Marcha al 'Paga', contra viento y marea

Una imagen de la marcha al Pagasarri./FERNANDO GÓMEZ
Una imagen de la marcha al Pagasarri. / FERNANDO GÓMEZ

La lluvia y el frío dieron tregua en la subida, pero castigaron durante el descenso a cuadrillas, familias y miles de mendizales que no fallaron a la cita

JÉSUS HERNÁNDEZ | RUTH QUEVEDO

«Para mí, el ‘Paga’ fue el comienzo del camino hacia el Himalaya, al K2 y al Everest. Y también un punto de partida para conocer nuestra historia». Lo dice una institución del montañismo como Juanjo San Sebastián, organizador de la Marcha al Pagasarri de la BBK. Es la cima más cercana, una extensión dominical del pasillo de casa de Bizkaia. «Donde subía con mi aita y ahora vengo con mi hijo». No hay más que decir.

9.05 horas.

Unos cuantos cientos de personas -de un total de 4.000 participantes inscritos- salen puntuales de la Gran Vía. Menos que otros años porque el día no está para bromas. Ha estado lloviendo toda la noche y la previsión no es alentadora. Pero pronto quedará claro que son más.

9.40 horas.

Tras casi una hora de asfalto, con desniveles muy moderados, la estación de Iberdrola en San Adrián marca una frontera entre el asfalto y la hierba. En la carretera de Larraskitu la gente va algo cansada de caminar entre coches y quiere pisar monte. El recorrido se pliega a sus deseos y gira a la izquierda por una pista.

10.05 horas.

Superados los primeros repechos, la niebla dibuja estampas bucólicas. Algunos mendizales aprovechan para sacarse selfies con Bilbao de fondo. En uno de los primeros cruces encontramos a Jon Balda poniendo orden. «A los que les veo muy cansados les recomiendo la ruta más sencilla. La que marcamos desde la organización tiene vistas muy bonitas, pasa al lado del Arnotegi y baja al parking. La otra es un atajo que te hace ganar diez minutos». El consejo vale su peso en oro porque el ascenso al ‘Paga’, el que hacen todos las domingos muchos vizcaínos, empieza en ese aparcamiento. Balda desvela el misterio de la asistencia. «He llegado aquí a la hora que salían de Gran Vía y en diez minutos ya pasaba mucha gente». Miles de personas parten de sus casas. «Yo vivo en Zabala, no voy a ir hasta la Diputación y andar dos veces», explica Aitor González, que asciende con dos amigos de la UPV.

10.15 horas.

Dejamos atrás el último aparcamiento y el pelotón gana consistencia. Se dibuja ya la serpiente de colores, tantos como chubasqueros, en el camino. No llueve, pero baja un torrente de agua por la carretera. La cuadrilla de Izazkun Zelaia, exalumnas de la ikastola Urretxindorra, viene todos los años. Llegaron a la cima por primera vez «unas con 5 años y a otras nos trajeron con carrito».

10.30 horas

Al lado del desvío para la ermita de San Roque, la DYA ha montado su principal punto de asistencia. Además de ambulancias y todoterrenos, un quad sube y baja continuamente. No ha habido incidencias. Aparece José Julián Nieto, un madrugador que ya va de bajada. «Vengo de Portu en metro. He salido por la boca de la estación a las seis y media y he llegado al repetidor a las 8.40. Dos horas y diez minutos. Vengo mucho porque estoy prejubilado». El ‘Paga’ es tierra conocida, con habituales a los que llaman por el nombre en el conocido Bar Athletic.

10.45 horas.

Si en ‘el Cruce’ todo el mundo acata la ruta oficial a la derecha, en el merendero la rebelión es total. La mayoría evita el camino propuesto para llegar arriba algo antes. Igor tira de sus dos mellizos de tres años, Nora y Ager. «Empecé a venir con mi tío, que ahí está, y nunca fallo. Casi todo el rato ‘a cuchus’, vamos alternando. Es lo que toca». A Izaro, la mayor del grupito de niños, lo que más le está gustando es «el barro».

11.10 horas.

Llega la cima. Un arco verde hinchable de la BBK da la bienvenida en las campas del Pagasarri. Los primeros pisan granizo. Hay bocadillo a elegir de chorizo o tortilla, regado con vino, caldo o agua. No hay casi cola para Iker Eguzkiza e Iker Amondarain, que han salido de Rekalde y suben una vez al mes. «A veces venimos en bici y se tarda parecido, hora y cuarto, aunque las cuestas son más duras». A muchos grupos les espera una comida de cuadrilla en el Casco Viejo.

11.25 horas.

Comienza a chispear. Los mendizales se refugian bajo los toldos aunque no cesa el son de los txistularis. Pero los más previsores cogen la mochila. No dejará de llover durante toda la vuelta. Quienes opten por el camino que va por la vieja cantera de El Peñascal tendrán que bregar con una pista muy embarrada. Tras pasar por debajo de la A-8, «vuelve la civilización». Por unos instantes, el asfalto no parece tan malo.

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Bbk, Bizkaia

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