El motor de Edesa y Firestone

Arantza Ancizar desgranó la lucha de las trabajadoras de Galdakao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Arantza Ancizar desgranó la lucha de las trabajadoras de Galdakao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Las Jornadas de Igualdad de Galdakao repasaron ayer la importancia de la mujer en la historia de las fábricas de la comarca

ASIER ANDUEZA GALDAKAO.

«A mí me volvéis a coger, porque tengo que dar de comer a mis hijos». Así de clara se manifestó durante el franquismo Araceli Parra, una trabajadora de Edesa. Y es que hasta 1961 los maridos de las mujeres maltratadas, como es este caso, podían pedir «la cuenta» (el despido) de sus parejas cuando se separaban. Esta y otras vivencias de las mujeres durante la posguerra las explicó ayer la educadora social y antropóloga Arantza Ancizar, autora de la investigación 'Voces femeninas tras la sirena de la fábrica'. Participó en la décimo tercera edición de las Jornadas de Igualdad, organizadas por el Ayuntamiento de Galdakao.

Y es que las vecinas del municipio tuvieron un importante peso en la plantilla de fábricas cercanas a la localidad como Firestone, en las que «realizaban los mismos trabajos que los hombres, pero cobraban un 40% menos», explicó la antropóloga. Después de la Guerra Civil, la población tuvo que adaptarse rápidamente a los cambios que supuso el golpe militar en un momento en el que la economía estaba en la más absoluta miseria. Al hombre se le asignó la manutención de la familia, mientras a la mujer se la expulsó del empleo formal, pasando a desempeñar el papel de madre y esposa. Esta situación las obligó a emplearse en la economía sumergida, ya que, sin su trabajo, la familia no podía sobrevivir.

«La mayoría de las trabajadoras eran jóvenes o estaban solteras porque, cuando se casaban, se les rescindían sus contratos para que desempeñaran los trabajos del hogar. Muchas de ellas tampoco podían contar con ninguna ayuda porque trabajaron menos de cinco años», detalló. Asimismo, recordó que en la posguerra perdieron derechos como el de poder votar, casarse de forma civil y el reconocimiento a los hijos nacidos fuera del matrimonio. «La república no consiguió desarrollarlos porque tuvo poco tiempo, pero el régimen los destruyó completamente», denunció Ancizar.

Despidos en los 8

Durante la ponencia de ayer se analizó la situación de las mujeres en las fábricas durante cuatro etapas. Entre los años 40 y los 50, muchas s deplazaron del campo atraídas por la industria, desde dentro y fuera de Euskadi, y las factorías cercanas se llenaron de trabajadoras. La Basconia de Basauri llegó a contar con 3.500 obreros, la mitad de ellos mujeres. Luego, tras la muerte de Franco, se empezó a presentar a la mujer como el centro el consumismo.

Tras esa década, en los 70, el sindicalismo cogió forma y dio paso a los 80, con la crisis económica e industrial. Entre los testimonios que recoge el trabajo de Ancizar se mostró el del sindicalista Goio Hernando, que trabajó en ambas compañías, quien dijo que «los problemas» para las empleadas «llegaron con la crisis y los despidos, porque yo hasta entonces no vi que los compañeros hombres hicieran ninguna distinción con las mujeres». Seguramente esto ocurría porque, como explicó la experta, antes «el trabajo abundaba e incluso te lo ofrecían por la calle», pero, cuando la situación empeoró, «no estaba bien visto despedir a un hombre y mantener a una mujer».

También señaló Ancizar que fue un logro social a favor de las mujeres ganar en 1965 un juicio por una demanda colectiva interpuesta por empleadas de la comarca contra Firestone por discriminación salarial, un litigio que sentaba sus bases en una ley de 1961 que decía que, a igual salario, igual sueldo. En ese sentido, aportó los recuerdos de la histórica sindicalista Marian Verde, quien aseguró que les amenazaron con que «en esta empresa no iban a volver a contratar a mujeres».

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