Pasar de largo

La huelga de la OTA cumple diez días

Pasar de largo
BORJA AGUDO
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Diez días después, podemos decir que la huelga de la OTA es extraña. Las partes parecen como de costumbre irreconciliables y cargadas de razón, pero la afección a la ciudadanía no adopta, como suele, la forma de un extendido inconveniente, sino la del desconcierto. Que el desconcierto sea la antesala del ‘sinpa’ en una de sus más dulces posibilidades, la administrativa, es lo que lo vuelve todo más extraño. En Bilbao los conductores se están acostumbrando a aparcar, salir del coche, pulsar la llave (bip-bip) y pasar de largo frente a la máquina de la OTA marcando el paso como Raphael, rumbosos y pintureros, como diciéndole al parquímetro: «Ahí te quedas, chato».

Sucede por supuesto que la máquina de los tickets está inutilizada, generalmente porque su pantalla está cubierta de pegatinas. Según la concesionaria, también porque ha caído el pegamento idóneo en el lugar indicado o ha explotado un petardo en la ranura peor. Conclusión: 200.000 euros en desperfectos. La concesionaria recuerda que los parquímetros, además de nuevos, son propiedad del Ayuntamiento. Al mismo tiempo, el comité de empresa anima a los conductores a no pagar por el estacionamiento y a fotografiar la pantalla impracticable, como prueba exculpatoria en caso de que llegue la sanción.

Así estamos desde el primer día y el Consistorio se encastilla en el recurso automático de la neutralidad. Esta vez se diría que no podrá hacerlo mucho tiempo. Piensen que el ciudadano, puesto frente a una máquina de la OTA, no considera que está frente a tal o cual empresa o tal o cual fuerza sindical, sino frente a algo muy distinto: el Ayuntamiento mismo.

A este respecto, resultan un poco abusivos los llamamientos a utilizar la ‘app’ municipal para pagar la OTA cuando no se dé con un parquímetro que funcione. En parte porque hay gente que no tiene un ‘smartphone’, ni puñetera falta que le hace; también porque hay gente que, teniéndolo, prefiere llenar su memoria con lo que le venga en gana y no con lo que se indica desde instancias oficiales. Pero, sobre todo, porque en casos como el que nos ocupa la tecnología puede ser un accesorio, un complemento, pero no un sustitutivo. El obispo Iceta acaba de debutar en Twitter e Instagram y ahora podrá comunicarse a través de esas redes con sus fieles. Pero no parece probable que por ello vaya a cerrar las iglesias.

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