«Mis pacientes me han enseñado a asumir mi propia muerte»

Bátiz lleva 24 años ayudando a los pacientes a morir sin sufrimiento físico ni espiritual. /L.A. Gómez
Bátiz lleva 24 años ayudando a los pacientes a morir sin sufrimiento físico ni espiritual. / L.A. Gómez

Doctor en San Juan de Dios y asesor del Gobierno vasco, repasa su trayectoriay la actualidad de su especialidad a laspuertas de la jubilación

FERMÍN APEZTEGUIA

Jacinto Bátiz (Sestao, 1948) cuelga la bata. Después de 40 años en el oficio, los últimos 24 ayudando a los pacientes a morir sin sufrimiento físico ni espiritual, lo deja. Promotor en España de los cuidados paliativos al final de la vida, Bátiz se despide de sus pacientes con el reconocimiento de ‘Diario Médico’ como Embajador de la Sanidad Española (un club selecto de 25 especialistas para el que también ha sido elegida la pediatra vizcaína Aurora Navajas) y la publicación, como coautor, del libro ‘Prevención y primeros auxilios en hostelería’. No lo deja del todo. Continuará como asesor del Gobierno vasco, el hospital de San Juan de Dios y como docente universitario. «Un médico nunca deja de serlo», afirma orgulloso.

-A ustedes les enseñan a curar, ¿por qué eligió ayudar a morir?

-No les ayudo a morir, sino a que mueran bien, sin sufrimiento. A los médicos nos han enseñado a prevenir. Si no es posible, a curar; y cuando tampoco se puede curar, a cuidar. Cuando estudiaba Medicina soñaba con resolver enfermedades incurables, pero cuando desarrollas tu carrera, descubres lo muy útil que, como sanitario, puedes ser a lo largo de la vida de una persona.

-En su avión, un paciente sufre un infarto. La azafata grita aquello de ‘¿Hay un médico en la sala?’ Y resulta que es de Paliativos...

-¡Ja, ja, ja! Ojalá haya un cardiólogo y un intensivista, pero si a alguien le ocurre, que piense que para ser experto en Paliativos hay que conocer la trayectoria del paciente. Yo soy médico de familia y me forjé en una unidad de Urgencias.

-¿En Euskadi se muere bien?

-Se muere bien, pero no haría una afirmación tajante. No se muere igual en el centro de Bilbao que en una aldea periférica. Por fortuna, nuestros políticos supieron apartar sus diferencias y el Parlamento vasco sacó adelante una iniciativa de atención adecuada al final de la vida. El Departamento de Salud impulsó, además, una ley de Paliativos, que está vigente hasta 2020.

Debate sobre la eutanasia

-Con la intención no basta.

- Se ha hecho un programa, que está en desarrollo, y existe una comisión de seguimiento de la ley, en la que participo. Vamos por buen camino. Si tuviera que elegir una comunidad (para morir), sería Euskadi.

-¿También si fuera niño?

-En eso, hay un déficit en todo el Estado. Nosotros tenemos la suerte de contar con un equipo de referencia en el hospital de Cruces, que está ayudando mucho a implementar esa atención en el País Vasco.

«Cualquier cosa que ayude a un paciente terminal hay que dársela; y el cánnabis parece que va bien»

-¿Debería legalizarse la marihuana para uso terapéutico?

-Cualquier cosa que ayude a un paciente en fase terminal a paliar su dolor, hay que dárselo. Pero hay que demostrar que va bien. Y hay algunos que parece que sí les va bien.

-¿Por qué no se deja morir a la gente que desea hacerlo?

- El problema no es que quiera morir sino que quieran implicar a alguien. Como médico, no quiero ser cómplice de un paciente que desea morir de forma voluntaria.

«La sedación paliativa es un tratamiento ylo decide el médico; noes una elección a la carta»

-Pero si uno quiere morirse, ¿quién es el Estado para impedírselo?

-Si un paciente me pide de forma clara la eutanasia, querré saber por qué. Si busca no sufrir, le daré una solución. Los paliativos tienen bastantes herramientas para ello.

-La falta de una ley, ¿justifica que se impida el derecho a decidir la muerte propia?

-Eso no lo discuto. Cada uno decide su derecho a morir. El paciente puede hacerlo, pero nadie me puede obligar a ejercer o a garantizar ese derecho. Le pondré un ejemplo.

-Sí, por favor.

-Uno de los puntos cruciales de la futura ley de atención médica al final de la vida plantea el ‘derecho a la sedación paliativa’. Eso hay que matizarlo. El médico no puede tener obligación de sedar al paciente sólo porque se lo pida, sino cuando considere que el tratamiento es oportuno. Es como si se dijera ‘El paciente tiene derecho a antibióticos’. Claro, pero cuando los necesita; no cuando los pide porque se quiere ir de vacaciones y pretende llenar el botiquín. La paliación sedativa es un tratamiento y lo decide el médico. No es una elección a la carta.

El lado más humano

-¿Alguna vez ha llorado la muerte de un paciente?

-¡Cómo no! Algunos llegan a la unidad jóvenes y pasamos con ellos mucho tiempo. Después de cuatro o cinco años juntos, es normal que al despedirnos lo pasemos mal.

-¿Y le han movido por dentro?

-Sí, porque tiendes a pensar qué más podías haber hecho por ellos; y no siempre es posible. Hay que tomar decisiones, que involucran a las familias y unos están a favor, otros en contra. Esto da pena y, al final, va en detrimento del enfermo.

-¿Ha pensado en su muerte?

-Sí. Ellos me han enseñado a asumir mi propia muerte. He aprendido que el final de la vida nos llega a todos; y que mueren en paz los que son capaces de arreglar sus temas pendientes. También me han enseñado a gestionar el tiempo. Usted y yo hablamos ahora pensando que estaremos aquí años. Lo desaprovechamos. No actuaríamos igual si creyéramos que nos quedan días.

-¿Cómo le gustaría su final?

-Todos pensamos en una muerte repentina. Desde el punto de vista físico y del dolor, que no me entere. Pero me gustaría una muerte que me dé tiempo para despedirme de mis seres queridos. Uno de los sentimientos que más duele en el momento de la muerte es la soledad.

-¿Qué le queda como médico después de 40 años de profesión?

-La sensación de haber hecho siempre todo lo que podía para resolver las situaciones a las que me he enfrentado. He estudiado continuamente por dar lo mejor de mí.

-¿Cómo ha recibido la jubilación?

-A los jubilados nos pasa como contaba la psiquiatra Kübler Ross que les ocurre a los enfermos terminales. Vas quemando etapas. La negación, la rabia... Luego negocias y decides escribir libros, continuar en la docencia... Me siento muy reconocido.

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