Paga Rita

La huelga de la OTA encara su cuarta semana

Un parquímeto inutilizado en Bilbao. /Jordi Alemany
Un parquímeto inutilizado en Bilbao. / Jordi Alemany
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Mañana comienza la cuarta semana de huelga de la OTA en Bilbao. Yo imagino al ciudadano disponiéndose a pasar bajo esa meta volante con la actitud confundida de Travolta en el GIF famoso de Internet. Ya saben, con la gabardina en el antebrazo y ese mirar hacia los lados sin entender nada. «¿Pero en serio?». Veinte días después, el balance de la huelga no parece propiciar el optimismo. Cuando se reúnen, las partes solo consiguen ponerse de acuerdo en su profundo desacuerdo. El Ayuntamiento, mientras tanto, está dejando de ingresar varios cientos de miles de euros, del orden de unos 35.000 al día. La práctica totalidad de los caros parquímetros están ya inutilizados. Y la práctica totalidad de los conductores ha interiorizado que, si pagar la OTA es más complicado que sacarse una ingeniería, pues la OTA la va a pagar Rita.

Estando así las cosas, da la sensación de que la huelga puede eternizarse. El comité parece más interesado en la readmisión de los siete trabajadores despedidos que en la aprobación del convenio propiamente dicho. Lo primero se presenta al menos como una condición indispensable para que se dé lo segundo. La empresa no parece dispuesta a rectificar en lo tocante a unos despidos que entienden justificados y de cuya procedencia siempre se podrá encargar un Juzgado de lo Social. ¿Para qué negociar si puedes pleitear? Es lo que me pregunto cuando veo todas esas máquinas generosamente neutralizadas con pegatinas que claman por la readmisión. Bueno, también me pregunto qué imprenta se encargará de las pegatinas. Es que son muchísimas. El mundo económico es tan enrevesado que incluso los conflictos laborales generan sus inesperados márgenes de oportunidad.

Sin embargo, creo que lo más interesante de esta cuarta semana de huelga es la evolución psicológica de los usuarios de la OTA. Porque está acostumbrándose esa gente a aparcar el coche con la libertad de quien en el Far West dejaba el caballo en la puerta del ‘saloon’. El Ayuntamiento insiste en su política de no intervenir en los conflictos entre las adjudicatarias y sus trabajadores, pero deberían saber que dentro de cada contribuyente aguarda un anarquista. Y que hoy no pagas la OTA y mañana vas por ahí con la Barik en números rojos. Después de eso ya solo puede llegar la revolución.

Temas

Bilbao

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos