«Hay personas que se creen más dependientes de lo que son, y en Bizipoz se dan cuenta»

Con el taller de ritmo y movimiento se mantienen más ágiles. / FERNANDO GÓMEZ
Con el taller de ritmo y movimiento se mantienen más ágiles. / FERNANDO GÓMEZ

El Centro de Promoción de la Autonomía Personal de Etxebarri supera el medio año de vida con más de doscientos usuarios atendidos

LEIRE PÉREZ ETXEBARRI.

«Hace cinco años mi marido enfermó de alzhéimer, me dediqué a cuidarlo y, cuando falleció, me quedé sin apoyo, sin saber a dónde ir. Al abrir Bizipoz Nerbioi mis hijas me dijeron que por qué no me acercaba, y ahora estoy muy contenta». La que habla es Pepita, una de las usuarias del Centro de Promoción de la Autonomía Personal de Etxebarri, inaugurado en julio por la Diputación.

Soledad, tristeza por distintos motivos, achaques de la edad como pérdida de memoria y falta de movilidad por una caída son muchas de las causas que llevan a las personas a requerir ayuda. Y, una vez superado el primer escollo, el resultado es más que satisfactorio. La alegría se palpa en los ojos de las más de doscientas personas que acuden a la docena de actividades que se ofrecen. Desde entrenar la memoria hasta psicomotricidad, risoterapia, relajación, ritmo y movimiento, nuevas tecnologías, un espacio cultural e incluso paseos. Un equipo de profesionales es el encargado de hacer una valoración y considerar las necesidades de cada persona. «Aquí no se puede venir a apuntarse a un curso con las amigas, para eso hay otros recursos», señala la responsable, Nerea Acha.

238 personas acuden al centro
El 70% son atendidas en el servicio de intervención psicológica y el resto en el de fisioterapia.

A caballo entre las residencias y centros de día de toda la vida y los hogares de jubilados, ha sido diseñado con esmero para resultar atractivo a los mayores -el 85% mujeres- que asisten a las diferentes clases. Y, aunque situado en Etxebarri, atiende a personas de toda la comarca. María Jesús, Marina y Mari Tere son tres de las usuarias que acuden un día a la semana a la clase de ritmo. Superan la barrera de los 75 años, pero eso no las impide tener ilusión y ganas de moverse. «Estoy deseando venir, hace tiempo iba a gimnasia, pero me entró neumonía y estuve un tiempo sin salir de casa», relata María Jesús. A Mari Tere, por su parte, le encanta «bailar». «Fueron mis nietos los que, tras ver otros sitios, me dijeron que viniese aquí», comenta.

Los responsables del innovador centro afirman que «a corto plazo» ya se ven sus beneficios

Piedad, Basilia, Isabel y Begoña, mientras tanto, entrenan la mente. Juegan con monedas, a las tabas y hasta recuerdan que les faltan las canicas. «¡Concho!, estoy como Dios. Esta señora es majísima», apunta Isabel a sus 89 años refiriéndose a la profesional que les atiende. «A mí lo que más me gusta es el cálculo»», añade Piedad. «Se nota mucho la diferencia a medida que van viniendo. Cuando ya llevan unos días incluso se van algunos juntos y les escuchamos cómo quedan para ir por la tarde a los jubilados. A corto plazo el resultado está siendo muy positivo», asegura Nerea García, dinamizadora.

Lograr el objetivo de retrasar al máximo los efectos de cumplir años no es una quimera. En este centro atienden a aquellos que sienten los primeros síntomas. «Con la edad lo ideal es que, promocionando una serie de hábitos saludables, podamos conseguir ser menos dependientes de los servicios y la familia», asegura Acha. Y no duda en apuntar que «hay personas que se creen más dependientes de lo que realmente son, y aquí se dan cuenta».

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