Noria va

Comienza el derribo del parque de atracciones

Noria va
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Ya vamos consiguiendo que ir al cine a ver la última de Woody Allen sea algo sucio y amoral, como ir a los fumaderos de opio del barrio chino o a la plaza cuando torea Roca Rey. Luego ‘Wonder Wheel’ te parece regular y te preguntas si, en tu carrera hacia la ignominia, habrá merecido la pena pasar la tarde en el cine en lugar de haberte apuntado a una misa satánica o a una parrillada antropófaga en la que solo se sirviese carne de vegano.

Tampoco es fácil acertar cuando la época te sitúa del lado del Maldoror de Lautréamont, acuérdense, que se dejaba crecer las uñas para hacer más daño a los bebés que acariciaba. Pero luego piensas que hay que ver lo bonito que saca Woody Allen el parque de atracciones de Coney Island, años cincuenta, con sus luces, su inocencia perversa y sus perritos de Nathan’s. La diferencia entre un parque de atracciones y un parque temático es que nadie en su sano juicio tiene ganas de pasear una noche de verano por un parque temático. Nosotros tuvimos un parque de atracciones que atesoraba la inocencia suficiente para posibilitar el encanto. O al menos así lo recuerdo yo. Aunque reconozco que tampoco entraba al parque de Artxanda en busca del encanto, sino en busca más bien del ‘Enterprise’. No vuelven a necesitarse las emociones fuertes como cuando se tienen diez años.

Ahora la Diputación va a comenzar a derribar el parque de atracciones. Es un desastre sentimental largamente esperado. El parque lleva cerrado desde febrero de 1990 y se había convertido en la peor clase de ruina, que es aquella que, además de melancolía, genera gastos. En estos años se han escuchado algunas propuestas de reinvención, pero nada demasiado serio. El mes pasado estudiantes de Turismo se dirigieron al Gobierno vasco y a la Diputación para que se resucitasen aquellas instalaciones. No se les hizo ni caso, pero nadie podrá negarles que llevaban razón en algo: es hoy, y no en 1974, cuando el ocio y el turismo tienen importancia en Bizkaia.

Lo que queda del parque de atracciones de Artxanda se derribará a lo largo de este año. Cuando eso ocurra, el parque solo sobrevivirá en la memoria de quienes lo conocimos. La ventaja es que la añoranza estiliza mucho. Llegaremos a recordarlo todo como Coney Island, pero en la ladera de un monte.

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