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Misteriosas cuevas excavadas por monjes en Treviño

Las Gobas de Laño, refugio espiritual de eremitas.
Las Gobas de Laño, refugio espiritual de eremitas.
  • Visita a las Gobas de Laño y Santorkaria, un conjunto de 31 cuevas que desde la antigüedad han cumplido diferentes finalidades, desde viviendas a refugios espirituales, iglesias o necrópolis

No es necesario viajar hasta Jerusalén para visitar lugares santos ni a la Capadocia turca para ver casas e iglesias excavadas en la roca. Mucho más cerca, el Valle Santo, en el corazón del Condado de Treviño, cuenta con un conjunto de 31 cuevas excavadas en la roca que desde la antigüedad hasta la Edad Moderna han cumplido diferentes finalidades, desde viviendas a refugios espirituales, iglesias o necrópolis.

Hay evidencias de que los abrigos que acogen la mayor parte de las cuevas eremíticas de toda la cuenca del río Ayuda se utilizaron como asentamientos ya en época prehistórica. No son muchos los restos encontrados que datan de ese tiempo, sin embargo, siglos después, tras la caída del imperio romano llegaría un periodo en la historia del que se sabe muy poco, el comprendido entre el siglo V y el VIII, del que han quedado abundantes huellas en este místico valle treviñés. Uno de los fenómenos de esos siglos fue el eremitismo, una corriente de duro ascetismo cuya perfección cristiana se alcanzaba en la soledad, en lugares recónditos y de difícil acceso.

Así es el Valle Santo, un apartado desfiladero con un farallón a cada lado horadado por 31 cuevas excavadas en la roca por los mismos monjes que las habitaron entre los siglos VI y VIII. Algunas conservan su pequeño tamaño, apenas diseñadas para alojar a una persona, aunque otras, más tarde -en los siglos VII y VIII- serían ocupadas y ampliadas por familias en las que construyeron sus viviendas.

Misteriosas cuevas excavadas por monjes en Treviño

Las cavidades transformadas en viviendas tenían una forma similar a las cabañas que se hacían en esos tiempos. Rectangulares, con techos no muy altos y en algunos casos contaban con camas y bancos hechos de piedra, de los que quedan algunos ejemplos. Las cocinas estaban en el exterior, al igual que los corrales y las áreas de trabajo.

Hacia el siglo VII, Laño se constituye como un pueblo junto a estas peñas. Y a finales del siglo VIII o principios del IX, bien por derrumbes o por causas desconocidas, el conjunto de cuevas comienza a ser abandonado y la población se traslada a Laño. Una vez abandonadas las cuevas se comienzan a modificar para dar cabida a las sepulturas humanas. De la necrópolis treviñesa se conservan tumbas de tres tipos. Las trapezoidales o de bañera, excavadas en el suelo donde se depositaba al difunto cubierto por una tela, y que con frecuencia eran tapadas mediante losas. Los nichos, abiertos en las paredes de las cuevas y las antropomorfas, iguales que las de bañera pero en vez de ser cuadradas tienen un saliente para colocar la cabeza del difunto.

Bien de Interés Cultural

El uso cementerial de Las Gobas pervive hasta el siglo XI, cuando el conjunto arqueológico es abandonado, siendo utilizado durante los siglos posteriores para usos tan diversos como lugar para la custodia de ganados, graneros o almacenes, entre otros.

Con posterioridad, en el siglo XVI, las cuevas se adaptaron para convertirse en encerraderos de ganado. Recientemente, algunos desprendimientos de roca y actos vandálicos, así como la vegetación crecida tras su definitivo abandono, han hecho que el aspecto actual de Las Gobas sea distinto al que tuvieron antaño. Sin embargo, su singularidad llevó a declarar este complejo rupestre en Bien de Interés Cultural en junio de 1978.

Una tumba antropomorfa.

Una tumba antropomorfa. / S. C.

En la actualidad, el conjunto rupestre está señalizado y cuenta con varios paneles explicativos para que la visita sea completa. En un simple paseo por las dos líneas de cuevas, en las que es posible examinar su interior se aprecian otras cavidades a varios metros del suelo e inaccesibles. Se trata de almacenes de alimentos y de otros objetos a los que sólo se accedía mediante escaleras. De estos almacenes, se sabe que estaban compartimentados y que pudieron servir de celdas de castigo incluso de espacios alejados para hacer retiros espirituales en ciertos momentos litúrgicos.

Algunas de las cuevas, la mayoría, también fueron iglesias y se distinguen del resto porque son las más grandes y tienen los techos más altos. Todas ellas tienen ábside e incluso en algunas hay restos de sus altares. Estas iglesias tenían el mismo aspecto interior que los pequeños templos realizados al aire libre. Algunas cuentan con ábside e incluso con contra-ábside.