Los distintos rostros de Dios en Bizkaia

Rezan como en el siglo XVII, lloran, cantan o leen el Corán en silencio. Ahora, las iglesias conviven con los templos de ortodoxos, musulmanes, mormones, evangélicos o bahá’is

Miembros de la iglesia Hand of God rezan durante el largo servicio dominical.
MARTÍN IBARROLA

Hasta hace bien poco, el catolicismo era casi la única religión en el País Vasco. Fruto principalmente de la inmigración, una minoría cada vez más visible profesa abiertamente diferentes credos. En Bizkaia hay ocho reconocidos, según estudios de la Colección Publuralismo y Convivencia: evangélicos, ortodoxos, musulmanes, mormones, budistas, testigos de Jehová, cienciólogos y bahá’ís. Celebran sus misas y servicios religiosos en lonjas, caseríos o edificios adaptados para convivir y rezar, y suman un total de 158 comunidades. Nos acercamos a 6 para presenciar el que quizá sea el momento más íntimo del creyente, la oración a su Dios.

Rito Antiguo (Cristianos ortodoxos) Rusos lipovenos, incienso y voces arcaicas de oriente
El primer sacerdote ortodoxo de rito antiguo de toda España, Vasile Moroi, durante una misa en Amorebieta. / Manu Cecilio

A las afueras de Amorebieta, escondido en el bajo de un bloque de seis plantas, hay un local donde se escuchan voces arcaicas. Atravesar su puertas es como viajar a un pasado de incienso, letras cirílicas y silencio litúrgico. Es la única iglesia ortodoxa de Rito Antiguo de toda España. Sus fieles, que suelen sumar una treintena durante las misas de sábados y domingos, son un grupo de rusos lipovenos cuyos antepasados huyeron en el siglo XVII del patriarca Nikon, se asentaron junto a los bosques de Tilo en Rumanía y formaron una escisión de la Iglesia Ortodoxa Rusa. La primera persona de esta comunidad que llegó a España acabó en Amorebieta en 1995 y empezó una cadena migratoria que ya se ha consolidado en el Duranguesado.

Velas, candelabros, pan de oro, cristos hieráticos y cortinas de vainica. Lo único que recuerda el año en el que vivimos son los bolsos que han amontonado las mujeres junto a la entrada. El resto de la sala está acondicionada para albergar los ritos litúrgicos tal y como se han celebrado durante siglos. «Ahí dentro me siento como en Rumanía», suspira Marina Samson, una mujer de 33 años que trabajaba en la administración pública de su país. «Aquí las fiestas sólo se relacionan con la juerga. Eso está bien, pero perder la espiritualidad es triste. Cuando llegué a Amorebieta me sentía juzgada cada vez que iba a misa». Las mujeres casadas llevan un moño cubierto por un pañuelo. Las solteras, una trenza. Y si tienen la regla, no deben pisar el suelo de la iglesia.

El marido de Marina, Vasile Moroi, es el primer sacerdote ortodoxo de rito antiguo de toda España. Hace siete años el obispo de Rumanía le envió a Amorebieta para velar por esta comunidad que no tenía cura. Desde entonces, como manda la tradición, Vasile no ha cortado ni un solo pelo de su barba ni de su melena. Durante la misa entra y sale del altar, un pequeño habitáculo donde siempre reza de espaldas. La congregación se santigua repetidamente y las mujeres se arrodillan hasta tocar el suelo con la frente. «El eslavono es un idioma ruso muy antiguo que solo hablamos dentro de la iglesia», explica. Los pocos que lo conocen cantan y leen las escrituras religiosas en alto. Una niña, Cleopatra, corretea entre los fieles. Come una rebanada de pan bendecido, que untan en vino y aceite. Parece que prefiere la bolsita de golosinas que reparte Vasile a los más pequeños cuando concluye la misa.

Iglesia de Filadelfia (Evangélicos) Palmas gitanas para «un arrepentimiento profundo»
Un coro de gitanas evangélicas canta versiones pop aflamencadas en San Francisco. / J. Alemany

Las exclamaciones en voz alta son constantes: «¡Alabado seas!», «¡Aleluya, señor!», «¡Rey soberano!». La Iglesia Evangélica de Filadelfia, acuñada así en honor a una de las siete iglesias del Apocalipsis, es sobre todo una confesión gitana. «Pero también hay payos», matiza David Dual, un bilbaíno de 34 años candidato al ministerio. Tras estudiar cinco años y atesorar experiencia como predicador, solo le queda la aprobación de un elenco de ancianos para convertirse en pastor. Frutero de profesión, alegre -le apodan ‘Salao’- y preocupado por su comunidad. «De niño sólo iba la iglesia para jugar y meterme en peleas. Un día escuché la voz de Jesús el Nazareno y me sentí el mayor pecador del mundo. Fue un arrepentimiento profundo».

Su culto celebra cinco servicios semanales, de hora y media cada uno y sin pautas regladas. Un coro mixto canta versiones pop aflamencadas, se hacen teatros bíblicos, los pastores predican... «Antes quería tener una casa ‘mu’ grande y un coche de lujo. Ahora resulta que las ventanillas de mi coche no funcionan y que mi familia casi no cabe en casa. Pero no me importa. Encontrar a Dios fue mi mayor privilegio», confiesa el pastor santanderino José Jiménez, que ha acudido al culto como invitado. Es vendedor ambulante -profesión muy habitual en este entorno- e intenta «sensibilizar a los jóvenes sobre drogas y conductas cívicas».

La iglesia, ubicada en la periferia del barrio bilbaíno de San Francisco, alimenta un sentimiento atávico que «arde en el pecho» y no se puede controlar. «Aquí no hay un cartel de silencio. La gente grita, canta y habla. Somos pentecostalistas», explica David. Creen en la aparición de ciertos dones sobrenaturales, como profecías o la capacidad para hablar lenguas desconocidas en momentos de exaltación. Los cantos, los lloros e incluso los desmayos son una expresión más de su devoción.

Mormones (Inspiración cristiana) Los misioneros que velaban por sus antepasados
Los seis misioneros que residen en capilla de Bilbao. / Fernando Gómez

Si uno apareciese de golpe en una reunión sacramental de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fácilmente podría confundirla con una charla para empresarios. No tienen crucifijos colgados, apenas exhiben imágenes religiosas, las mujeres lucen vestidos elegantes y los hombres camisa y corbata. El silencio reverencial de los asistentes sólo se rompe con los cánticos agudos. Son mormones, una comunidad religiosa que en Bizkaia cuenta con alrededor de 850 adeptos, la mayoría en la capilla de Moyúa. «La mitad de los miembros provienen de Sudamérica, pero hay gente de muchos países», explica José Manuel del Molino, un mormón bilbaíno que hace de guía durante la reunión dominical de tres horas.

Primero escuchan los «testimonios» de sus miembros. «Unos misioneros solo necesitaron tres minutos para cambiarme la vida. El hecho de que mi familia no comparta estas doctrinas es una prueba para que me esfuerce más», confiesa una mujer. Los que la abordaron son jóvenes como los estadounidenses Elder Blacke y Hermana McChesney, que ahora residen en Bilbao por un tiempo. «Los chicos viajan durante dos años en misión por el mundo y las chicas alrededor de 18 meses. Las mujeres estamos menos porque tenemos la responsabilidad de buscar una familia», relata McChesney.

EN CIFRAS

48 %
de la población de Euskadi es católica, según los sociómetros.
20.000
musulmanes hay en Bizkaia.
6.000
creyentes siguen ritos protestantes.

Para celebrar la Santa Cena sirven pedacitos de pan blanco y cápsulas de agua como alternativa al vino. Su religión les prohíbe beber alcohol y fumar. «La poligamia tampoco está permitida, sería razón de excomunión», insiste nuestro guía. También imparten clases dominicales para aprender el evangelio y se separan por edad y sexo para gestionar diferentes agrupaciones. La mujeres se reúnen en la sociedad de socorro, uno de los colectivos femeninos más antiguos del mundo. Los hombres aprenden el sacerdocio, que les permite ocupar cargos exclusivamente masculinos, como obispo o consejero, «que rotamos aleatoriamente cada cinco años». Todos los miembros han de aportar el diezmo -un diez por ciento de sus ingresos- y el ayuno mensual -cálculo de lo que gastarían en comida durante un día-, con los que mantienen la Iglesia y ayudan a los miembros necesitados de su confesión. Aquellos a los que le preocupa su ascendencia, disponen de un templo en Madrid donde bautizar o unir en matrimonio a familiares que murieron en siglos pasados, antes de que su fundador, José Smith, hablara del susurro profético del ángel Moroni, allá por el año 1830.

Mezquita Assalam (Musulmanes) Piel con piel, la oración silenciosa y comunitaria
Musulmanes escuchan al imán en la mezquita de Santutxu. / J. Alemany

Cada día, entre el amanecer y el ocaso, Mustapha Belal se arrodilla cinco veces en dirección a la Meca. Es profesor de árabe en la Escuela de Idiomas y acude a la mezquita Assalam de Santutxu. Los días normales apenas van una decena de personas, pero los viernes se congregan hasta 400 creyentes, de los que 200 son vascos conversos. Asisten al rezo de Dohr, una oración multitudinaria que se practica al mediodía. «Es una jornada de unión. Ya seas pobre o millonario, cuando rezas junto a otro hermano desaparecen las diferencias». La única separación es la de las mujeres y los niños, que oran en una sala separada.

Para poder entrar en la mezquita hace falta descalzarse y limpiarse doblemente, siguiendo el Janaba, que aconseja una ducha en caso de haber mantenido relaciones sexuales, y el Uduo, un ritual de indicaciones precisas con las que se lavan diferentes partes de cuerpo entre grifos y azulejos. Aún chorreantes, los musulmanes buscan un sitio en el suelo tapizado de la mezquita. Se apelotonan sentados y rezan juntos, hombro con hombro, pie con pie, piel con piel. Necesitan ese vínculo carnal, esa materialización de la unión. Y el silencio. Nadie habla. Leen el Corán, rezan y escuchan al imán. «Hermanos, los sabios son los herederos de los profetas. Estos no legaron dinero como herencia, sino sabiduría. La búsqueda de conocimiento es obligatoria para todo musulmán», declama el guía espiritual desde su mimbar. La mezquita Assalam siempre permanece abierta, desde la primera oración a las cinco de la mañana hasta la última, a medianoche.

Hand Of God Evangélicos africanos Cuando la fe es bailar, cantar y reírse a carcajadas
Miembros de la iglesia Hand of God rezan durante el largo servicio dominical, en el que predican diferentes pastores. / Fernando Gómez

Más de cien creyentes africanos acuden cada domingo a la iglesia evangélica Hand of God ataviados con chupas amarillas, prendas azul eléctrico, turbantes esmeralda, fulares ocres, camisas de lino beis y rastas púrpuras. El local se encuentra en un edificio industrial de Basurto desde 2001 y acoge a una comunidad de clase humilde. David Nosa nos atiende en un despacho antes de que comience el rito. Es el presidente y líder de este grupo religioso y se hace llamar apóstol David. Mientras su ayudante trata de colocarle una pajarita roja, el pastor gesticula sobre el don de la música. «Cuando cantamos no hacemos canciones, estamos rezando. Honramos a Dios. Para nosotros la fe es un estado de alegría». Su lengua materna es el Edo, idioma originario de Nigeria, pero predica en inglés para que le entiendan aquellos que vienen de otros países africanos.

«Somebody shout Hallelujah!», exclama Blessing, la coordinadora de la juventud, durante el servicio. Y el público responde con un ‘hallelujah’ ovacional. Recitan poemas, dramatizan escenas cotidianas con moraleja y hasta participan en un concurso por equipos de preguntas bíblicas. Se descalzan y pisan el calendario de julio en un ritual para invocar bendiciones. Bailan, cantan y se ríen. Sorprende eso, que ríen a carcajadas. Cuando el apóstol David entra en escena el ambiente se transforma. Predica rápido, con una voz raspada que a veces recuerda al bluesman Screamin Jay Hawkins. Sus fieles entran en un trance de palmas, oraciones y aleluyas. «Oh, jisus, oh, jisus, oh, jisus».

Reuniones Bahá’i (Fe de origen iraní) La búsqueda individual de los ciudadanos sin patria
Los bahá’i de Bilbao no tienen templo, por lo que se reúnen en sus casas. / Fernando Gómez

Para la fe Bahà’i, el mundo es un solo país y la humanidad son sus ciudadanos. A pesar de ser una de las religiones más extendidas geográficamente, repudian el proselitismo y la evangelización. Bizkaia alberga a unos 50 creyentes, que este año celebran el bicentenario del nacimiento de su profeta, Bahá’u’lláh, un iraní que sufrió encarcelamientos y vivió un largo exilio por oriente.

«No fomentamos la idea del pecado, damos consejos amorosos», explica Fran Escudero, un bilbaíno que trabaja en una agencia de comunicación. Orar una vez al día, asegurar la igualdad, la educación universal, apoyar los avances científicos, no beber alcohol, no tomar drogas, no portar armas... «Entendemos que la fe es una búsqueda individual entre una persona y Dios. Solo uno mismo es responsable de sus actos», explica Fran. No disponen de ningún templo en Bizkaia, por lo que celebran sus reuniones devocionales en casas de amigos, donde rezan oraciones del profeta e invitan a creyentes de otras religiones a unirse a ellos.

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