OPERACIÓN COSTA

Gaztelugatxe será el «epicentro» turístico de la costa vizcaína

Turistas sacan fotos en San Juan de Gaztelugatxe./Maika Salguero
Turistas sacan fotos en San Juan de Gaztelugatxe. / Maika Salguero
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La Diputación se dispone a devolverle a la costa «tantas cosas» que la costa «nos ha dado». El objetivo aúna la audacia y la prosopopeya. Y tiene su pizca de factor sorpresa. Parecía que ayer Unai Rementeria iba a limitarse a presentar el plan para Gaztelugatxe, con su previsible carga de concreción y presupuesto (autobuses, aparcamientos, aforos...), pero comenzó haciendo algo muy distinto: ampliar el marco ontológico.

«¿Qué somos?», preguntó el diputado general.

Se refería a los vizcaínos. Y se contestó él mismo, enumerativo y apasionado como una tirada de Walt Whitman: «Somos montaña, gastronomía, cultura, Athletic, empresa, euskera, talento…» Además, siguió Rementeria, «somos costa». Y ahí, tras algunas reflexiones generales sobre el salitre, llegó otra tirada: «paisajes, ocio, cultura, historia, ballenas, corsarios, guerras, submarinismo, gastronomía...»

Tras el preámbulo lírico, lo importante: la Diputación quiere que Gaztelugatxe funcione como tractor turístico de toda la costa vizcaína, «desde Muskiz hasta Ondarroa». Calculan que el impacto sobre el PIB podría llegar a los 33 millones.

Fíjense en la cifra porque está conjugada en subjuntivo. Unai Rementeria insistió en que el proyecto foral es una «propuesta» y se presenta con «mucho respeto» al resto de agentes con los que se quiere abrir «un ámbito de gobernanza». Los agentes son los Ayuntamientos (Bildu gobierna Bakio y Bermeo) y el Gobierno vasco, pero también los hosteleros, los comerciantes, las asociaciones y la diócesis, que es la propietaria de la ermita y puede que también del santo.

No pudo subrayar más Rementeria lo propositivo de su plan. «Será lo que decidamos entre todos», vino a decir. Y fue difícil obviar que, mientras lo hacía, estaba presentando un plan con 58 actuaciones. Entre ellas, limitar el acceso a Gaztelugatxe para evitar aglomeraciones y cobrar una entrada. A lo primero lo llaman «ticketing»; a lo segundo, «pricing». Se ve que el experto de los nombres siempre puede empeorarlo.

Casi un año después, las decisiones estratégicas sobre Gaztelugatxe son propuestas y saltan a un difuso ámbito de gobernanza. A los pies de la ermita, eso sí, habrá esta Semana Santa tres puntos de información. Y llegarán más bizkaibuses. Parece que va a llover. Quizá los turistas se organicen solos.

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