El Correo

El poblado de La Hoya, la Numancia vasca

El poblado de La Hoya, la Numancia vasca
  • Recorrido de 3.000 años de historia con final en una bodega riojana o con degustación de hamburguesas de buey Wagyu sin salir de Laguardia

La Rioja Alavesa atesora un legado histórico extraordinario. Algunos de sus vestigios datan de lo más oscuro de los tiempos, como sus espectaculares monumentos megalíticos, y otros de épocas más recientes, como algunos bellos conjuntos medievales. A todos ellos se le suma uno de los yacimientos más importantes del País Vasco, el poblado celtibérico de La Hoya -muy cercano a la localidad de Laguardia-, que estuvo ocupado durante mil años. Esta ciudad amurallada llegó a contar con edificios de culto, otros destinados a reuniones, tiendas, incluso una sauna.

Si hay un poblado celtibérico conocido en la península ibérica ese es el de Numancia, así como su férrea defensa ante el ataque de los romanos. A diferencia de esta ciudad construida en un cerro cercano a la actual capital soriana, cien kilómetros más al norte, en el actual territorio alavés, se fundó otra sobre terreno llano y sin ninguna defensa natural, lo que obligó a sus habitantes a circundarlo con una muralla. No fue suficiente el grueso muro para evitar que el poblado fuera incendiado y abandonado por los que consiguieron huir. Según los investigadores que lo han estudiado a fondo, su emplazamiento en las cercanías de Laguardia se debe a encontrarse en un cruce de caminos que unía las tierras ribereñas del Ebro, en la Rioja Alavesa, con las septentrionales de la Montaña Alavesa y con los caminos que discurren en dirección este-oeste, al pie de la sierra de Cantabria.

El conocimiento de este yacimiento data de 1935. A partir de ese año se ha estudiado en varias ocasiones, aunque el mayor estudio realizado estuvo dirigido por Armando Llanos entre los años 1973-1989, Las investigaciones destacaron la importancia de las estructuras puestas al descubierto y de los datos obtenidos del poblado que han permitido conocer a fondo el proceso de creación y desarrollo, de este poblado, durante aproximadamente un milenio.

La ciudad, que ocupa 4 hectáreas (espacio equiparable a 4 campos de fútbol), se encuentra a los pies de la imponente sierra de Cantabria. En ella, según la investigación de Llanos, se constatan una serie de niveles de ocupación fundacional, con varios subniveles, cuyo inicio pudo producirse en la Edad de Bronce Medio. En esta primera fase, las construcciones y la muralla fueron de madera, y de ellas se conservan los agujeros excavados en la roca donde fueron incrustadas estas estructuras.

Más tarde, en la Edad de Hierro, se construyeron de piedra las viviendas rectangulares, de unos 60 metros cuadrados de media, sobre las que se levantaron estructuras de madera y se rellenaron los vanos con adobes. En algunos casos, indica Llanos, los suelos de tierra apisonada aparecen pintados en color rojo. Los hogares, donde se hacía el fuego en el interior de las viviendas, se ubican en el centro de la habitación, con bancos de piedra, junto a las paredes, que debieron estar revestidos de arcilla. Las casas están en su mayoría adosadas a la parte interior de la muralla, aunque también se distribuyeron hacia el centro del recinto amurallado.

Lugares de culto o reunión, tiendas y sauna

Al final de la Edad de Hierro, la llegada de nuevos pueblos produjeron grandes cambios con la introducción de elementos ibéricos, lo que supuso el desarrollo y avance en numerosos aspectos, como la agricultura. En ese momento, se estructuró y consolidó el trazado urbano del poblado con plazas y calles pavimentadas, de una anchura en algunos casos de 5,50 metros y con aceras de 1 metro, de modo que se ocupó todo el espacio interior de las murallas siguiendo un trazado reticular.

También en esta época se reafirma la muralla sobre la anterior y queda trazado de forma definitiva el perímetro del poblado. Se forman manzanas y barriadas de casas, y junto a las viviendas aparecen otros espacios dedicados a otros fines, como lugares de culto o reuniones, tiendas incluso una sauna.

Los orígenes del poblado de La Hoya se remontan, según los investigadores, a la época entre los años 1500 y 1.300 antes de Cristo, cuando pobladores indoeuropeos llegados de centroeuropa toman contacto con la población indígena residual de las culturas megalíticas existentes en la zona. En esta época, el poblado se defiende ya por una muralla de la que se conservan unos trescientos sesenta metros.

Su final debió ocurrir en los momentos iniciales de la romanización de la zona, hacia el siglo III o II antes de Cristo, con el abandono del poblado, trasladándose a otros lugares, algunos muy próximos. Los investigadores apuntan a que no fue el Imperio romano el causante del abandono del poblado. Al parece alguna tribu vecina invadió La Hoya, asesinó a un buen número de sus habitantes e incendió el pueblo. Posteriormente, los supervivientes volvieron y reconstruyeron parte del poblado en el que hubo presencia otros cien años más.

Todo el proceso del poblamiento de este lugar, con las características que definen cada momento, tanto en ajuares como en circunstancias, puede verse en el museo monográfico dedicado a este lugar, existente en el mismo yacimiento. En él se exponen ajuares, así como maquetas y abundante información gráfica, junto con la reconstrucción a tamaño natural de una de las viviendas del poblado.

Sin salir de Laguardia, es posible visitar el estanque celtibérico de La Barbacana, el mayor de Europa de la Edad de Hierro y que acumula 300.000 litros. Este pozo, como también se le denomina, está musealizado y cuenta con varios audivisaules. Para visitarlo es necesario pedir cita previa en el 945 600 218.

De unos siglos más adelante, data la torre abacial de Laguardia, una bella construcción medieval desde la que se tienen hermosas vistas del todo el contorno. La visita a todos estos lugares se puede completar con un picnic en viñedo, organizado por una empresa local, con una buena comida en una bodega o degustando hamburguesas de buey Wagyu, o Kobe. Para ello, hay que acudir al hotel Villa de Laguardia.