Pájaros nocturnos

Los ‘gautxoris’ avanzan hacia las paradas intermedias

Pasajeros en un Bilbobús /Ignacio Pérez
Pasajeros en un Bilbobús / Ignacio Pérez
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Los autobuses nocturnos del fin de semana son un síntoma de progreso y civilización. Me refiero, por supuesto, a su existencia, no a su interior. Su interior suele ser más bien una balsa de la medusa. A partir de ciertas horas del viernes y el sábado, el regreso a casa tiene siempre mucho de naufragio. Los juerguistas que se repliegan tienden a resumir con eficacia una idea de demolición. Aunque suene raro, semejante derrota puede llevarse con decoro. Ha habido quien, de retirada, ha pasado varias horas intentando cederle el paso, cortésmente, a una farola. Hay también quien de noche se convierte en la peor versión de sí mismo, como si el contexto festivo determinase en su cabeza alguna clase de abolición. Y hay por supuesto quien no tiene ninguna versión buena en su interior y simplemente aprovecha la oscuridad para actuar con la mayor ventaja posible, como cualquier depredador.

En el peculiar ecosistema noctámublo, los autobuses nocturnos consiguen que la gente que sale de copas vuelva a casa en transporte público, de un modo cómodo y seguro. Entre otras cosas, por lo del si bebes no conduzcas. Ahora se intenta que los beneficios en lo tocante a la seguridad aumenten mediante la utilización de paradas intermedias. La idea consiste en que los autobuses puedan dejar a los pasajeros en el lugar más cercano a sus casas, evitándoles así, en lo posible, trayectos demasiado solitarios hasta el portal. La medida es sensata y surgió de los grupos feministas, aunque circunscribir sus beneficios a las mujeres quizá pueda resultar contraproducente, al insistir en la idea carpetovetónica del desvalimiento y la indefensión femenina.

En realidad, cualquiera que regrese solo y a las tantas prefiere entrar cuanto antes en su portal. Además de Bilbao, ya hay otros municipios que se plantean flexibilizar las paradas de los autobuses nocturnos. Parece, eso sí, que aún hay que afinar la manera de conseguirlo. La parada a demanda quizá no sea viable y los conductores insisten en que ellos tienen que tener claro dónde deben detenerse en cada ruta. Puestos a comentar, los conductores también comentan la conveniencia de que ellos mismos lleguen sanos y salvos a sus casas al final del turno. No siempre resulta fácil, por la peculiar naturaleza del servicio y por las razones anotadas en el primer párrafo.

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