Osakidetza pagará 120.000 euros por no diagnosticar un aneurisma mortal tras cuatro visitas al médico

El Tribunal Superior dictamina que el paciente, un vecino de Ortuella de 42 años, murió por una negligencia, ya que «no se le sometió a prueba alguna»

Josu García
JOSU GARCÍA

El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) ha condenado esta semana a Osakidetza a pagar una indemnización de 112.387 euros -aunque la cantidad sobrepasará los 120.000 con los intereses- a la familia de un vecino de Ortuella que falleció por un aneurisma cerebral que ni los doctores de Urgencias ni su médico de cabecera supieron detectar, pese a que el fallecido requirió asistencia cuatro veces en un periodo de cinco días.

Los hechos se remontan al 1 de noviembre de 2012, cuando el paciente, de 42 años, se sintió indispuesto. A la una y media de la madrugada acudió al hospital de Cruces por un fuerte dolor de cabeza que venía arrastrando desde hacía tres días y que «no remitía ni con paracetamol ni ibuprofeno». En su informe, los responsables del servicio de Urgencias aseguraron que el hombre presentaba «una cefalea de característica punzante y pulsátil, con acúfenos y sensación de giro de objetos». Le diagnosticaron «cefalea y vértigo periférico» y le trataron con una medicación intravenosa (un antiinflamatorio y un principio activo para reducir los mareos). Al recibir el alta, le recetaron tres fármacos y le instaron a que, «en caso de empeoramiento», regresase a Urgencias.

Al día siguiente, al ver que no mejoraba, el varón acudió a su médico de cabecera en el ambulatorio de Ortuella, donde «no se realizó exploración ni prueba de ningún tipo; simplemente se le indicó que siguiera el tratamiento que le habían prescrito en la víspera». Un día después, volvió a visitar a su doctor. «Nuevamente no se realizó exploración ni prueba de ningún tipo. La decisión médica fue doblarle la dosis» de uno de los medicamentos.

El día 5 de noviembre (cinco jornadas después de haber acudido a Urgencias), el paciente regresó al ambulatorio porque no había mejorado. «Tampoco hubo prueba o exploración». Ni tampoco se le derivó al hospital o a ningún especialista, como más tarde reprocharían los jueces. Finalmente, el 12 de noviembre, el varón perdió el conocimiento en su domicilio, «cayendo al suelo con convulsiones». Fue trasladado a Cruces rápidamente, donde se le practicó un TAC, que reveló lesiones cerebrales de gravedad por un aneurisma en la carótida. Quedó ingresado y, mes y medio después, murió por los graves daños sufridos.

«Mala praxis»

La familia del paciente fallecido contrató entonces al abogado Rubén Gutiérrez, del despacho Crespí & Díaz, que interpusó una demanda contra Osakidetza. En primera instancia, el juez no tuvo ninguna duda de que había habido «una mala praxis» y mostró su convencimiento de que el enfermo habría tenido posibilidades de salvar su vida si los doctores le hubieran practicado alguna prueba diagnóstica, como un TAC, en alguna de las cuatro veces que necesitó asistencia. El magistrado consideró que había «una relación de causalidad entre la omisión y el resultado» en el papel jugado por los médicos.

El servicio vasco de Salud recurrió el fallo y, ahora, el TSJPV lo ha ratificado. La última resolución avala la actuación del servicio de Urgencias pero carga toda la responsabilidad en la atención primaria. En los tres días en los que el fallecido acudió al ambulatorio, el médico de cabecera «no pautó la realización de prueba alguna urgente ni se le derivó al hospital». La sentencia es recurrible en casación ante el Tribunal Supremo.

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