Percepciones

Los delitos aumentaron un 1,8% el año pasado

Percepciones
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Exceptuando criminólogos y amigos de las víctimas, ¿quién recuerda los homicidios que se cometieron en Bilbao en 2016? Fueron tres y fue anteayer, pero no han dejado huella en la memoria colectiva. El olvido es un motor indiferente. Lo advirtió Szymborska en un poema revelador: «Quizá no exista un lugar que no haya sido un campo de batalla».

Es la clase de verdad a la que puede apelar un poeta, pero no un concejal de Seguridad Ciudadana. Gajes del oficio. Ayer Tomás del Hierro presentó los datos de delincuencia del año pasado. Las cifras indican un incremento del 1,8% en el número de delitos. El titular municipal destaca el «descenso generalizado de los delitos estratégicos».

Entre esos delitos están los homicidios, que pasaron de tres a uno. El problema es que ese uno fue la muerte de Ibon Urrengoetxea, la víspera de Nochebuena, entre el puente del Arenal y la calle Navarra, durante un asalto protagonizado por dos menores. A diferencia de los tres homicidios de 2016 -que tuvieron lugar en el ámbito familiar, dentro del domicilio de las víctimas y, por decirlo de algún modo, dentro también de sus biografías-, esta vez el campo de batalla fue el centro de la ciudad y la víctima pudo haber sido cualquiera que hubiese salido a celebrar una cena navideña.

Esa inevitable proyección personal, unida a otros factores como la edad de los delincuentes implicados y los graves sucesos que vinieron después, explican por qué pasará el tiempo y el único homicidio de 2017 no se olvidará fácilmente. Bilbao sigue siendo un lugar seguro, pero el efecto tranquilizador de las cifras es limitado. El viceconsejero de Seguridad, Josu Zubiaga, describió ayer lo que ocurre, aunque sin detenerse mucho en ello. «Si los ciudadanos no se sienten seguros tenemos un grave problema», reconoció tras diferenciar la «tasa delincuencial» de la «seguridad percibida».

El diagnóstico es exacto: las tasas son buenas, pero la percepción no lo es tanto. Ya hay bilbaínos que ven en el Instagram de su hijo una foto de los de la catequesis (con las gorras y los dedos como si ensayasen para el accidente cerebrovascular) y se asustan porque no cabe otra banda en la ciudad. Pensé que el viceconsejero iba a decir algo sobre eso cuando anunció que iba a hablar del asunto «esperado», pero no. Pasó a lo de la inminente invasión rusa. Fútbol manda.

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