El último oso del Gorbea yace en Orozko

Los osos eran una especie común en el Gorbea. /LEIRE PÉREZ
Los osos eran una especie común en el Gorbea. / LEIRE PÉREZ

El museo de la localidad guarda en su segunda planta el esqueleto del último ejemplar rescatado en Itxina

LEIRE PÉREZ OROZKO.

Un esqueleto de oso pardo de 1,60 metros, a tamaño real, sorprende a quienes se acercan de excursión a Orozko y se adentran en el museo y oficina de turismo de la localidad. Ubicado en la segunda planta del edificio de la plaza Zubiaur tiene la misión de recordar que el Parque Natural del Gorbea también fue el hogar de mamíferos de gran tamaño, pero que como en otros puntos de la península, sufrieron la persecución del hombre y fueron abatidos sin el más mínimo miramiento. Los huesos corresponden a un macho, que falleció al parecer a causa de un traumatismo provocado por una caída a la cima en la zona de Atxerre, en el macizo de Itxina, explican desde el museo local. A nada menos que sesenta metros de profundidad lo encontró en 1997 el grupo de actividades de espeleológicas de Bilbao, GAES, aunque no fue hasta dos años después cuando se levantó el cadáver y se extrajo cuidadosamente pieza a pieza.

El próximo año además se cumplirán casi doscientos años de que se cazase el último ejemplar que recorría las frondosas campas y atemorizaba al ganado en la antesala del parque natural. Según cuentan los registros de la época, precisamente fue un grupo de vecinos de Orozko quien abatió al animal.

Recompensa

A cambio de lo que entonces era una verdadera hazaña recibieron una «recompensa de 600 reales», y otros 36 fueron pagados por parte del Ayuntamiento de Zuia a Prudencio de Larrazabal, un residente que se pasó varias noches en vela persiguiendo al ejemplar, pero que no logró acabar con él. Y es que en aquel tiempo desde los propios municipios y sus instituciones se alentaba a dar muerte a lo que consideraban una «alimaña» que acechaba a los rebaños, recuerda el historiador Juanjo Hidalgo. La zona es un autentico tesoro paleontológico, un cementerio de animales de las cavernas, que se ha ido conformando por falta de fondos y lugar al que trasladar los restos.

Porque a pesar de estar a un paso del Gran Bilbao, razón por la que a veces incluso resulta desconocido para el gran público, la vasta área limítrofe con Álava fue hace más de «10.000 millones de años» lugar de cobijo de ejemplares como «leones, panteras, rinocerontes, hienas, linces... Animales de grandes dimensiones, mayores que los que hoy conocemos en África y que desaparecieron con el cambio climático», comenta Hidalgo.

Sus restos se encuentran en algunos casos en el interior de las miles de grutas que existen. Allí, fallecieron muchos de ellos al no superar los períodos de invernación. «Es difícil extraerlos, algunas cuevas son difícilmente accesibles, habría que preparar expediciones y para que luego no se sepa qué hacer con los huesos es mejor que estén allí, en su hábitat, a una atmósfera adecuada y donde se conservan más adecuadamente», recuerda el experto.

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