La jubilación del párroco deja sin misa cada domingo a los vecinos de Orozko

Beperet oficiará su última misa el día San Juan tras toda una vida en el municipio. / FERNANDO GÓMEZ
Beperet oficiará su última misa el día San Juan tras toda una vida en el municipio. / FERNANDO GÓMEZ

José Luis Beperet se va «con pena» tras casi 49 años en la localidad, lo que obligará a que haya celebraciones oficiadas por seglares ante la falta de curas en la zona

LEIRE PÉREZ OROZKO.

Nacido en el barrio bilbaíno de Solokoetxe, José Luis Beperet será el último cura de Orozko. Cuando cuelgue el hábito el próximo 24 de junio, día de San Juan, desaparecerá esta figura de una localidad que ha visto cómo en las últimas décadas se ha ido reduciendo sustancialmente la presencia de este oficio. «Cuando llegué hace 48 años y 8 meses éramos cuatro y les parecía poco; anteriormente habían llegado a estar siete», echa la vista atrás Beperet.

Su jubilación obligará a hacer algunos cambios. Ya no habrá misa todos los domingos, se realizará una celebración sin sacerdote que, aunque servirá de festividad a los católicos de la localidad, no incluirá una parte importante de la ceremonia como es la consagración. Los encargados de impartir el nuevo ritual serán un grupo de seglares y un diácono que ya trabajan en esta unidad pastoral. También atenderán la iglesia de Orozko dos párrocos que se turnarán para oficiar alguna misa de vez en cuando, puesto que son asimismo los responsables de las iglesias de Zaratamo, Arrigorriaga, Ugao-Miraballes, Zeberio, Arrakundiaga-Zollo, Arakaldo y San Miguel de Basauri, una amplia extensión de terreno que les obligará a hacer encaje de bolillos. «Esta unidad ha funcionado muy bien en los últimos años con este mismo grupo de personas», se alegra Beperet.

Para que ningún fiel se preocupe, recuerda que en los primeros años del Cristianismo ya existían estas celebraciones de domingo. «Como no había curas ante la cantidad de grupos que fueron naciendo, se organizaban este tipo de reuniones», tranquiliza. Mientras aclara la situación que deja su marcha, no puede evitar emocionarse por lo que ha sido «toda una vida» al servicio de sus feligreses. «El día de San Juan aprovecharé para decirles 'agur' y 'eskerrik asko'. Celebraremos un lunch», avanza. Se despedirá del pueblo y de las cinco parroquias activas que lo conforman aprovechando la fiesta del santo que honra la iglesia de Zubiaur. «Si estamos en condiciones de salud, permanecemos en nuestro puesto hasta los 75 años. Yo los cumplí en marzo, pero no me parecía lo más apropiado jubilarme entonces y decidí acabar el curso», recuerda.

Jefe de obra

De apariencia menuda, acoge en su interior un gran corazón. «Cuanto más humano seas, eres mejor cristiano», resalta mientras evoca al Papa. Y ese mantra lo ha intentado cumplir durante su paso por Orozko. Reconoce que, con la jubilación, se «libera de la presión» del que ha sido su oficio «con pena». «Han sido mil cosas, los problemas típicos de las familias y de los distintos barrios», explica. A renglón seguido da «gracias a Dios» por la misión que le encomendó. «Aquí aprendí hasta euskera; cuando llegué no era capaz de decir más de dos palabras», comenta.

No fue el único conocimiento que adquirió. Llegado de la capital vizcaína, tuvo que amoldarse a la gente, aprender a empatizar con sus problemas. No le costó en exceso y no dudó en echar un cable a sus vecinos cuando lo necesitaron. Ayudó, por ejemplo, a dar clases de euskera cuando no había profesores. «Me pidieron el favor y estuve cuatro años a jornada completa», rememora. El dinero lo donaba al Obispado.

En otra ocasión, también formó parte de la dirección de la obra de una calle. «La gente confiaba en mí, nadie lo arreglaba y tuve que ir yo a comprar el material. Durante todos estos años he intentado prestar un servicio humano», dice.

Y, aunque volverá algún día de visita, deja el camino libre a sus sucesores. «Si te retiras, te retiras. Como en cualquier trabajo, si el que se jubila vuelve termina convirtiéndose en un garbanzo en el zapato. Dará pena, pero hay que dejar a los demás hacer», subraya contundente. No descarta ya en su Bilbao natal vincularse a alguna actividad parroquial, si bien de forma suave, «no para coger otra vez presión».

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