La magia de Oriente impregna Basauri

Los txikis no pudieron ocultar sus nervios./
Los txikis no pudieron ocultar sus nervios.

Los organizadores de la Cabalgata suspendieron las paradas intermedias de un recorrido regado por la lluvia y también con litros de ilusión

LEIRE PÉREZ BASAURI.

Para los más bajitos de Bizkaia, ayer fue un día más que señalado, de esos que resisten en la memoria el paso del tiempo. Era 5 de enero y tras atravesar infranqueables desiertos de las mil y una noches, Sus Majestades de Oriente se dieron un refrescante baño de masas en Basauri, un municipio en el que se les ama y aclama y que conquistaron con su ejército de cuento por unas horas. Vinieron los Reyes Magos, como su propio nombre indica, cargados de magia. Y de esperanza. El día comenzó muy temprano para Sus Majestades. El trajín de última hora para depositar los regalos en cada una de las casas de sus 40.000 habitantes arrancó con la tradicional recepción de Gaspar, Melchor y Baltasar en el Social Antzokia. El teatro registró intensas colas desde las once de la mañana y se mantuvo abarrotado hasta instantes antes de que se cerrasen sus puertas pasada la una y media de la tarde. Les quedó tiempo justo para comer y poco más. Nada de siesta.

Los Reyes se acicalaron, se vistieron con sus mejores galas y para las seis de la tarde ya estaban montados en las carrozas reales. Desde sus sillas contemplaban los centenares de basauritarras que esperaban a lo largo del recorrido. En todo momento estuvieron arropados por sus pajes y custodiados por un séquito de personas que iluminaron con antorchas las tres carrozas.

Mayores y pequeños se agolpaban en cada una de las dos aceras. Los ojos de los más pequeños reflejaban el brillo la ilusión, entremezclaba eso sí, con sentimientos de desasosiego, temerosos quizá por no haber cumplido las expectativas de Sus Majestades . «Atrás, que vienen los Reyes» se escuchaba en los Miradores, uno de los lugares más cotizados ante la previsión de lluvia.

Precisamente, con el fin de evitar que los chubascos arruinasen el recorrido, el organizador del evento, la federación de cuadrillas 'Herriko Taldeak' optó por suspender las paradas previstas en Begoñako Andra Mari y Antonio Fernández -en las que tradicionalmente los de Oriente saludan a sus seguidores más jóvenes- y únicamente mantuvo la de Arizgoiti. Fue una decisión acertada, porque a diez minutos para que el reloj marcase las siete de la tarde y cuando las carrozas abandonaban la calle Nafarroa para tomar Lehendakari Aguirre comenzó a llover de lo lindo. Por suerte para los más pequeños, ya habían podido disfrutar de gran parte de la kalejira. No obstante, la sombra de los nubarrones no impidió que se repartiesen miles de caramelos. Algunos volaban por las cabezas de los más pequeños, aunque también los ayudantes de los Reyes y las más de 200 personas que conformaron la comitiva se acercaron al público y dieron en mano las chuches. «¡Qué bien, cuántas nos han dado!», comentaba un grupo de pequeños.

El burro que no estuvo

El desfile lo inauguró una gigantesca estrella hinchable y un belén viviente con Jesús como protagonista. Este año no participó el habitual burro, en un municipio donde la presencia de animales en este tipo de eventos -como en el Olentzero- está generando polémica en los últimos tiempos. Precisamente, los colectivos animalistas están solicitando de manera constante su retirada de estos espectáculos. Sin embargo, la decisión no pareció quitarle brillo al evento. La Cabalgata fue intensa. Alrededor de doscientas personas, desde pastores hasta todo tipo de personajes del mundo rural acompañaron durante el recorrido a Melchor, Gaspar y Baltasar. Las carrozas hacían las delicias de los niños, que animaban y exigían dulces a medida que veían la cabeza de dragón y el payaso con el que habían decorado las carrozas.

A su lado, los hermanos Jon Ander e Ibon y su amigo Aratz, todos ellos alumnos de la ikastola Lauaxeta, se alegraban de lo «simpático» que había estado Gaspar. «Nos ha saludado y todo», exclamaban con un respingo. Los pequeños estuvieron acompañados por sus madres Itziar y Nerea, que les escucharon enumerar los regalos que esperaban encontrar debajo del árbol. Jon Ander, el mayor, aprovechó para pedir «herramientas»; su hermano prefirió aprovechar la ocasión para imaginarse con unas «botas y una sudadera rosa»; mientras que su colega de ikastola optó por dejar los presentes a elección de Sus Majestades.

A unos pocos metros, Ane se llenaba los bolsillos de caramelos. «Gaspar ha sido muy majo», aseguró mientras confiaba que su buena conducta durante todo el año se traduciría en unas «muñecas de Shimmer y Shine», las protagonistas de una de las últimas tendencias en dibujos para niños. Otros como Galder y su hermana Iare no mostraban miedo a la hora de abalanzase a por los dulces y se agachaban para recoger los que quedaban por el suelo sin pisar. «Así se entretienen», se resignaba su padre. Tras la dura jornada, los Reyes emprendieron su regreso a esa cuna de leyendas que es Oriente, cerrando la Navidad con una promesa, la de regresar el próximo año para colmar de felicidad a los verdaderos reyes de la casa.

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