La organización de las finales intenta que no se vete la cerveza en San Mamés

Cientos de barriles de cerveza de la marca patrocinadora de las finales se descargaron el pasado miércoles en San Mamés./
Cientos de barriles de cerveza de la marca patrocinadora de las finales se descargaron el pasado miércoles en San Mamés.

Su pretensión era que se pudiera vender alcohol durante todo el partido y no sólo 15 minutos antes y 15 después del final de cada uno de los dos choques previstos

Josu García
JOSU GARCÍA

Las personas que hoy y mañana acudan a San Mamés a ver las finales europeas de rugby podrán comprar bebidas alcohólicas en todo el estadio hasta 15 minutos antes del pitido inicial, así como desde un cuarto de hora después de que acabe el choque. Esa es la normativa que piensa aplicar el Gobierno vasco. Sin embargo, la organización, que cuenta con el patrocinio de una importante empresa de cerveza, está intentando hasta última hora que se permita el consumo durante todo el partido, según ha podido saber EL CORREO. De hecho, el estadio rojiblanco rebosaba ayer de barriles, en previsión de que una decisión de última hora pueda levantar el veto parcial estipulado.

La cerveza forma parte del arraigo del rugby. Ningún aficionado europeo concibe un encuentro (y mucho menos una final) sin pegar un trago a una pinta. Es algo inherente al espectáculo, afirman los entendidos. En los torneos del Seis Naciones es normal ver a hinchas consumiendo bebidas alcohólicas. Incluso están permitidos los botellines de cristal. Por eso, a los impulsores del evento que arrancará mañana en la capital vizcaína les ha pillado a contrapié la decisión del Ejecutivo autonómico. No la esperaban, según señalan fuentes consultadas. Pensaban que las autoridades relajarían su celo y harían una «merecida» excepción ante un «pacífico» espectáculo que traerá a 100.000 personas a la ciudad. Una villa que ha llenado todas sus plazas hoteleras y que recibirá un retorno económico de más de 30 millones de euros.

Malestar en la afición

Esta situación choca con la opinión que tienen numeros socios y usuarios habituales de San Mamés, que ven un doble rasero en la actitud del Gobierno vasco hacia el consumo de alcohol en la Catedral. Durante los últimos días, a través de las redes sociales, en los bares o en muchas oficinas de Bizkaia, el tratamiento que recibirá el deporte del balón ovalado ha sido objeto de comentario y crítica. La corriente de pensamiento predominante es que, precisamente, se está haciendo una excepción para buscarle encaje a la cerveza y a los intereses de los patrocinadores de las finales europeas de rugby. No se concibe que no se venda alcohol en San Mamés cuando hay fútbol, pero sí cuando se celebre un encuentro de rugby, aun cuando haya algunas limitaciones temporales.

En su contexto

120.000
litros de cerveza se han dispuesto en Bilbao para su consumo estos días, lo que supone un incremento de 50.000 litros con respecto a cualquier otro fin de semana del año.
7,5
litros de cerveza por aficionado se llegaron a consumir en la final de la Liga Francesa que se disputó en el Camp Nou en 2016. Algunos hosteleros bilbaínos se han guiado por esa cifra para realizar sus pedidos.
Quejas de algunos bares
Diferentes hosteleros lamentan que se pueda vender en San Mamés cerveza antes y después del partido. Esto era algo que no habían previsto y que, según denuncian, arruina sus previsiones para estos dos días de las finales.

Ante este malestar, el propio Ejecutivo autonómico se vio obligado el pasado miércoles a emitir una nota en la que negaba que hubiera un trato de favor. «No hay excepción», afirmaba. Y justificaba su decisión porque, según se decía en el documento, la mayoría de los espectáculos deportivos están regulados por la Ley vasca de Adicciones, que permite la venta de alcohol 15 minutos antes y 15 después del desarrollo del choque, mientras que el fútbol de Primera División se acoge a una normativa más restrictiva de rango estatal, que es la que intenta poner coto a la violencia en el deporte en toda España.

Ayer, ninguna institución quiso hablar de nuevo sobre este asunto. Fuentes cercanas a la organización se remitieron a lo ya explicado por el Gobierno vasco. Lo cierto es que, durante todo el día, un camión para el transporte de cerveza estuvo de guardia en la explanada de San Mamés, a la espera de si se daba o no la orden de retirar una parte de la mercancía que descansa desde el miércoles en el interior del estadio y que podría ser excesiva para la demanda prevista.

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