El Correo

Lerma, capricho del Duque y capital del lechazo

Vita del palacio Ducal.
Vita del palacio Ducal. / FOTOS: Iñigo Muñoyerro.
  • La edificación de palacios, plazas, conventos, iglesias y puertas transformaron esta villa burgalesa entre los años 1602 y 1617

Las torres del Palacio ducal y la Colegiata de San Pedro refulgentes al atardecer sobre el mar de teja roja de Lerma son una de las vistas más espectaculares de la provincia de Burgos. Sorprenden al viajero que se acerca por la antigua carretera nacional. Cruza el río Arlanza, envuelto de choperas y mimbreras, y llega al casco urbano de la villa recostado en la ladera de un altozano.

Estamos en Lerma una población única gracias al mecenazgo de su hijo predilecto el duque Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja (1553-1625) VI marqués de Gandía y primer duque de Lerma. Ministro universal y valido del rey Felipe III (1598-1621) dotó en un tiempo récord, entre 1602 y 1617, a su villa natal con un patrimonio sorprendente. Por lo regular de las construcciones, el uso de los mismos materiales y la armonía en el ordenamiento de los edificios, puertas y el puente. Tenemos además la suerte de que ha sobrevivido a siglos de guerras, maltrato y abandono.

Conjunto histórico artístico desde 1965 es además el conjunto arquitectónico herreriano más importante de España. Superior al Escorial en Madrid.

Arco de la cárcel.

Arco de la cárcel.

Puerta de la Cárcel

Hemos llegado por el camino medieval que fue Cañada Real. Carretera nacional hasta los años 90 agrupaba restaurantes y tiendas. Ahora muchos de estos establecimientos han cerrado por falta de clientes.

Entramos en el casco histórico por el Arco de la Cárcel. Es la única puerta que se conserva de las cuatro que tuvo la villa. Está flanqueado por dos torreones cilíndricos con saeteras y en el alto se ve un añadido de ladrillo construido en 1610 para ser cárcel. El edificio es ahora la sede de la D.O. Ribera del Arlanza.

Al otro lado está la Calle Mayor, arteria principal de Lerma que llega hasta la Plaza Mayor. Es una sorpresa agradable comprobar la limpieza de las calles. Si continuamos calle arriba encontraremos (izquierda) el Casino. Fue la casa de Ramón Santillán, un joven estudiante que se unió a la tropa del Cura Merino. Llegó a ministro de hacienda y fue primer gobernador del banco de España.

Nosotros subimos por la izquierda -es una villa en cuesta- hasta la Plaza de Santa Clara. A un lado está la Colegiata de San Pedro. Fue construida en estilo renacentista con fachada herreriana sobre la antigua iglesia de San Pedro, de la que conserva las bóvedas góticas. En su consagración en 1617 hubo festejos para la Corte y los nobles, que duraron nada menos que 13 días. Sus dos órganos aún se utilizan en conciertos barrocos.

Al otro está el Convento de la Ascensión. Sus primeras ocupantes fueron las monjas franciscanas clarisas. En la actualidad lo hacen las monjas de clausura del recientemente fundado Instituto religioso Iessu Communio (Comunión de Jesús).

Mirador del Arlanza

Entre ambos se abre el Mirador de los Arcos. Está colgado de la muralla y domina la anchurosa vega del Arlanza. Al anochecer contemplaremos el vuelo de las palomas y los vencejos y el planeo de las cigüeñas. También se llama Pasadizo del Duque de Lerma por el túnel secreto que lo atraviesa.

Mirador de Arlanza.

Mirador de Arlanza.

Colegiata de San Pedro, con la intención de que nobles y clérigos pudieran desplazarse en secreto. Algunos malpensados aseguran que su objetivo era otro más mundanal.

En el año 2007 recuperaron el tramo entre los monasterios de Santa Teresa y Santa Clara. Lo que se puede visitar es un estrecho corredor elevado sobre arquerías.

En el centro de la plaza está el panteón del Cura Merino, sacerdote y guerrillero de la Guerra de la Independencia. Destacado militar, con merecida fama de cruel y despiadado, contribuyó a la derrota de Napoleón. Nació en el pueblecito burgalés de Villoviado en 1769 y murió en el destierro, en Alençon (Francia) en 1844. Luchó con los absolutistas en apoyo de Fernando VII. Al morir el rey proclamó al pretendiente Don Carlos en Burgo de Osma (1833). Tras el Convenio de Vergara (1839) huyó a Francia, donde ejerció el sacerdocio hasta su fallecimiento.

Calle arriba, ya cerca de la Plaza ducal se encuentra el convento carmelita de Santa Teresa (1617). Hoy parte del claustro alberga al ayuntamiento y en los bajos está la Oficina de Turismo. Desde ella se accede al pasadizo.

La Plaza Mayor

Caminando llegamos a la magnífica Plaza Mayor, con el Palacio ducal en un extremo. Su visión vale por toda la visita. Este espectacular recinto de cerca de 6.862 m² es una de las más grandes de España, superior a la de Salamanca. Ahora es el centro neurálgico de la villa, además de aparcamiento. Fue mercado medieval de cambistas y transacciones; coso taurino y en tiempos de Lope de Vega (1562-1635) corral de comedias. El dramaturgo la menciona en su comedia ‘La burgalesa de Lerma’: ‘Quisiera que tú hubieras visto Leonarda la hermosa plaza de Lerma, un cuadro como en pintura...’.

Conserva dos alas porticadas de casas que fueron de familias nobles, pero en su origen lo estaba en su totalidad. En un lado sur lo ocupan el Palacio ducal y monasterio de San Blas.

El Palacio fue edificado sobre el antiguo castillo medieval arruinado por el rey Alfonso entre los años 1601 y 1615 por el arquitecto Francisco de Mora, uno de los mejores artistas del renacimiento español.

Las cuatro torres

Equilibrado y majestuoso destaca por las cuatro torres en los ángulos. Lo curioso es que ningún palacio del Reino de España podía tener más de dos torres salvo los reales, pero el duque tenía tal poder en la Corte que engañó al rey Felipe III para poder edificar las dos adicionales.

Tuvo sus últimos días de gloria el año 1772. Luego cayó en el abandono. Durante la Guerra de Independencia fue cuartel de los franceses, que quemaron el artesonado y los chapiteles. Ya estaba arruinado durante la Guerra civil, cuando fue cárcel. Posteriormente ha sido almacén de trigo. Una afortunada restauración los ha convertido en un magnífico Parador Nacional.

El convento de San Blas.

El convento de San Blas.

El convento de San Blas

Junto al Palacio está el convento de San Blas, al que estuvo unido por un pasadizo volado hasta el siglo XIX. Ha albergado a las monjas dominicas desde su construcción en 1613 hasta la actualidad. Las monjas tienen un taller de cerámica.

En la plaza mayor hay varios comercios que ofrecen los productos típicos de la zona: vino del Arlanza, queso, chorizo, pan de leña, pastas, miel y morcillas. El Asador Brigante además del lechazo y el solomillo expone armas y otros objetos de la invasión napoleónica. El nombre del restaurante es un homenaje a la novela de Pío Baroja ‘El Escuadrón del Brigante’, en la que cuenta las andanzas del Cura Merino y su asalto a Lerma.