Oposiciones en Euskadi: 6.000 empleos como para perder el sueño

Oposiciones para Ertzaina en el Bilbao Exhibition Center (BEC). //IGNACIO PÉREZ
Oposiciones para Ertzaina en el Bilbao Exhibition Center (BEC). / / IGNACIO PÉREZ

Cuatro vizcaínos relatan la angustia y el sacrificio con que enfrentan este año esa carrera de fondo que son las oposiciones, un ‘maná’ que ofrece estabilidad en tiempos de incertidumbre y con el que chocan las ilusiones de la mayoría

SERGIO GARCÍA

La suya es una historia de superación y nervios, de renuncia y sacrificio, de flexos y noches en blanco. También de resignación, esto último en dosis industriales. Tras años de carrera universitaria o de trabajo como interinos, haciendo sustituciones y desempeñando cometidos que no colman sus expectativas, surge la oportunidad de entrar en el Olimpo de los elegidos: una plaza fija en la Administración, un maná que ofrece estabilidad en tiempos de incertidumbre. El sueño de cualquier madre, la puerta a un futuro en el que poder hacer cuentas y planes.

Euskadi asiste este año a la mayor explosión de oposiciones de su historia. Nada menos que 5.912 plazas. Y eso las que se resuelven en el ámbito de la comunidad autónoma, porque todo el mundo es libre de aspirar a un puesto en Ceuta o en A Coruña. La más ambiciosa, la que lidera el Departamento de Salud, que ha puesto en circulación nada menos que 3.335 plazas y donde tienen cabida desde auxiliares hasta cirujanas, enfermeros y celadores. Todo ello con la aspiración de «estabilizar» un 95% de la plantilla de Osakidetza, aunque –ya lo reconoce el consejero Jon Darpón– no baste para resolver la falta de médicos.

Si bien esta es la OPE más numerosa –en menos de un mes ya se han presentado 60.000 solicitudes y la Administración calcula que se alcanzarán los 80.000–, no es ni mucho menos la única que quita el sueño a esa legión de aspirantes a un puesto «para toda la vida». Ertzaintza, Administración del Estado, Educación, ayuntamientos, Diputación de Bizkaia... Quien estudió para administrativo mira ahora a Instituciones Penitenciarias como quien descubre una repentina vocación donde nunca habría imaginado. «¿Por qué no?», es la frase con que germina la revelación.

A contrarreloj

El camino es largo, tortuoso y no exento de decepciones. Por que si en algo están de acuerdo los aspirantes es que no basta con tener experiencia profesional, méritos académicos o dominar euskera –la Administración vasca pide el PL2–. Se enfrentan a un atracón de estudios, en un plazo por lo general «insuficiente», que para la mayoría arranca cuando salen las bases del concurso. Eso por no hablar de temarios que beben de la oposición anterior, pero tienen lagunas en lo referente a la actual, o editoriales que ignoran la lengua autóctona.

La mayoría recurre a las academias en busca de un método que les discipline y que ponga al descubierto ‘trampas’ en las evaluaciones. Pero no todos. El trabajo –a tiempo parcial cuando no a jornada completa; en uno o en varios sitios–, las cargas familiares y las tareas de la casa dibujan un escenario donde los obstáculos parecen conjurarse contra los opositores. Una carrera donde no todos parten de la misma línea de salida y en la que tirar la toalla no es una opción.

Nerea Zamanillo, enfermera

«Claro que estoy angustiada. Hay que aprobar sí o sí»

Nerea posa con parte del temario durante un descanso del trabajo. /
Nerea posa con parte del temario durante un descanso del trabajo. / / SERGIO GARCÍA

La OPE de Osakidetza, cuyo plazo de presentación concluye el viernes, es la cuarta a la que se presenta Nerea Zamanillo –«casi he perdido la cuenta», bromea–, todas en el ámbito vasco. Trabaja en el centro de salud de Alango (Algorta), en Atención Primaria, pero antes ha pasado por Cardiología y Cuidados Intermedios (Basurto) o por Psiquiatría del hospital de Cruces. «La gente, por lo general, prepara la prueba con seis meses de antelación, aunque yo prefiero esperar a que salgan las bases, lo que me deja unos tres meses hábiles».

Su día a día es un ejemplo de tesón: «Siete horas de trabajo y 4-5 de media diaria de estudio». Y eso que ahora no tiene cargas familiares ni novio que le distraiga, «por eso entiendo lo que debe ser para quien tenga hijos. Una locura». Habla euskera –tiene el PL2, el máximo que piden para la oposición– y atesora un máster de investigación y multitud de cursos, entre otros méritos. «Claro que estoy angustiada. Tienes que estudiar sí o sí, aprobar sí o sí. Te juegas mucho porque no se trata sólo de obtener la plaza, sino de que sigas trabajando, que figures en las listas de contratación temporales e interinidades. Imagínate, son igual dos años hasta la siguiente convocatoria y no pasar la criba te deja en tierra de nadie».

El temario es duro, pesado. 56 temas que deglutir, desde fundamentos de enfermería hasta legislación. «Mi principal queja es con las editoriales, que por lo general sacan temarios que no se ajustan a las bases. A menudo la mayor dificultad es encontrar una fuente fiable de la que estudiar, con el consiguiente tiempo que eso consume, sobre todo si no basta con aprobar. Nunca es suficiente; la presión es enorme y la competencia, brutal».

Mikel Álvarez, administrativo

«Es mi primera vez. Quiero probar y quitar los miedos»

Mikel posa con sus compañeros de bufete donde colabora a media jornada. /
Mikel posa con sus compañeros de bufete donde colabora a media jornada. / / S. GARCÍA

Mikel Álvarez es graduado en Derecho, colaborador de un bufete en Indautxu y usuario de Apnabi, la asociación de referencia en Bizkaia en el ámbito del autismo. Su caso ilustra lo que es hacer planes a largo plazo. Enfoca la OPE de Osakidetza –en su caso se presenta para celador– «como unas prácticas», antes de lanzarse a su verdadero objetivo: administrativo de la Diputación. «Lo que busco es saber dónde piso y quitar el miedo». Mikel ya se ha puesto manos a la obra. Ha renunciado a la academia y se ha marcado una hoja de ruta que sigue milimétricamente. Está familiarizado con las leyes, así que se sumerge entre decretos y normas de funcionamiento hospitalario. Todo lo lee, todo lo subraya; lo esquematiza, lo memoriza. Sabe que hay un cupo de plazas para personas con discapacidad –6 intelectual y 2 para física, psíquica o sensorial– y no se arruga ante las dificultades. «Además, tengo el PL3», apostilla.

En el bufete redacta demandas, presenta documentos, ayuda con estudios jurídicos... y dedica cuatro horas diarias a estudiar en su casa de Bermeo. «No soy de atracones. Es un temario cerrado y lo más difícil, la normativa, es un terreno en el que me muevo con facilidad», explica. «Conseguir una plaza es el objetivo de cualquiera, pero también puedes entrar en una bolsa de trabajo».

Mikel sabe que la bisoñez juega en su contra –«muchos lo han intentado antes y han fracasado»– y que «saber Derecho no me convierte en un genio de las oposiciones». Además, tiene un ojo en la OPE de Osakidetza y otro en la de la Diputación, para la que aún no hay fecha. «¿Que dónde me veo en diez años? Pues de administrativo foral. Tengo que fortalecer mi seguridad y trabajar duro, pero el premio vale la pena».

Sandra García, profesora de Secundaria

«Son muchas horas y me siento desbordada»

Sandra toma apuntes en la sede de Steilas, donde le han facilitado el material de estudio. /
Sandra toma apuntes en la sede de Steilas, donde le han facilitado el material de estudio. / / S. GARCÍA

Sandra lleva diez años haciendo sustituciones de maestra y a veces se siente como el director de un circo de tres pistas. «En mi caso, un día tipo es ir a trabajar por la mañana y revisar los apuntes de la OPE mientras como en Mungia, luego atender al niño por la tarde y, de 9 a 12 de la noche, vuelta a estudiar y hacer la ‘programación’». En Educación, el concurso tiene dos partes: el examen escrito y la defensa de una programación y una unidad didáctica, que es lo que ahora consume sus noches. «En base a la lista a la que te presentas –una asignatura o un módulo si vas por FP– debes preparar algo así como el guión de un curso escolar».

Es la primera vez que se presenta a la OPE –«me he matriculado varias veces, pero me echaba atrás en el último momento al no tener puntos de experiencia, y ahora que los tengo el problema es que debo cuidar de mi hijo de 6 años». Lo ve complicado. «Son muchas horas y me siento desbordada». De academias ni hablar, «pero he ido a un par de charlas de Steilas», el sindicato al que está afiliada. Eso sí, se niega a obsesionarse. «Si no sale esta vez, ya lo intentaré otra», aunque ella misma se corrige a renglón seguido. «La última oposición de Secundaria fue hace dos años y no tienen porqué salir todas las especialidades (la suya es Intervención Sociocomunitaria).

Echa en falta un sistema propio vasco, «como sucede con Osakidetza, que te avisan con tiempo y puedes adelantar trabajo» y que «evalúe con justicia». Su principal queja, sin embargo, es para con las editoriales. «No tienen material en euskera, así que debes estudiar el temario en castellano y luego traducirlo. Es una locura», advierte.

Francisco Sandoval, enfermero

«La OPE no demuestra si soy mejor profesional»

Francisco confiesa estar «obsesionado» con lograr plaza./
Francisco confiesa estar «obsesionado» con lograr plaza./ / S. GARCÍA

Francisco terminó la carrera en 2005 y desde entonces «no he parado de trabajar en Osakidetza», aunque compaginándolo con empleos en mutuas, clínicas como Quirón o la fábrica de Aceros Inoxidables Olarra –«ojo, en el botiquín», sonríe–. Ahora está en Basurto, en Reanimación Cardiaca, «siempre al servicio de enfermos críticos. Vamos, que la tensión y el estrés no me resultan extrañas», dice con resignación. Es su quinto asalto a la OPE y confiesa estar ya «cansado de una prueba que no demuestra si eres mejor profesional, con tan poco tiempo para estudiar y en la que te juegas tanto; debería hacerse como antes, por méritos».

Sabe de lo que habla. «Es frustrante ponerte a adelantar trabajo y que luego se descarten materias o que se incorporen otras que no contaron la vez anterior, como ocurre este año con neumonía en Enfermedades Infecciosas». En su caso, la hora de la verdad será a mediados de junio, una única prueba tipo test y sin puntos negativos, lo que agradece. También que se pueda guardar la nota, «por si el año que viene lo haces peor o decides no presentarte». Son tres meses a machamartillo, «con mucha ansiedad» y encadenando «siete horas en Basurto más lo que toque en la fábrica. Menos mal que soy nervioso y no necesito recurrir a café».

Le parece «vergonzoso» que tarden tanto en resolver qué gente ha sacado plaza y las listas de contratación (hasta 3 años en ediciones anteriores), lo que esta vez no se repetirá porque hay anunciada otra OPE para 2019 y luego sucesivas cada dos años. La suya es una profesión exigente, a menudo enfrentado a la desesperación y el malhumor de los demás. «Trabajo con gente intubada y sedada, así que los problemas a veces me llegan por el lado de los familiares; aunque no es como trabajar en planta o en Urgencias, donde estás mucho más expuesto a malas contestaciones».

«No aguanto las noches»

«¿Que si me he arrepentido alguna vez de mi elección? Muchísimas. Sobre todo cuando tengo turno de noche, porque yo soy incapaz de dormir por la mañana y no descanso lo que debería». Le gustaría probar en un centro de salud –extracciones, curas, atención a domicilio– , «esto no se acaba en un hospital». Reconoce que sacar la plaza se ha convertido en una «obsesión». «Son muchas, 600 y pico de enfermería. Pero tengo el PL2 de euskera, y además cuenta el tiempo trabajado que llevo (hasta 60 puntos), la formación (hasta 20)». A su carga de trabajo hay que sumarle estos días las horas de estudio –«¿Cuántas? Pues depende. El fin de semana, a tumba abierta»– y la academia. Y luego, claro, está la suerte, que a mí nunca me ha sonreído».

«La mentalidad del opositor ha cambiado, se desalienta antes»

«Los opositores que recurren a una academia buscan un método, que les expliquen los contenidos y les faciliten el material, desde el temario a simulacros de examen; más aún en Osakidetza, la Ertzaintza o Educación, donde el reciclaje es constante», explica Emiliano Martín, de Bilbao Formación, un centro de Bilbao que trabaja con bachilleres y grados medios, pero también con universitarios. «La gente suele esperar a que salga la convocatoria y es un error, porque apenas restan dos o tres meses y en ese tiempo no se pueden hacer milagros», abunda.

«Lo ideal son seis meses, trabajar sin prisa, pero sin pausa», al menos cuando lo que te exigen es un grado medio o la ESO, categorías de perfil más bajo. «Otra cosa es si te preparas para notario o a Hacienda, que te puede exigir hasta dos años». Martín está en contacto constante con esta realidad. «La gente no tiene la mentalidad del opositor de antaño, es más asequible al desaliento. Además, no se trata sólo de aprobar, sino de situarte entre los mejores. No hay que rendirse, si no lo sacas a la primera hay que seguir intentándolo».

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