interna en un túnel de avellanos y robles desbrozado recientemente. Se complica cuando llega al fondo del barranco. Tras una alambrada vadeamos el arroyo y por un pinar recrecido (dch) enlazamos con el llamado ‘Camino de Agua buena’. Es un barrizal. Con atención a los charcos llegamos a la Calle Real de Las Rozas.

El resto es asfalto. Bajada por la izquierda hasta la carretera de La Engaña. Siguen San Martín de Porres, con la iglesia dedicada al Santo. También una esbelta torre de los Velasco. Y entramos en Pedrosa de Valdeporres, donde está la estación del tren de La Robla. En su trasera hay una cantina bien aprovisionada. En la carretera, en lo que fue cuartel de la Guardia Civil está la panadería. Y en el cercano Santelices un buen restaurante.

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