La cuadrilla Zigorrak recupera en Normandía la cabeza de la Eskarabillera

Reencuentro de la Eskarabillera con Zigorrak. / ZIGORRAK
Reencuentro de la Eskarabillera con Zigorrak. / ZIGORRAK

El busto apareció en enero, y desde entonces preparaban el viaje para traer de nuevo a Basauri la figura de las fiestas

LEIRE PÉREZ BASAURI.

Más de 1.800 kilómetros entre ir y volver. Sin embargo, la cuadrilla Zigorrak no se ha dejado amedrentar por la distancia que les separaba de rescatar la cabeza de la Eskarabillera -apareció a comienzos de año en Normandía, en la localidad de Caen- y este domingo regresaron a Basauri con el busto entre sus manos. Ahora Herriko Taldeak ha enviado el símbolo festivo al taller para ver si se puede arreglar el golpetazo que se dio al aterrizar y que le ha dejado la frente hecha añicos. Y es que el último día de las fiestas, en octubre, la soltaron atada a decenas de globos de helio.

Las doce horas de viaje que tuvieron que sufrir, tanto de ida como de vuelta, para poder cumplir con su promesa y traer a los basauritarras su muñeca favorita no les hicieron perder la sonrisa.

Treinta personas, integrantes de la cuadrilla, pusieron el jueves rumbo a Francia. Hicieron el viaje finalmente en varias furgonetas y después de estar toda la noche conduciendo consiguieron llegar a su destino el viernes a la mañana. Hasta el sábado no habían quedado en recoger la figura, así que su primera parada fue Monte Saint-Michel, impresionante isla ubicada frente a la costa de la región gala a la que se desplazaron. La belleza del lugar, en todo caso, no les cegó en su propósito y, un día después, se acercaron a Caen, el pueblo de Audrey Goulley, la mujer que halló la cabeza colgada de un árbol. «Ha sido muy emocionante. Nos colocó carteles para que encontrásemos de forma fácil su casa», explicaron ayer algunos de los asistentes.

Regalos y recuerdos

La jornada tardará en olvidarse, sobre todo por el recibimiento que tuvieron los de Zigorrak. La buena sintonía fue por las dos partes, ya que los integrantes de la cuadrilla, vestidos de aldeanos, accedieron al pueblo cargados de regalos. «Hemos llevado comida de aquí, un escudo, pañuelos de fiestas, una teja, un cuadro y 200 euros», comentaron. Todo ello se hizo entrega después de bailar un aurresku en el reencuentro. Una vez se cumplieron las primeras formalidades, entraron en la casa de Goulley. «Todavía tenía algún globo», aseguraron.

El evento fue emotivo para las dos partes. Goulley también quiso que los basauritarras se trajesen un recuerdo y les entregó, además de comida típica de la zona, un libro de la historia de Normandía. «Ha sido muy emocionante. La hemos invitado a ella y a su familia a que vengan a las fiestas», apuntaron.

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