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El Ebro a su paso por Tudanca.
El Ebro a su paso por Tudanca. / FOTOS: Mauricio Martín y Javier Muñoz.

Los Tornos: La orilla burgalesa de los cañones del Ebro

  • Una excursión sencilla que comunica Cidad de Ebro con Tudanca entre encinas y sabinas centenarias

El río Ebro ha excavado a lo largo de millones de años un profundo y sinuoso cañón en las calizas del norte de Burgos. Un paisaje de hoces, escarpes y precipicios, algunos de 200 metros de caída, accesible al viajero dispuesto a realizar un pequeño esfuerzo. Es un territorio salvaje donde planean el águila, el alimoche y el buitre leonado.

Uno de los tramos más espectaculares es el camino que une Cidad de Ebro, en Manzanedo, con el aislado Tudanca, en los Altos de Dobro. La ruta es llamada Los Tornos por las curvas y permite superar el angosto desfiladero o 'cluse' que traza el Ebro. Fue tallado en la ladera por los vecinos de Tudanca, para poder acudir a los mercados de Soncillo y Villarcayo.

Puente de catorce arcos

La entrada en Cidad de Ebro impresiona. Hay que cruzar el río por un puente de catorce arcos, sin barandilla y en curva. El Ebro siempre caudaloso es profundo en la zona.

Al otro lado hay bar sobre pilotes para evitar los efectos de las avenidas. Abre todo el año. Allí está la zona de baños. También vemos el poste que señala las rutas del GR 85. El pueblo es amplio y disperso, con buenas casas de estilo montañés. Muchas han sido restauradas -algunas con poco acierto-. A la izquierda queda un palacio que luce un escudo de 1730.

En el centro de la plaza destaca una cruz de piedra del siglo XVII. Más arriba está la iglesia de San Román. Un templo modesto con ábside románico. Una placa en el atrio indica que se reedificó en el año 1603 por orden de Pedro Fernández de Velasco, señor de Manzanedo. Junto a él crece una gran morera.

Caminamos hacia lo alto del pueblo, coronado por una construcción que quiere ser un castillo. A la derecha queda la ermita de Santa María, mozárabe. Una vez arriba la señal del GR-85 nos encamina hacia el río. El sendero llanea el sotobosque de orilla. Sauces, alisos, chopos y álamos; algún roble y avellano nos sombrean mientras remontamos el Ebro. Alguna entrada arenosa quizá conserve la huella palmeada de la nutria.

Al rato (aproximadamente 40 minutos) llegamos a la Fuente Honda. Una surgencia de agua dulce que nace en la misma orilla del río. Allí está el letrero del GR. Indica 2,4 km a Tudanca.

Entre sabinas

La senda abandona el Ebro y se interna en la espesura que forman quejigos, enebros y sabinas (Juniperus thurifera). Es éste un árbol rústico y resistente. Centenario y relicto, anterior a la aparición del hombre. Los paleobotánicos confirman su presencia en los períodos Cretácico, Oligoceno y Plioceno.

El bosque es seco. Olores de resina, brezo, tomillo y romero. La pendiente sostenida nos deja en un rellano, en lo alto. La vista es reducida y la caída sobre el río vertiginosa. Hay que bajar Los Tornos. El camino serpentea y pierde altura por la ladera. Mucha piedra suelta y algún tramo derrumbado ponen a prueba nuestro equilibrio.

Una vez en el llano la senda nos lleva entre robles, sauces y encinas hasta Tudanca (1h.30’). Las pocas casas del pueblo se refugian bajo las peñas calizas en un meandro del Ebro. Grandes nogales, una playa herbosa donde corretean las gallinas y un puente peatonal por el que cruza el camino a Vallejo completan un paraje espectacular. En verano es invadido por turistas y unos pocos hijos del lugar que vuelven a casa. También por los pescadores de cangrejos que esconden los reteles en las mimbreras. Los omnipresentes buitres nos vigilan.

Pueblo incomunicado

Tudanca era un pueblo casi incomunicado fundado por los foramontanos vascones con una iglesia dedicada a Santa María Magdalena. El pueblo mantiene el aspecto rústico. El diccionario de Madoz (1850) dice que tenía 23 vecinos que vivían del cultivo de cereales y legumbres y poca ganadería. Era un paraje 'con buena ventilación y clima frío y saludable; las enfermedades comunes son inflamaciones y constipados'. Ahora son bastantes menos.

Bajo los robles hay alguna mesa con banco. En verano funciona una sociedad particular que también atiende a los visitantes.

La vuelta se hace por la ruta de venida (GR-85). El tramo de Los Tornos se endurece debido a la pendiente del tramo de los zig-zag de la cuesta hasta llegar al mirador de la sierra de Albuera. El resto es una cuesta abajo entre sabinas hasta la Fuente Honda –frecuente avistar corzos- y la sauceda que nos lleva de vuelta a Cidad de Ebro.