Pedir el comodín

Pombo reconoce el desbordamiento en los servicios sociales

Pedir el comodín
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

No es frecuente que de una comparecencia municipal se extraiga una conclusión que atañe a la Diputación, pero ayer ocurrió. Va primero la conclusión: el silencio foral sobre la atención a menores no solo es clamoroso, sino que comienza a ser un problema para el Ayuntamiento. No podía pensarse otra cosa ayer, al ver al concejal de Asuntos Sociales comparecer a petición del PP para dar cuenta de una información adelantada en su día por este periódico: la existencia de un informe municipal que alertaba en 2012 de la situación que vivía uno de los menores detenidos por el crimen de Otxarkoaga.

Íñigo Pombo tuvo que responder sobre este asunto en concreto y sobre todo lo que orbita a su alrededor, que tiene que ver con posibles deficiencias en los mecanismos de atención a los menores. La oposición apretó y hubo momentos en los que el concejal parecía un tenista obligado a restar pelotazos desde el fondo de una pista que no era la suya, sino la de alguien que estaba escondido en el palco y que ni siquiera le había proporcionado una raqueta en condiciones.

No hubo grupo ayer que no terminase aludiendo a la Diputación y no hubo respuesta de Pombo en la que no se advirtiese, tras toneladas de cautela y benevolencia, una especie de energía municipal chocando contra el pétreo muro foral. «Tenemos que hablar mucho con la Diputación», llegó a conceder el concejal, que también asumió un «cierto desbordamiento» en los servicios sociales.

Tal vez eso sea más de lo que parece en el caso de Íñigo Pombo, un político infrecuente que es capaz de armar un discurso del todo infranqueable mientras sonríe, concede y titubea. El concejal apeló a la protección de la intimidad de los menores para evitar dar detalles sobre el caso concreto por el que le preguntaba el PP. Se trata de un deber que comienza a utilizarse entre nosotros de un modo bastante molesto: como un comodín para no dar ninguna explicación.

Debería poder hablarse de lo que hacen los servicios sociales sin revelar datos privados de quienes son atendidos por esos servicios. La política lo hace en otros ámbitos. Por mucho que se quiera hacer ver lo contrario, el mutismo no es una virtud moral ni tampoco lo mismo que la discreción. En realidad, solo es algo mucho más cómodo.

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