Un autobús para ir más tranquilas: «El peligro llega hasta la puerta de casa»

Iratxe, Uxue y Naiara, universitarias de 20 años, toman el G5 destino a Miribilla, donde vive una de ellas./Luis Ángel Gómez
Iratxe, Uxue y Naiara, universitarias de 20 años, toman el G5 destino a Miribilla, donde vive una de ellas. / Luis Ángel Gómez

Usuarias de Bilbobus valoran que se habiliten paradas «antiacoso», aunque creen que no acabarán totalmente con la inseguridad que padecen

EVA MOLANO

A las once de la noche, los 'gautxoris', los autobuses municipales que los fines de semana unen el centro de Bilbao y los barrios a los que no llega el metro comienzan su ruta. Es la noche del viernes y partirán, por última vez, a las dos de la madrugada desde la Plaza Circular, Canciller Ayala, Gran Vía y Moyua hacia sus destinos, antes de dormir en Elorrieta. Parejas que se marchan, chicas que vuelven pronto de copas y trabajadoras que han terminado su turno comienzan a ocupar las paradas del centro de la villa, todavía alarmada por tres crímenes recientes y donde los delitos contra la libertad sexual han experimentado un repunte del 15%. Por eso, las ocho líneas nocturnas de Bilbobus habilitarán paradas intermedias para que las mujeres acorten el recorrido hacia su destino con el fin de evitar agresiones, recogiendo una antigua demanda feminista y de los vecinos.

Nantes estrenó en 2015 las «paradas antiacoso» y Vigo lo hizo este mismo viernes. En Bilbao, la propuesta, de EH Bildu, se ha introducido en el reglamento –en fase de consulta pública–, que debe ser aprobado de forma definitiva. La medida entrará en vigor este año y está abierta también a los hombres y a personas con movilidad reducida, pero falta articular, junto a la plantilla, su ejecución. De momento, hay dos alternativas: activar paradas a «demanda» o delimitar los puntos en los que el autobús podría detenerse.

LOS DATOS

93
ataques contra la libertad sexual se registraron el año pasado en Bilbao, un 14,81% más que en 2016, cuando hubo 81 casos. 33 de ellos fueron agresiones sexuales.
La mayoría son mujeres.
Ellas son el 70% del pasaje de los autobuses. Un alto porcentaje tiene entre 31 y 64 años.
175.000 viajeros.
Los 'gautxoris' registraron el año pasado algo más de 174.700 pasajeros. Las líneas más utilizadas fueron la G5 –hacia San Adrián y Miribilla, con 27.777–, la G3 –a Larraskitu, con 27.751– y la G6 –a Zorroza- Kastrexana, con 27.564–.

A las once y media, el 'gautxori' que parte hacia La Peña comienza a enfilar un paisaje oscuro que tarda unos veinte minutos en recorrer. Las mujeres reinan entre los usuarios. Los buses nocturnos registraron 174.732 viajes el año pasado y ellas son el 70% del pasaje de Bilbobus. Melody de Dios, de 19 años, viaja con su novio. «Por las noches casi siempre me acompaña porque me da miedo ir sola. Ahora mismo me da miedo ir por cualquier sitio de Bilbao. Vivo en Santa Isabel, me bajo en la última parada y hasta casa hay seis minutos por unos parajes en los que no hay nada. Por eso siempre voy con él». Otra vecina de 78 años ha tomado la misma unidad porque «me he liado a hablar con las amigas». También aplaude que se comience a introducir la perspectiva de género en su funcionamiento «con todo lo que se oye, y más en estos barrios». Ella también se ha sentido insegura, incluso dentro de una de las unidades. «En estos autobuses nocturnos no se puede pagar con dinero. Hace un tiempo, un hombre quería montarse, pero no tenía tarjeta y venía con un niño. Me dio pena y le pasé yo. Y luego se me sentó al lado, y me empezó a decir que si yo quería me acompañaba a mi casa y me lo pagaba... en carne».

«Expuestas»

La mayoría de viajeros se apean antes de que el bus pase por Zamakola. Descansa unos diez minutos en la cabecera, un parque desolado. En la marquesina espera una mujer solitaria. Dos jóvenes suben para ir de fiesta al centro de Bilbao. La primera baja en la calle Ribera. La otra es Tatiana Valencia, de 24 años. «A esta hora la única alternativa para ir al centro es el 'gautxori', porque no hay tren», explica.

«El problema es que salgo por Moyua y me deja en Abando, así que tengo que ir andando sola, y por las noches hay gente rara por el centro». La joven opina que además de las paradas intermedias, «son muchas más las medidas que deberían tomar». «Todas estamos expuestas a las agresiones machistas en cualquier parte. A mí me pasó en el ascensor de mi casa. Tenía 14 años y mi propio vecino, de 18 años, me intentó violar. Yo subía, él bajaba, y cuando entré, comenzó a agarrarme, a besarme, y no me dejaba salir. En el cuarto, las puertas se abrieron y salí corriendo. Se lo conté a mi madre, bajó a hablar con la suya, y no se lo creía. Me sigo cruzando con él», lamenta. «El peligro está en cualquier lado, en todas partes. Incluso en la puerta de tu casa», zanja.

«Vivo a seis minutos de la última parada y casi siempre me acompañan. Me da miedo ir sola» Melody de Dios, 19 años

«La mayoría de las veces suelo coger un taxi porque me lo piden mis aitas, por precaución» iratxe bango, 20 años

En la Plaza Circular, los pasajeros esperan para tomar el G5, hasta Miribilla. Naiara Bravo, de 20 años, que vive en Zabala, está con sus amigas Iratxe Bango y Uxue Turrillos, de la misma edad. Naiara es la que más utiliza el servicio. Suele cogerlo a la misma hora los viernes, para ir a su lonja juvenil de Irala, o para volver a casa a los sábados, a eso de las cinco. «Ir a de Zabalburu a Zabala me da miedo. Antes no existía el actual G7 y con el G5 había que caminar tres minutos por San Francisco». Uxue también odia esa zona. «Tenía 14 años y estaba esperando en la parada de Juan de Garay hacia Zabalburu. Faltaba un minuto para que llegara el bus, y un señor de más de 40 que estaba al lado me empezó a tocar el pelo. Eran las cuatro de la tarde. Me quedé inmóvil. Nunca se me olvidará». Las chicas van a acompañar a Iratxe, que vive cerca de la ikastola Urretxindorra de Miribilla. Ha sentido miedo «alguna vez, yendo a casa». «Si estoy sola, suelo coger un taxi, por mis aitas». Durante el trayecto comentan que la semana pasada un hombre comenzó a increpar a una de sus amigas en Amézola. Se acercó cada vez más hasta que se puso a gritar y una señora le ahuyentó. Al día siguiente le denunció, pero le dijeron que iba a ser muy difícil localizarle, que tenía que haber ido al momento a comisaría. «Que el 'gautxori' pare más cerca de tu casa te da más seguridad, con todas las cosas que escuchas...», explica Naiara. Aun así, asegura, no podrá evitar a las pasajeras todas las situaciones desagradables que les pueden suceder por ser mujeres.

«Hace un año, cerca de mi casa, un tío de unos 35 años me empezó a atosigar, a decirme que sabía que vivía por allí. Le dije que me dejara en paz, y me fui corriendo. Empecé a llorar, me sentí invadida». Las chicas se despiden en una calle en la que no hay ni un alma y emprenden una caminata «de diez minutos» hacia su lonja. De vuelta en la Plaza Circular, Isaac Ibáñez, vecino de San Ignacio de 21 años, asegura que «nosotros también deberíamos poder beneficiarnos de esta medida. Todos estamos expuestos a agresiones». Antes de montarse, su novia señala que si las paradas intermedias solo fueran para mujeres sería «machista». «Parece que solo nosotras necesitamos protección... ellos también. Estamos en el siglo XXI».

Bilbao creará una norma para mejorar la visibilidad en portales

Andrea Trespaderne, representante del primer grupo de mujeres que asesora en el Plan General de Ordenación Urbana, señala que las paradas intermedias «pueden ayudar» a mejorar la seguridad de los recorridos al permitir acortarlos. «Sería interesante analizar qué paradas se solicitan para localizar aquellos sitios que están resultando inseguros y actuar», explica. Bilbao ha eliminado muchos de los puntos negros localizados por las mujeres en el «mapa de la ciudad prohibida» y modificado la iluminación de otros. En el futuro PGOU van a incluirse normas de diseño de portales para que no se produzcan huecos sin visibilidad, y para que su acceso se produzca por calles seguras. «Los lugares apuntados como inseguros suelen estar relacionados con pasos subterráneos, calles sin salida, urbanizaciones de uso público con soportales, zonas verdes sin caminos alternativos... Si eliminamos estos elementos, acabaremos con ellos».

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