El Correo

Urdaibai a vista de pájaro

La espátula es el emblema de Urdaibai Bird Center.
La espátula es el emblema de Urdaibai Bird Center. / Urdaibai Bird Center
  • A solo cuatro kilómetros de Gernika se encuentra el Urdaibai Bird Center, el 'aeropuerto' internacional de las aves, una suerte de parque de atracciones para biólogos

La espátula, enorme, blanquísima, las patas oscuras... zambulle el pico, lo entreabre y, como si fuera un radar, busca en el tramo menos profundo algún pez pequeño para comer. Estamos en la marisma de Urdaibai, un ecosistema privilegiado y punto de paso en la ruta migratoria de las aves. Este magnífico entorno y su riqueza ornitológica la convierten en un auténtico 'parque de atracciones' para biólogos, naturalistas y aficionados, que echan las horas esperando ver al avetoro. «El avetoro pasa aquí el invierno pero es difícil de ver. Se coloca en la zona de carrizo, que es más parda, y se camufla perfectamente. Además, es de hábitos nocturnos, así que sale de noche y descansa de día. Cuando lo vemos es fácil reconocerlo porque tiene una forma peculiar, el cuerpo rechoncho y el cuello ancho». Se extiende encantada con las explicaciones Amaia Pérez, responsable de turismo de Urdaibai Bird Center, que abrió sus puertas en 2012 como centro de interpretación de aves, una interesante alternativa de ocio para familias y para cualquiera que disfrute con actividades en la naturaleza.

Situado a cuatro kilómetros de Gernika, una especie de paseo de la fama de pájaros flanquea la entrada al centro, donde también están habilitados merenderos para hacer un descanso si el tiempo acompaña. Magníficas fotografías de la pagaza piquirroja, la lavandera boyera, el martín pescador, el roquero solitario... reciben al visitante, que al cabo de hora y cuarto (lo que dura la visita audioguiada) será capaz de identificar entre diez aves distintas a la cerceta, con su colorido pelaje en la cabeza, o distinguir de un vistazo entre dos tipos de patos: el ánade rabudo y el silbón europeo, por ejemplo. Solo diferenciará los machos, claro, que son los que lucen un plumaje más llamativo, ya que las hembras «son todas parecidas, más parduzcas, para poder camuflarse mejor y proteger así los nidos en la época de incubación».

En estos meses fríos invernan en Urdabai decenas de especies de aves, desde los habituales cormoranes que se ven en cualquier puerto, a los carboneros, las gallinetas o las garza reales. Las localiza con el telescopio Amaia, que hace una visita personalizada para EL CORREO, que empieza con un vídeo y la observación de los mapas que recrean la ruta migratoria de las aves. En el suelo, dibujos de golondrinas nos indican el camino a seguir. Y así llegamos a la parte del mirador, una magnífica zona con ventanales enormes desde donde los visitantes observan con telescopios a las aves que habitan la marisma.

La migración de las aves es siempre de norte a sur y la época de cría, el verano, explican los responsables del centro. Y esta zona de Bizkaia, por el entorno de Pirineos y mar, «funciona como una especie de embudo por el que pasan millones de aves en su ruta migratoria». En su vuelo algunas alcanzan casi la altura de los aviones, hasta 9.000 metros. Son muy sensibles a la climatología, así que cuando se acercan temporales u olas de frío buscan refugio en la superficie, donde puedan encontrar comida y descanso, como Urdaibai. «Las marismas son como gasolineras, donde las aves paran para criar y para descansar».

En el centro de Urdaibai hay cuatro pantallas de televisión que emiten en tiempo real. Una está conectada a la marisma y registra, además, la temperatura de ese día, que es fresca, apenas 3 ó 4 grados. Las otras tres recogen imágenes de Kenya (27 grados), Noruega (-5) e Islandia (-16), cubriendo así la ruta transcontinental que recorren estos animales. «Cuando parten al norte vuelan rápido y en ocho o diez días pueden llegar a Noruega, por ejemplo. En su viaje a Senegal o Ghana igual tardan algo más, en torno a las dos semanas».

La mayoría de las aves vienen solas, pero algunas las traen. Como al águila pescadora, una especie en peligro de extinción que se quiere recuperar en Urdaibai. «Cada verano traemos una docena de pollitos de Escocia, llegan con tres semanas de vida y como son todavía muy pequeños al familiarizarse con el exterior solo ven la marisma, así que creen que han nacido aquí. Como los animales siempre crían en el lugar en el que nacen, el objetivo es que estas águilas vengan cada año a criar a Bizkaia. Un proyecto similar ya está en marcha en Huelva y allí ya han conseguido que críen. Aquí estamos esperando, sería la bomba».

Aunque el emblema de Urdaibai es la espátula. La blanca, que tiene unas 'hermanas' rosadas en Estados Unidos. Se puede ver todo el año en Urdaibai, igual que la gallineta. Durante la visita que hace ELCORREO se atisba una en la zona de bosque, aprovechando la comida que tiran al suelo con su alegre picoteo los carboneros, que todavía lucen plumaje marrón, a la espera de que el buen tiempo que está por llegar y el sol lo vuelva verde. «En invierno, como hay menos comida, ponemos varios comederos en altura, recipientes que llenamos con cacahuetes, pipas y mijo para que coman los pajaritos más pequeños», los únicos que pueden sostener el vuelo a la altura a la que están los comederos, a ojo, unos cuatro o cinco metros del suelo. «La gallineta no podría mantenerse en el aire así, es más grande y no es tan hábil». Aunque tiene sus propios recursos y sin gastar energía en el vuelo recoge agradecida los cacahuetes que caen al suelo.

Un poco más allá, una garceta común, «que se distingue por unas patas negras que acaban con un tramo amarillo, como si fueran zapatitos», y una focha común. «Estas aves son muy territoriales, cuando ponen crías en verano no dejan que nadie se acerque y espantan a cualquiera, aunque sean más grandes que ellas». Cuando llegue el buen tiempo criarán las fochas y llegarán los alcotanes, que se distinguen muy bien desde la torre de observación del centro «por lo rojizo del plumaje que tiene por abajo»; los chortilejos, «que son muy graciosos y se mueven dando saltitos»; o los correlimos y otros individuos de la familia de los limícolas, que son especialistas en buscar comida (peces pequeños gusanos, algas) en las zonas de lodo.

Pero el invierno, aunque no hay crías, también es una época magnífica para visitar Urdaibai Bird Center. «Sobre todo en días de temporal, que las aves bajan a la superficie y se ponen a resguardo en la marisma». Y el público, a resguardo también, observando su quehacer desde el centro con el telescopio.

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