El Correo

Basajaun en sus dominios de Zeanuri

Fresno de Lexarreta.
Fresno de Lexarreta. / Fotos: M. Villota y J. Rubines
  • Paseo por las campas de Arimekorta para descubrir, fresnos, tejos y hayedos, dignos del señor de los bosques

Uno de los genios mitológicos más reconocibles es, sin duda, Basajaun. Lo describen como un gigante de fuerza descomunal y gran agilidad, con abundante pelo. En ocasiones tiene las piernas rojas, otras veces una pierna tiene forma de pezuña o de tronco de árbol. En cualquier caso, es el dueño y señor de los bosques, guardián de la foresta y de los rebaños, y su morada, entre otras, los valles y campiñas de Gorbeia. Basajaun defendía con firmeza los tejos y los acebos, evitando su tala y mimando su crecimiento. Si existe un sitio en Gorbeia donde admirar grandes tejos, este es Arimekorta. Partimos del parking de Saldropo, tomando la pista que encontramos a nuestra derecha, hacia Gorbeiagane, siguiendo las marcas de gran recorrido dirección Atxuri. El camino de gravilla se bifurca, y debemos tomar el desvío de la izquierda, haciendo caso a los hitos de piedra.

Nos adentramos entre plantaciones de coníferas, y el camino se transforma en un pequeño sendero menos marcado. Las señales rojas y blancas son a veces imperceptibles, por lo que debemos tener cuidado para no perdernos en algunos tramos. Vamos cogiendo altura, saliendo de las plantaciones de pinos, cipreses y alerces para atravesar un curioso bosquete de espino albar hasta llegar al conocido paso de Atxuri.

Después de atravesar el angosto camino rocoso que forma la visera natural giramos a la izquierda para afrontar un duro repecho justo antes de llegar a las campas de Arimekorta, un paisaje forjado por el pastoreo a lo largo del tiempo. El panorama se abre al prado y la roca, coronados por las moles calizas de Azero y Almadin, y bajo la mirada atenta de la Cruz de Gorbeia al fondo.

Avanzamos hacia el oeste dejando el cortado rocoso a nuestra derecha. Tras caminar aproximadamente un kilómetro, la silueta de un gran árbol llama nuestra atención antes de llegar a las primeras txabolas. Su porte es ancho y verrugoso, pero no muy alto. Su copa es redondeada y muy armónica, pero sus ramas principales son delgadas, debido a las podas de trasmocheo o escamondeo a las que se ha visto sometido a lo largo de decenios. El fresno de Lexarreta se alza majestuoso ante el montañero.

Los fresnos se consideran árboles benditos porque, dicen, protegen de las tormentas. Han sido una fuente importante de comida para el ganado, por ello se realizaban podas periódicas cada pocos años que permitían aprovechar ramas y hojas tiernas. Con su madera se realizaban azadas y hachas, y también bastones. Tras él, encontramos la primera txabola, la de Lexarreta.

El amigo de los tejos

Vamos ahora en busca del legado de Basajaun, recorriendo algunos de los mayores tejos de Gorbeia. Detrás de Lexarreta (lizarra es freno en euskera) encontramos los primeros ejemplos. Seguimos el sendero de montaña hasta el refugio de Agiñeta, y no lejos el de Agiñarte. Entre ambas edificaciones descansa el mayor de los tejos de la zona, catalogado como árbol singular por el Gobierno Vasco: el tejo de Agiñarte, con 4,28 metros de perímetro. Goza de un gran estado de salud, y su copa frondosa genera un espacio reconfortante. Su corteza columnar y escamosa tiene el carácter del paso del tiempo. Su presencia da nombre a los topónimos cercanos (tejo en euskera se dice hagin) y su presencia en el paisaje de campiña es muy anterior a la mismísima cruz y la tradición montañera.

Tras la txabola de Agiñarte, otro gran tejo sobresale sobre el resto, con 4,10 metros de diámetro, y varios acebos resisten el azote incesante del viento, que ha modelado su copa. Continuamos dirección oeste acercándonos de nuevo al cortado hasta llegar a la txabola de Aginalde, que como su nombre indica se encuentra junto a un tejo, el tejo de Aginalde o de Arimekorta. Con sus cuatro metros de perímetro es el segundo árbol catalogado de la zona. Un cercado perimetral evita que el ganado roce su corteza, ya que su estado de salud es más precario, estando parte de su tronco muerto y su copa descompensada.

Volvemos al paso de Atxuri para descender sobre nuestros pasos hasta el inicio del recorrido. Basajaun tenía varias moradas conocidas en Zeanuri, una de ellas eran los bosques de Lambreabe, un profundo barranco entre Aldamin y Lekanda. El fértil valle, que antaño estaba poblado por centenarias hayas se ha ido modificando y los bosques autóctonos han dado paso a plantaciones de coníferas.

Hayedos mitológicos

Sin embargo, podemos encontrar todavía algún retazo de estos hayedos mitológicos. Partiendo del parking de Saldropo debemos tomar la pista asfaltada que sale a su derecha durante 700 metros, para coger una senda forestal que sale a la izquierda. Ésta va girando progresivamente hasta que un sonido relajante hace que nos detengamos de repente. Se trata de la cascada de Uguna, un fabuloso remanso de paz en el hayedo de Uguzpe.

Las hayas trasmochas, hijas del tiempo de los ferrones y los carboneros, con sus troncos teñidos de musgo y sus formas grotescas, evocan épocas en que los seres de leyenda cuidaban de nuestros bosques autóctonos.

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