¿Por qué son más obesos los de San Francisco que los de Deusto?

¿Por qué son más obesos los de San Francisco que los de Deusto?

Un estudio elaborado con vecinos de tres barrios confirma que la comida condiciona la salud y la esperanza de vida

JOSÉ DOMÍNGUEZ

Según el último estudio del Gobierno vasco, la esperanza de vida en Deusto es dos años superior a la de Uribarri y siete a la de Bilbao La Vieja, donde el hombre tiene su listón en los 71,5 y la mujer en los 81. Este ranking, sin embargo, se invierte al abordar los casos de obesidad, que si en el conjunto de Bilbao afecta al 36,8% de los 70.256 pacientes mayores de 17 años que acudieron a los centros de salud en 2016, en San Francisco se dispara al 42,6%. Para intentar explicar por qué en un lugar se tiende a engordar más y fallecer antes, la federación de asociaciones vecinales de la ciudad y la Facultad de Medicina y Enfermería de la UPV –con el apoyo del Ayuntamiento y el Gobierno vasco–, han liderado una investigación en estos tres barrios con evidentes diferencias socioeconómicas. Y el diagnóstico es demoledor: la alimentación de cada entorno, unida a la situación laboral, los ingresos o la integración social, condicionan la salud y pueden reducir los años de vida.

«La obesidad nos preocupa porque se ha convertido en un problema social que, además, conlleva un gran gasto sanitario y que se resolvería notablemente con apenas unos cambios saludables en los hábitos alimentarios», reconoció ayer Leyre Gravina, profesora de Enfermería y coordinadora del trabajo. Bautizado como Fotovoz, «su novedosa metodología en España sólo se ha puesto en práctica en Madrid»: propone a los vecinos que sean ellos los que fotografíen «las calles de su barrio, cómo viven y se alimentan sus gentes, qué productos tienen más a mano».

Participaron 23 residentes y se han seleccionado 40 instantáneas. Luego esas imágenes se han analizado en grupos de trabajo y debate, «donde ellos mismos tomaron conciencia de las fortalezas y debilidades de su entorno». Según reconoció Gravina, en estas reflexiones también salieron a la luz las diferentes percepciones entre barrios, especialmente en San Francisco, que llega a duplicar la tasa de paro de los otros (16%), tiene un 18,9% de inmigrantes y una falta de estudios determinante (7,5% de la población frente al 1,3% de Uribarri). «Nos ha sorprendido que en este barrio, a pesar de sus carencias, hay una gran consideración de sus restaurantes y de la relación calidad-precio de los productos que se venden en sus calles», remarcó.

Menús saludables

Las mayores diferencias, en cualquier caso, suelen darse «dentro del propio barrio» entre familias de distinto nivel socioeconómico. Aunque en este caso hay también para todos los gustos y se dan casos de «arquitectos que todas las noches cenan pizza», a personas sin recursos que se las arreglan para hacer «auténticos menús saludables».

Las conclusiones del estudio se darán a conocer el día 26 en la I Jornada de Ciencia Ciudadana que se celebrará en el Bizkai Aretoa (18.00 horas), y a juicio de su coordinadora «las instituciones tendrán que dar respuesta a las recomendaciones que hagan los participantes». El presidente de la federación vecinal, Javier Muñoz, abogó porque el Ayuntamiento marque una orientación que impulse locales «de alimentación saludable», mientras que la propia Gravina invitaba a «premiar» a los que prioricen la «comida sana sobre, por ejemplo, la bollería industrial en la dieta infantil».

«Cada día abren más tiendas de chuches y de comida rápida»

Carlos Ruiz, vicepresidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de Bilbao, fue uno de los que se animó a echarse la cámara al hombro y fotografiar la realidad de su barrio, Uribarri. Y ayer reconocía que la experiencia le ha permitido cerciorarse de algo que tenía delante de sus ojos, pero que no quería ver: «Cada vez abren más tiendas de chuches y de comida rápida, lo que es un fiel reflejo de los cambios de hábitos para mal que estamos experimentando». A su juicio, «ni los mercados municipales son ya lo que eran antes».

Aunque quizá lo que más le preocupa es la situación de los niños sin recursos. «En los colegios tienen garantizada una alimentación que, en ocasiones, sus padres no pueden proporcionarles los fines de semana o festivos», lamenta Ruiz. Por eso considera que «una de las medidas más urgentes que deberían adoptar las instituciones es mantener abiertos los comedores también cuando no hay clases».

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